14 de octubre 2004 - 00:00

Tres preocupaciones de la oferta de energía

Hoy los precios del petróleo vuelan y parece que no deberían existir problemas a futuro en la oferta energética de la Argentina. Al mismo tiempo, especialistas de distinta vertiente coinciden en que la Argentina va camino a revertir su posición neta como exportador de energía.

Yendo a las exportaciones totales y mirando las series históricas, se ve que durante los años '90 y a pesar de opiniones parciales, la Argentina tuvo en general un crecimiento exportador muy interesante y francamente superior al exhibido durante los años '80, que fue precisamente una época de tipo de cambio «alto».

Es sabido para los macroeconometristas que no hay forma fácil de «explicar» las exportaciones con variables macro convencionales tales como el producto y el tipo de cambio. Y que otras variables menos observables y medibles tales como la productividad y la competitividad relativa son las que verdaderamente están detrás de la tendencia o los saltos en las exportaciones.

En valor corriente las exportaciones de la Argentina pasaron de algo más de 12 mil millones de dólares en 1990 a 26 mil millones en 2000 y desde 2003 han perforado los 30 mil millones. Dentro de este desempeño el sector energético en su conjunto hizo un aporte nada desdeñable. Las exportaciones de combustibles se multiplicaron por 5, pasando de 7% a casi 20% del total exportado por la Argentina. Estamos hablando de más de 5 mil millones de dólares.

A lo largo de una década los combustibles explican alrededor de 28% del crecimiento en el valor de las exportaciones.

•Cambios

Recientemente han ocurrido cambios que presagian un giro en esta perspectiva. La crisis energética, acompañada por la respuesta oficial a la misma y que se basa en una actitud hostil a la inversión privada, ponen en cuestionamiento que se pueda extrapolar la tendencia vista en los '90. ¿O acaso los '90 fueron un episodio en el que la Argentina disfrutó de una burbuja energética, con abundancia de petróleo y gas que no puede extrapolarse? Si esta última pregunta se contestara afirmativamente entonces ello obligaría a revisar el argumento del salto exportador de los '90. Me temo que, dada la moda actual, varios lectores se van a prender de esta hipótesis. Pero mejor miremos hacia adelante.

El nexo contractual, que tantas veces se ignora en la Argentina o se difama con el argumento de que se trata de una defensa evangélica de los derechos de propiedad, es el que va a terminar sumandoo restando para que la oferta de energía se haga más «elástica». El ejemplo del sector minero en la Argentina es paradigmático al respecto: un país se « descubre» a si mismo de repente como una potencia minera. ¿Ocurrió alguna revolución geológica o tecnológica? Más bien la revolución fue de tipo contractual. Antes no había incentivos económicos.

El otro punto es el rol de las distorsiones de precios y el crecimiento de la demanda interna. Este es un clásico de las crisis energéticas que alimenta crecimientos desmedidos de la demanda y que en este caso deprimen aún más los saldos exportables. Si regalamos la energía internamente vamos a tener mucha demanda, poca oferta y vamos a dejar de ser exportadores para pasar a importar. El año 2003 es una muestra pequeña de esta reversión.

Más allá de las explicaciones que desde diferentes perspectivas puedan imponerse o colaborar entre sí, el mensaje de este artículo es triple. El primero es de tipo descriptivo: la observación de que si dejamos de ser un país exportador de energía se evapora una contribución sustancial a la oferta de bienes transables que tiene la Argentina. ¿Nos dimos cuenta? Me parece que no. Al menos al nivel del debate y discurso general de la Argentina.

El segundo mensaje es el relativo a la conexión microeconómica del problema. Estamos deteriorando los incentivos para que el problema se resuelva. Si no cambiamos a tiempo vamos a hacernos un daño que puede no ser irreversible pero que va a costar mucho revertir.

El tercer mensaje es todavía más preocupante porque se refiere a las consecuencias macroeconómicas de contraer la oferta energética y la oferta de exportaciones. Este efecto no es discutible u opinable por razones geológicas o tecnológicas. En este terreno los economistas tenemos el monopolio del análisis. Una contracción de la oferta de bienes transables es mala para cualquier economía. Pero lo es particularmente para una economía endeudada externamente y que tiene que «producir» dólares para sostener una cuenta corriente del balance de pagos en terreno no negativo.

(*) Economista jefe de FIEL

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