5 de febrero 2001 - 00:00

Albañiles providenciales: De la Rúa evita el Congreso

El gobierno no da señales de convocar al Congreso a sesiones extraordinarias para este mes. Desde el pasado 22 de diciembre los legisladores están de vacaciones -se argumentó el orden interno que hacía falta en el Palacio-y todo hace presumir que seguirán hasta el próximo 1 de marzo, día en que se inician las sesiones ordinarias. Para Fernando de la Rúa la situación es cómoda. El Ejecutivo no necesita hoy ninguna ley con urgencia. Por el contrario, mantener abierto el Congreso le significa habilitar una fuente continua de protestas. Así la convocatoria a sesiones no sólo es reclamada por el peronismo sino también por los sindicalistas, que quieren precalentar motores ante la movilización anunciada para el 1 de marzo a la plaza Congreso. Tampoco le sirve hoy a De la Rúa permitir que se reúnan los diputados que, aunque podrían sólo aprobar los temas que encomiende el Presidente, utilizarán el recinto para protestar contra los recientes decretos. Para justificar la demora, desde el gobierno se siguen alegando los cambios edilicios en Diputados, y el nuevo y ambicioso sistema de votación con identificación de huellas dactilares para los legisladores.

La oposición comenzará esta semana una protesta formal para que Fernando de la Rúa convoque a sesiones extraordinarias y así el Congreso vuelva a sesionar después del larguísimo receso veraniego que comenzó el pasado 22 de diciembre. Ese día terminó el período de sesiones extraordinarias cuando el Congreso debate sólo los temas pedidos por el presidente de la Nacióny desde ese momento ningún funcionario del gobierno dio señales de querer ver funcionamiento en el Parlamento.

En medio de todo esto está el miedo oficial a abrir la Plaza Congreso como centro de manifestaciones sindicales, todas previas al paro nacional con movilización al Congreso convocado para el 1 de marzo. De todas formas, aunque en soledad, el Palacio ya recibió la visita de una manifestación organizada por Raúl Castells, de la Corriente Clasista y Combativa, como precalentamiento a los movimientos que se esperan para marzo. Ya la semana pasada el peronista Humberto Roggero envió dos cartas, a De la Rúa y Chrystian Colombo, pidiendo la convocatoria a sesionar. Pero hasta ahora no tuvo respuestas.

Para el Ejecutivo el silencio del Congreso es más que cómodo, se ahorra un centro generador de conflictos, sobre todo después de los decretos firmados por De la Rúa y los que se conocerán esta semana. Lo cierto es que, además de estas razones, hoy el gobierno no tiene ningún tema en cartera que le exija la intervención parlamentaria. Por lo tanto cualquier movimiento allí es superfluo para sus intereses.

Nadie recuerda en el Congreso un año en que se hubiera cerrado el trabajo parlamentario por tanto tiempo y sin esperanza, por ahora, de una convocatoria a extraordinarias para febrero. Y mucho menos que se hayan cerrado las instalaciones desde el 22 de diciembre pasado apelando a una conjunción de reformas en los edificios y receso de verano.

La semana pasada Rafael Pascual hizo un primer intento por descomprimir la situación. Quitó de las puertas del edificio Anexo las franjas de seguridad que decían, con tono bastante antipático por ser el Congreso, «Cerrado al público». Con eso se regularizó la situación de los empleados que pudieron ingresar a trabajar, habida cuenta que desde el 1 de febrero pasado terminó el receso de verano.

Desde el punto de vista edilicio, la actividad en Diputados no dependerá sólo de la convocatoria presidencial a sesionar sino de que se terminen a tiempo las refacciones que comenzaron a principios de enero en todos los ámbitos de la Cámara. Ayer Rafael Pascual prometió que en 10 días esos trabajos estarán terminados. Por lo tanto la cuestión volvería nuevamente al plano político.

Votación

Sin duda el cambio más costoso, aunque hasta ahora el menos polémico, es el que se está haciendo en el recinto de sesiones. Allí se cambió el sistema de votación, la computadora que procesa los votos, los paneles y el registro de diputados presentes que sirve para contar el quórum.

Hasta ahora se ha instalado todo el cableado nuevo, que incluye sofisticaciones que hasta ahora sólo estaban reservadas a Congresos de países más desarrollados. Uno de los puntos más complicados del cableado fue la instalación de una fibra óptica con llegada a cada banca. Por allí los diputados podrán acceder a Internet por lo tanto el sistema también contempla la instalación de enchufes para notebook en cada asientoy a la red interna de información de Diputados.

Pero sin duda la novedad más rutilante estará en el sistema de identificación personal para las votaciones nominales. Hasta ahora los diputados pueden ser identificados en el momento de su voto cuando el presidente del cuerpo, a pedido de algún legislador, ordena una votación nominal. En ese momento cada diputado introduce una llave en la ranura de cualquier banca y su nombre queda identificado en la vieja computadora del secretario parlamentario. No hay que aclarar que los contactos de las llaves fallan continuamente y muchas veces deben rectificarse las votaciones.

Todo ese pasado quedará dentro de poco tiempo en el olvido. Ya está instalado y se comenzó a probar un sistema de identificación de los legisladores por huellas dactilares. En cada banca se colocó un lector. Al momento de votar cada diputado colocará el pulgar sobre ese cristal y al mismo tiempo indicará el sentido de la votación. Prometen que el sistema es infalible y a prueba de diputruchos.

El testeo de funcionamiento comenzó la semana pasada y a partir de mañana la empresa encargada del trabajo procederá a colocar cada banca en su lugar, ya que hasta ahora se instalaron sólo los pupitres.

Aunque los trabajos puedan terminarse a tiempo, es seguro que durante febrero el recinto de Diputados no podrá estar disponible, ya sea que
Fernando de la Rúa convoque a sesiones extraordinarias o no. Mientras tanto hay otras quejas edilicias. Tanto opositores como muchos aliancistas critican que en la Cámara no se llevaron adelante todos los arreglos prometidos y que hubieran justificado tener cerrado el edificio por más de un mes. Acusan seguir viendo las familiares cucarachas por los pasillos no se habría hecho una desinsectación profunda, que los ascensores siguen funcionando como siempre es decir mal y la mitad fuera de servicioy que el nuevo sistema de limpieza contratado dista mucho de ser eficiente.

Por eso es que, en medio de las protestas, el justicialismo está apelando a lugares alternativos para sesionar, incluso si el 1 de marzo las refacciones en Diputados todavía no se han terminado. En diciembre, cuando todavía se pensaba en un período de sesiones extraordinarias habilitado, plantearon alquilar el Centro Cultural San Martín, que ya acogió en su momento a la Legislatura porteña cuando
Aníbal Ibarra encaró su redecoración.

Hace pocos días los peronistas achicaron pretensiones y pidieron alistar el Auditorio del Edificio Anexo.

El problema allí es que el aire acondicionado no funciona, como sucede, por otra parte en casi todo el resto del vidriado edificio. Este es uno de los problemas más graves de Diputados tanto en verano como en invierno con la calefaccióny el que produce más enfermedades en los empleados.

Por eso, finalmente, ahora piden gestionar con
Cecilia Felgueras, el uso compartido del recinto de la Legislatura porteña, al que parece que no le alcanza con guardar las reliquias del despacho de Eva Perón y los fantasmas de los ex concejales cambió el nombre cuando la Ciudad se independizó de los designios de la Casa Rosadacomo para ahora también sumar las hordas de diputados nacionales.

Para el radical
Jorge Enríquez, vicepresidente de la Legislatura porteña, este temporal préstamo sería una ayuda en su protesta por instalar un sistema electrónico de votación para el cuerpo. Algo que quedó fuera de las refacciones que hizo Ibarra y que obliga todavía al dudoso método de contar los votos a mano alzada cada vez que la Ciudad debe tomar una decisión polémica.


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