11 de febrero 2008 - 00:00

Alberto Fernández canjea cargos por partido

Diezmados en un gobierno que -en teoría- integran, los radicales K comenzaron a discutir un menú de opciones de volver al partido para coparlo o romper de cuajo todo vínculo para conformar una UCR bis, de impronta concertadora y ADN kirchnerista.

Mientras la UCR opositora que preside Gerardo Morales apura la expulsión de Horacio «Pechi» Quiroga, que asumió un cargo en la Cancillería, los K se embretan en la discusión sobre cómo y desde qué sello preservar su pertenencia, hasta ahora casi virtual, al kirchnerismo.

Como siempre, hay matices. Por un lado está la postura de Julio Cobos de negociar una reorganización del partido fijando una conducción colegiada como paso previo a una interna donde, más adelante, los K buscarían quedarse con el control del radicalismo.

Esa línea tiene adherentes en Buenos Aires, el territorio más complejo, porque están vencidos los mandatos de la convención y debe, además, elegir nuevas autoridades para el comité provincia. La empuja, sobre todo, el diputado Daniel Katz, ex intendente de Mar del Plata.

De hecho, el viernes, Katz convocó a dirigentes de toda la provincia en esa ciudad para plantear ese debate. Consiguió la presencia de algunos intendentes, entre ellos Héctor «Cachi» Gutiérrez, de Pergamino, uno de los primeros promotores de pactar con la Casa Rosada.

También adhiere a esa línea Enrique García, de Vicente López, que tuvo como enviada a Silvia Vásquez. Del debate participaron también el jefe del bloque de la UCR bonaerense, Patricio López Mancinell, y los intendentes Walter Santalla (Ramallo) y Raúl Mujica ( Villarino).

Pero hubo, también, ausencias notorias: no estuvieron José Eseverri, ni Gustavo Posse ni Mario Meoni. El primero y el segundo tienen reservas -las de Posse más ostensible- srespecto del plan de volver al radicalismo. Meoni está en una situación de reflexión.

En rigor, Posse es el promotor de la creación de un partido propio que englobe a todos los radicales K, en vez de pulsear para competir por el partido. Tiene, incluso, pronósticos delicados: advierte del riesgo de, por caso, perder la interna bonaerense.

La discusión por volver al partido para pelear su conducción o dejarlo de lado y ensayar otro modelo bajo el sello electoral de Concertación -fue el que usó Cobos para integrar el Frente para la Victoria- suma argumentos a favor y en contra, según el vocero.

El possismo dice que la UCR se convirtió en una figura electoral que no aporta réditos y, por tanto, es conveniente «reiniciar» el proceso. Allí proponen, por caso, una desafiliación masiva al radicalismo para conformar otro partido.

A su modo, Eseverri comparte esa visión. Pero es un caso particular: el intendente de Olavarría es, en los hechos, el jefe del FpV de la Séptima Sección electoral y controla, además, la UCR de su distrito. Encorsetarse en el radicalismo le resultaría, dicen, perjudicial.

Los que defienden la idea de tratar de pelear la conducción partidaria sostienen, en tanto, que la identidad radical es muy fuerte y no se debe renunciar a ella. Ven, sin embargo, compleja la posibilidad de lograr las condiciones para regresar con la conducción actual en manos de Morales.

La discusión tomó envión y se conduce hacia un plenario nacional de los radicales K proyectado para el 28 de marzo en Junín, distrito que gobierna Meoni. El juninense no estuvo en Mar del Plata: la crisis de inseguridad en la ciudad no tuvo anclado.

En el revoleo de posturas y visiones no faltan los reproches. A los gestores de cada propuesta les pasan factura por la escasa contención que tuvieron los radicales K en el universo oficial. Lo padecieron Cobos, como vice, y Posse, como ordenador del conurbano, ahora distanciado de García, alcalde de Vicente López.

Las ilusiones de pertenecer se licuaron. Y cuando Cobos ensayó una protesta se chocó con una muralla.

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