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Valor positivo
Castañón abundó en la explicación: «Consideramos que la población ha asimilado como valor positivo el déficit cero». Nadie se podía oponer a semejante afirmación hasta ese momento, el problema de la discrepancia seguía siendo obvio: por dónde pasar el bisturí.
Massaccesi, que hasta ese momento se había mantenido en silencio, pareció ponerse al frente del oficialismo apoyando las intenciones de la Casa Rosada: «Nosotros vamos a apoyar al gobierno, vamos a pagar los costos que haya que pagar. En el gobierno lo importante no es sólo la calidad de la decisión, sino la rapidez con que se tome», dijo.
Frente a ese aire de apoyo, Baldrich avanzó: «La forma de alcanzar el déficit cero a través del recorte está siendo bien vista por quienes tienen que refinanciar deuda argentina. Es urgente sancionar la ley porque cada hora que pasa se pierde recaudación y credibilidad, se enrarece el mercado internacional», dijo.
Agúndez, jefe del bloque radical, aclaró que el bloque tiene «una posición comprensiva y que está unido detrás del gobierno y se va a buscar la sanción lo más rápida posible». «Está bien», lo cruzó Castañón, «pero el diablo está en los detalles».
De allí en más comenzaron las consultas sobre los cambios en el proyecto. Por ejemplo, la forma de no tocar con el recorte las jubilaciones inferiores a $ 1.000.
«Hoy eso es muy difícil de lograr», aseguró Castañón, aunque el funcionario luego admitió que Economía cometió un error al abrir dos frentes de combate al mismo tiempo: una baja tanto en los salarios como en las jubilaciones.
Baldrich siguió reafirmando los números que ya Colombo explicó en varias oportunidades: «Con el recorte por encima de los $ 500 sólo quedan afectados 15% de los jubilados, otro 85% queda afuera», dijo. «Esto hay que resolverlo ya».
Impuesto imposible
Alguien insistió con la idea de un impuesto sobre las operaciones interbancarias, como el call money: «Es imposible: se traslada inmediatamente a la tasa, a los costos de las empresas y tiene finalmente el efecto contrario de lo que se quiere conseguir», explicó Farré.
Cuando terminó la reunión Agúndez le confesó a los funcionarios: «Quedan sólo dos radicales díscolos: Leopoldo Morau y Alberto Maglietti. Moreau quiere una especie de blindaje para los jubilados y Maglietti -no Meneghini como erróneamente informó ayer este diarioquiere sacar plata de las AFJP. El resto está controlado», le dijo a Baldrich. El problema de todas formas, seguía en el bloque PJ que ya se arrogó la modificación del proyecto.




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