Raúl Alfonsín condicionó ayer su apoyo a las medidas de ajuste reclamadas por el gobierno nacional para sanear las cuentas públicas a que se hagan de un modo «equitativo» y que «quienes tienen más hagan el mayor esfuerzo».
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El modo ambiguo y a regañadientes con que el ex presidente se pronunció pareció dar razón al reclamo del peronismo, cuando le responde al gobierno que antes de prestar su conformidad a la unidad nacional reclamada por Fernando de la Rúa debe sentar a su lado a Alfonsín y al Frepaso, que son quienes critican la gestión del gobierno.
En un farragoso discurso pronunciado en el Chaco, Alfonsín disparó, en lenguaje yrigoyeniano, que «lo probable no es ineludible y no es inevitable». Admitió que «es probable que siga adelante esta globalización insolidaria, esta concentración del poder económico de quienes lo primero que hacen es buscar, decir y proclamar que hay que disminuir el gasto público». Y aquí apuntó sobre los bancos, Domingo Cavallo y el propio De la Rúa, en tanto que éste respalda al ministro de Economía. Alfonsín le reclamó a la dirigencia política «austeridad, seriedad y conducta» para poder superar la crisis. Al hablar junto al gobernador chaqueño y vicepresidente del radicalismo, Angel Rozas, en el acto de conmemoración del 80º aniversario de la fundación de la ciudad chaqueña de Las Breñas, destacó la importancia del Estado «formado por la propia sociedad y el gobierno» para lograr los objetivos. Los pasajes más significativos del discurso son los que siguen:
• Aseguró que el país saldrá de la crisis porque «el pueblo argentino está dispuesto a hacer el esfuerzo», afirmación que respaldó en que «hace 50 años» que recorre «la geografía argentina». Pero agregó que ese esfuerzo se va a realizar «con una condición fundamental sin la cual será imposible pedir nada al pueblo: que el esfuerzo que se les pida a los argentinos sea realmente equitativo y quienes tienen más hagan el esfuerzo mayor, para que no se pretenda hacer recaer esto sobre los que menos tienen». • «Es un Estado que proteja al más pobre, una voluntad de compromiso y participación, un concepto de lo público no como ajeno. Es una correcta concepción cívica. Eso es tan importante hoy como los otros factores para el desarrollo de los países.»
• Dirigiéndose a la clase política, dijo que «como los hombres no eligen la raza ni la religión ni la fábrica que se funde, los políticos tienen que aceptar, si son coherentes con su argumento, que allí tiene que acudir el Estado de manera fundamental a defender la dignidad humana de quienes sufren de esta forma».
• Dijo saber «muy bien que en las circunstancias que se viven se va a descontentar a mucha gente, pero por encima de todo queremos que se comprenda que hay unas convicciones profundas que no obviaremos jamás: concretar la libertad y la igualdad... como la utopía que defina nuestro rumbo». • «Quienes levantan en extremos su voz para concretar eso ya realizan un trabajo funcional a la derecha, donde unos y otros están contra el sistema político, están en la antipolítica, están en la destrucción de todo lo que puede ser la representación del pueblo», subrayó.
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