23 de mayo 2002 - 00:00

Amenazó Duhalde: "Si no me apoyan, renuncio"

También Eduardo Duhalde echó mano del recurso final para lograr que el Congreso le vote la reforma de la figura de "subversión económica" y que las provincias terminen de firmar los acuerdos para la baja del gasto. Imitó las advertencias (exitosas ante él, por lo menos) de Mario Blejer: amenazó con una renuncia al cargo si no lo acompañan sus aliados de adentro y de afuera. Lo hizo en etapas y como si fuera redondeando la frase. Por la mañana, ante el Gabinete de Ministros, amagó con presionar a los radicales para que le renueven el apoyo. Luego habló con jefes de la UCR del Congreso ya de renunciar al cargo. Por la tarde recibió a Blejer, que entró al despacho con la renuncia en el bolsillo, y logró retenerlo en el cargo con esta respuesta: "Si en quince días no me dan las leyes que quiero, el que renuncia soy yo". Se terminaron convenciendo. Blejer sigue y él llega el lunes a la cumbre con gobernadores peronistas en La Pampa con la misma amenaza: si el peronismo no lo acompaña en el acuerdo con provincias, deja el cargo. Nadie imagina que haya detrás de este alarde más que una presión para prolongarse en sus funciones. Pero revela, además de debilidad, que el gobierno pierde aliados y entra, cuando peor le va, en una etapa de más fragilidad.

Eduardo Duhalde tuvo que apelar ayer a un amago de renuncia a la Presidencia para conseguir que los gobernadores bajaran su presión sobre el gobierno y acepten firmar el lunes los acuerdos con Nación, que Mario Blejer no deje el Banco Central y que radicalismo le destrabara la sanción de las modificaciones a la ley de «subversión económica».

La amenaza, de paso, sirvió para preparar la ratificación por ley de un decreto de necesidad y urgencia que consagre la protección legal para las decisiones de los directores del Banco Central (ver nota aparte). Las herramientas que utilizó el Presidente en la presión al Congreso y los partidos fueron contundentes: habló con Raúl Alfonsín sobre la posibilidad de una renuncia, lo mismo hizo con Carlos Maestro, y luego el mensaje llegó a los diputados radicales a través de Leopoldo Moreau y Horacio Pernasetti.

Desde la residencia de Olivos, y una vez terminada la reunión de gabinete, Duhalde comenzó a analizar el comportamiento del radicalismo en la sanción de las leyes que le exige el FMI. Muy enojado, el Presidente protestó ante sus íntimos -a los que se habían sumado Humberto Roggero, José Luis Gioja, Eduardo Camaño y Juan Carlos Maqueda-por el incumplimiento de algunos acuerdos por parte de sus socios radicales de la nueva Alianza.

Fue entonces cuando llamó por teléfono a Raúl Alfonsín. Esta queja a la que hacía referencia el Presidente fue el origen de todas las versiones que corrieron ayer sobre las amenazas de una renuncia.

«Si no votan las leyes, no se puede gobernar. Yo, el lunes, le presento la renuncia a los gobernadores y que se haga cargo Marín, si quieren, hasta las elecciones»
, les dijo Duhalde a los radicales.

•Operaciones

Después de la conversación por teléfono con el Presidente, los senadores radicales se reunieron en el bloque. Desde allí, comenzaron las operaciones para convencer a los diputados de la UCR de que bajaran a permitirle al peronismo sancionar la ley de «subversión económica». Muy activo en este proceso, Carlos Maestro habló con Pernasetti, que pocos minutos después debía comenzar una reunión de la bancada radical de Diputados.

Los senadores de la UCR, mientras tanto, evaluaban los peligros. Ya habían sido notificados por Rubén Marín de la reunión de gobernadores del próximo lunes e, inclusive, se había invitado a Maestro y Pernasetti a concurrir. La expectativa era que, ante un debilitamiento mayor del gobierno de Duhalde y la interna de los gobernadores del PJ con el Ejecutivo, los mandatarios podrían llegar a pedirle la renuncia al Presidente.

Lo cierto es que la presión y el miedo radical a un escenario de elecciones adelantadas para octubre fueron más allá todavía que la amenaza de Duhalde de renunciar.

El origen de la operación legislativa de Olivos quedó en claro cuando a la noche
Jorge Matzkin reconoció los dichos de Duhalde, pero sólo como una «advertencia», y Aníbal Fernández no la desmintió alegando: «No haber hablado del tema con el Presidente».

Un rato después,
Pernasetti iniciaba la reunión del bloque radical. El tema central fue la crisis institucional: «No podemos frenar más esto. El Presidente quiere renunciar si no sacamos las leyes pendientes. Si seguimos así, en octubre estamos en elecciones», dijeron Pernasetti y Moreau.

Allí, el bonaerense contó las conversaciones de
Duhalde con Alfonsín y con los dirigentes peronistas: «Si no votamos, se cae todo». Las caras de los diputados se transfiguraron, y después de eso, a Pernasetti le costó poco llevarlos al recinto a convalidar con el PJ el tratamiento de «subversión económica».

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