24 de junio 2003 - 00:00

Apoyo a Ibarra quebró la luna de miel interna

"Néstor va a hacer todo lo posible para que gane Aníbal Ibarra", masculló anoche el jefe de Gabinete y comisario político del Presidente, Alberto Fernández, ante el emisario del PJ de la Capital Federal, Víctor Santamaría. Estaban en el despacho del jefe de Gabinete en Casa de Gobierno.

Con esa frase, intentó responder al desmentido sobre ese anunciado apoyo que había hecho por una radio el otro Fernández (Aníbal, ministro del Interior) al decir: «En el orden de prioridades del Presidente, las elecciones deben estar como en el 278, y esto hace que no haya tomado una decisión de esas características todavía».

Que el jefe de Gabinete adelantase ese propósito del primer mandatario durante el fin de semana hizo estallar el mutismo exasperante que invade la Casa de Gobierno, que vive aterrada por la reacción del Número 1 sobre lo que se habla y se hace -algo que explica, además, la inamovilidad de estatua de muchos funcionarios-. Aníbal Fernández le advirtió a quien quisiera escucharlo: «Nada de lo que yo digo es sin haberlo charlado antes con Néstor. Puede ser que se termine en ese apoyo. Pero es prematuro decir nada; ¿qué pasa si gana Macri?».

•Nerviosismo

Ese tembladeral en que quedó sumido el oficialismo frente a la elección en el distrito vidriera del 24 de agosto hizo volver al peronismo de la Ciudad a los nervios de las mejores épocas, que espera para hoy definiciones clave:

• A las 12, Mauricio Macri debe responderles a los negociadores del PJ formal, Cristian Ritondo y Andrés Rodríguez, sobre un plan para que el empresario abra sus listas para que entre un candidato del PJ a diputado nacional -seguramente Ritondo- y colocar a siete candidatos a legisladores locales sobre los 20 primeros o «entrables». Es lo que hablaron esos delegados del partido que preside Miguel Angel Toma con los negociadores de Macri, el ex diputado Raúl Carignano y Juan Pablo Schiavi.

• También para hoy el PJ espera de Alberto Fernández -es decir Kirchner-la oferta de subirlos a la negociación mayor que lleva adelante el Presidente con Aníbal Ibarra para integrar una especie de PRI mexicano en la Capital que sume al frentismo ibarrista, el peronismo formal y el ARI de Elisa Carrió. El comité donde se hace ese pacto lo encabeza, por Ibarra, el secretario Raúl Fernández, en charla con dos peronistas disidentes y hoy kirchneristas, el diplomático Eduardo Valdés y el cultísimo Guillermo Oliveri -se entrevistaron en la noche del domingo, mientras veían de rabo de ojo a un costado el programa «Fútbol de primera»-.

• Por la pata peronista formal, negocia con
Ibarra y Kirchner el sindicalista Santamaría, que espera también para hoy respuesta a este acuerdo: dividir por tercios las listas de candidatos para darle la cabeza de lista de diputados nacionales a un hombre del Presidente -que nadie quiere indicar y menos Alberto Fernández, que se aferra a la Jefatura de Gabinete, algo que festeja como si hubiera sacado la lotería-; la cabeza de lista de legisladores porteños a un hombre del ARI de Carrió -seguramente Fernando Melillo-. El PJ formal podría poner un candidato a diputado nacional en cargo a no salir, por ahora, y dos legisladores porteños en puestos entrables. En ese acuerdo, Diego Santilli -hoy candidato a vicejefe de Gobierno de Alicia Pierini-volvería a ser elegido, y con sueldo, como director del Banco de la Ciudad de Buenos Aires. Este colorido economista es hoy diputado nacional rentado y director del banco ad honorem, una rareza que inquieta a los emisarios del FMI, que preguntan cómo es eso de un banquero que trabaja gratis.

• El clima dentro del peronismo formal se entiende: el propósito inocultable de Kirchner de entregarse en los altares del ibarrismo condena a los herederos del General a rendirse en brazos de un ex miembro de la «Fede» (Federación Juvenil Comunista), algo para lo cual su elástico corazón peronista no los preparó nunca. De paso, obliga al PJ con sede en la calle Alsina -adonde se sienta
Toma como presidente con la sola misión de pagar sueldos y cuentas de teléfono atrasadas-directamente a no participar en la elección. Una virtual desaparición del negocio electoral que nadie vaticinó cuando la dupla Granillo-Jozami sacó 1% de los votos y que parecía remontar cuando, en 2001, Daniel Scioli le hizo ganar al partido dos diputados nacionales.

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