8 de abril 2004 - 00:00

Arslanian, emergente del trío oficial, ¿sólo contra Blumberg?

Arslanian, emergente del trío oficial, ¿sólo contra Blumberg?
De vacaciones. O en misiones oficiales, que es lo mismo. París, la India, rincones desconocidos hasta de Iberoamérica, cuando no algún reposo en Montevideo brevemente interrumpido por mínimas estancias en la casi natal y contaminada Lomas de Zamora. Así es la vida para él, más el agregado de personales indagaciones sobre cuanto spa existe en la tierra para adelgazar en principio o para embellecerse luego. Por no hablar de las distracciones en deportes rutinarios (tenis, fútbol), tan necesarios para la salud, o en aventuras de pesca mayor o menor, con mosca o anzuelos, para escaparse del estrés cotidiano de la presunta exigencia laboral. Solo casi nunca, en ocasiones con familia, disponiendo de un séquito que abona invariablemente el Estado (léase contribuyentes) desde hace tanto tiempo que ya se vuelve inregistrable. Es el estilo de un político profesional, quizás el máximo del país, que en la actividad privada prometió -durante la última década- dedicarse a ganarse el jornal con un estudio jurídico (no se sabe siquiera si fue a visitar la oficina), a una cátedra en universidad propia (los alumnos no le conocen el rostro, salvo por fotos) o a una inmobiliaria donde alguna vez justificó el inicio de su fortuna y, por supuesto, está cerrada. Obvia presentación de Eduardo Duhalde, ex presidente, tutor teledirigido del gobernador, Felipe Solá, y del jefe de Estado, Néstor Kirchner.

Ha sido él y desde su esforzado estilo de vida quien impuso, otra vez, a León Carlos Arslanian al frente de la seguridad bonaerense. Contrariando, sin duda, lo que pensaba y piensa una vasta mayoría de adherentes a la vocacional marcha de la semana pasada sobre el Congreso nacional, ese acontecimiento inesperado piloteado por un ignoto Juan Carlos Blumberg. Poco habituado a las lecturas, se podría decir que Duhalde no leyó el significado de ese acto, de esa expresión popular. Tampoco, claro, el desorientado Solá (aunque no lo ignora), mientras Kirchner -en la misma línea del jefe bonaerense- también postuló la designación quizás inspirado en la última doctrina de Eugenio Zaffaroni: «La mayoría no siempre tiene razón» (sobre todo cuando no piensa como uno). No importa si los tres se odian, se acechan y piensan sólo en arrebatarse territorios: en esto de Blumberg han jugado juntos, algún elemento vital los reúne. La coalición inventada por Duhalde, que llevó a Solá a la gobernación y a Kirchner a la Casa Rosada (y a la conservación de varios ministros y algunos negocios), hoy cerró filas ante un temor desconocido.

• Asimilación

De nuevo, con criterio nazi o stalinista, el trío asimila que lo de Blumberg es una operación de la derecha mientras ellos se quedan en la izquierda. Nada más infeliz, salvo el propósito de convertir esa manifestación espontánea en un hecho político, divisorio, para luego sacar provecho de esa confrontación. O sea, infectar de sida a quienes voluntaria y solidariamente concurren a una marcha para que no los roben, violen o maten a sus hijos, convertirlos en despreciables especímenes antidemocráticos que se niegan a entender la causa presidencial. Cuesta entender esa causa: o, para justificar su inoperancia en el tema de la seguridad -como le reveló a Blumberg-, ¿no dijo Kirchner que «tiene las manos atadas»? Qué le queda al resto de la población, entonces.

Duhalde, quien huyó de la crisis a París al mejor estilo metalúrgico de Lorenzo Miguel -su modelo contemporáneo más cercano-, eligió el silencio hasta ayer, lo mismo que su portadora de apellido, Chiche. Ella no puede entenderse ante el espejo: es más recalcitrante que las demandas de Blumberg, se deleitaba con el «meta bala» de Carlos Ruckauf, pero en la víspera alababa la designación de Arslanian. Casi tan insólito como un Duhalde que plantea la necesidad de no aumentar el salario de los policías -porque la honestidad no pasa por allí, según pregona su hija putativa, la diputada Carmen Falbo-, pero sí jura que el drama de la violencia y el delito se multiplicó por culpa de la miseria. Otro que tiene problema con el espejo, ese necio que siempre devuelve la necedad.

• Cuestionamientos


Salvo excepciones, al reciclado funcionario Arslanian nadie se lo cuestiona por progresista o de izquierda, tampoco por millonario o abogado de repugnantes, sino porque ya estuvo dos años en ese mismo lugar que desde el martes ocupará y, a pesar de sus campañas mediáticas sobre cómo descendía el delito -realizadas por los mismos profesionales que hoy asesoran a Kirchner-, la sociedad entera advertía que estaba cada vez más insegura. Ruckauf lo volteó, es cierto, con una prosa primitiva y la complicidad de los Duhalde, pero sólo explotando lo que gran parte de la ciudadanía reclamaba. Guste o no. Y Arslanian, al margen de carpetas explicativas, aumentó en 50% su presupuesto, vendió un plan caro y específico, disolvió la Bonaerense y, en rigor, sólo logró que la corrupción policial de los tiempos de Duhalde, hasta ese momento piramidal, luego siguiera con Duhalde en forma horizontal, descontrolada y cuentapropista. Nunca denunció, por otra parte, lo que luego afirmó un funcionario de segundo nivel y que todo el mundo sabía: la corrupción policial deriva fondos para la política, así se alimenta el aparato bonaerense del peronismo (Marcelo Saín). Fue parte Arslanian de todo eso, por más maquillaje que muestre, de la misma organización que en base a esos elementos hizo llegar al poder a Solá, a Kirchner (también a ministros clave como Roberto Lavagna) y mantiene de viaje continuo y perpetuo al matrimonio Duhalde. Pero no es el turismo lo que en ocasiones saca la gente a la calle.

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