19 de septiembre 2005 - 00:00

Avanza esta semana segunda ruptura en bloque peronista

No habrá semana como ésta para ver al universo kirchnerista relanzar hasta el delirio su tesis de un complot para complicarle la gobernabilidad a Néstor Kirchner. Todo el espectáculo pasará por la Cámara de Diputados, aunque los avances comenzaron a pasarse hace cinco días. El resultado de la pelea será, quizás, el desmembramiento definitivo del bloque PJ en dos fuerzas con el duhaldismo ya institucionalmente en bloque aparte -algo que en realidad funciona así desde que el candidato a la fuerza José María Díaz Bancalari dejó la presidencia apurado por el kirchnerismo-. Se potenciará si, como se anunció el fin de semana, mañana el oficialismo insiste con remover de su cargo de secretaria general de la bancada a Graciela Camaño, por haberse aliado con la oposición en la sesión de la semana pasada.

Este segundo tembladeral del bloque peronismo comenzó precisamente en ese momento: cuando el radicalismo, el ARI, los socialistas, algunos provinciales y casi todo el duhaldismo protagonizaron un intento de sesión especial para debatir una suspensión a las ejecuciones hipotecarias que llevan adelante algunos bancos y la ratificación del acuerdo de renegociación entre el gobierno y la transportadora eléctrica Transener.

La sesión, reglamentariamente, no se realizó -llegaron entre todos a reunir 101 diputados presentes, cuando se necesitan 129 para el quórum-, pero hubo discursos, taquígrafos y protestas.

A esa sesión, el kirchnerismo respondió con un comunicado que relanzó la idea de un supuesto «pacto de desestabilización» -el mismo que denunciaron Néstor Kirchner y Cristina Fernández-con el duhaldismo y el radicalismo como máximos responsables, los mismos que había identificado el Presidente cuando en la Comisión de Justicia dictaminaron a favor de reducir a 7 los miembros de la Corte Suprema.

• Explicación

En ese documento, firmado por dos de los cuatro kirchneristas integrantes de la conducción del bloque -el rionegrino Osvado Nemirovsci y el cordobés Carlos Caserio-y por Juan Manuel Irrazábal, Rosario Romero, Ruberto Godoy y Heriberto Mediza se explica: «Quedó evidenciada una vez más la alianza entre el sector que responde al ex presidente Duhalde y gran parte del arco opositor.Y esto no es casualidad: el pacto de desestabilización que oportunamente denunciara el presidente Kirchner avanza sobre el Congreso».

La bronca kirchnerista por este segundo acuerdo del duhaldismo con la oposición -dos semanas antes había existido otro conato revolucionario en el recinto con el pretexto también de votar la suspensión de ejecucionesprecipitó entonces la denuncia del pacto y, dos días después, el anuncio de que mañana se le pedirá a Graciela Camaño que resigne su lugar en la mesa de conducción de la bancada, bajo argumentos similares a los que se utilizaron para desplazar a Díaz Bancalari. De hecho Camaño fue desde el comienzo de la gestión de Kirchner una de las más activas y eficaces diputadas para conseguir la sanción de leyes que el Presidente le pedía al Congreso. La felicitó el kirchnerismo en pleno cuando consiguió la aprobación del único acuerdo entre una empresa de servicios y el Estado que se ratificó por votación en el Congreso: el de la platense eléctrica Edelap. Y hasta en el duhaldismo comenzaron a haber dudas -parecidas a las certezas que tenían sobre Díaz Bancalari-sobre las lealtades de una Graciela Camaño que quería acercarse a la Casa Rosada, algo que le era impedido por antecedentes familiares.

¿Pero fue, realmente, la participación de los duhaldistas en esa sesión para votar proyectos que el gobierno no quiere lo que enardeció al kirchnerismo? A simple vista parecería una justificación suficiente, pero esa tarde pasaban muchas más cosas en el recinto.

La oposición había planteado -tal como el radicalismo lo hizo en el recinto-un denuncia clara sobre el trámite que se le estaba dando a la ratificación de acuerdos de renegociación entre privatizadas y el gobierno. Este había dado señales claras a sus operadores que no
quería debates sobre subas de tarifas o endeudamiento de esas empresas en los recintos. Nada mejor, entonces, que dejar pasar los 60 días reglamentarios para que cada uno de esos acuerdos -todos transitorios hasta 2006- quedaran aprobados de hecho -lo que se conoce como sanción ficta- tal como establece la prórroga a la Ley de Emergencia Pública de Duhalde.

El día de la sesión especial era el último para aprobar el acuerdo de Transener, sin dudas el más importante que había llegado al Congreso.
De hecho no se votó y 24 horas después el gobierno ya lo tenía aprobado por el procedimiento mencionado antes.

• Señal al gobierno

Pero no se puede obviar que si el duhaldismo y el radicalismo hubiesen querido realmente votar la suspensión de Ejecuciones y debatir el acuerdo de Transener, casi con seguridad lo hubieran conseguido: ninguna de las dos fuerzas tenía todos sus diputados en el recinto. Así, como decían, de tratarse de una cuestión de estrategia nacional bien podrían haber hecho el esfuerzo de llevar a todos los diputados al recinto.

Lo que se quiso hacer ese día fue dar una señal al gobierno y no votarle temas conflictivos, algo típico cuando se es oposición y mucho más en tiempos de campaña. Salieron así del recinto con el rédito de haber intentado votar una suspensión a ejecuciones, con los deudores gritando en la puerta contra
Néstor Kirchner, su esposa y todo el gobierno, y pudieron mandar el mensaje directamente a donde querían. Fue precisamente Graciela Camaño la encargada de alertar «que se cuiden los ministros que refrenden el acuerdo de Transener» por avalar el contenido del acta. Hubo un largo discurso de Camaño no sólo en protesta por la falta de debate sino por el contenido del acuerdo. Recién en ese momento el kirchnerismo volvió a reaccionar y denunciar el pacto de desestabilización y el precisamente la cabeza de ella, la que pedirán mañana, a pesar de que la diputada ya comunicó no estar dispuesta a denunciar.

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