2 de marzo 2001 - 00:00

Avatares del Congreso

Fernando de la Rúa ingresó ayer al Congreso en el momento en que más llovía sobre Buenos Aires. Quizá por eso los ministros del gabinete llegaron sólo dos minutos antes que lo hiciera el Presidente. En ese lugar los esperaba desde hacía casi una hora Raúl Alfonsín. Solo, en medio del palco bandeja al costado de la presidencia, recibió los saludos de todos los diputados que entraban en el recinto. Y como todos los años, Alfonsín fue el más aplaudido en el momento en que lo menciona el locutor oficial. Cuando sus compañeros de palco arribaron, el ex vicepresidente se ocupó de ubicarlos a todos y él se sentó entre Julio Nazareno y Graciela Fernández Meijide.

Es costumbre contar la cantidad de aplausos que despierta el mensaje presidencial como indicador del grado de aceptación entre diputados y senadores. Entre fuertes y tibios, De la Rúa consiguió que 24 veces lo interrumpieran aplaudiendo. Lo que puede ser un récord ya que en algunas ocasiones Carlos Menem no superó los 19.

Los peronistas no aplaudieron en ninguna ocasión. Por el contrario, se mantuvieron serios en sus bancas. Concurrió casi todo el bloque, y sólo intercambiaron sonrisas en algunos párrafos del discurso. La excepción fueron la mendocina Ana María Mosso, que aplaudió cuando De la Rúa pidió esfuerzo y disciplina a los aliancistas, y Carlos Corach, que saltó eufórico cuando el Presidente anunció que convertiría la Oficina Anticorrupción en un ministerio y pondría bajo su control la UIF.

Cuando De la Rúa anunciaba las medidas que el gobierno estudiaba para este año, las caras de los oficialistas giraban entre el asombro y la preocupación. Por ejemplo, poner a la UIF bajo el control de un nuevo ministerio anticorrupción supondrá modificar la Ley de Ministerios y la de lavado de dinero. En medio de la actual situación, ese trámite podría ser traumático en el Congreso. Algo parecido sucedió cuando De la Rúa anunció un referéndum para la reforma política. Varios ministros incluso declararon en el Salón de Pasos Perdidos que no sabían de dónde provenía la idea.

Cuando promediaba el discurso presidencial, un sopor comenzó a caer sobre el recinto. Era obvio que el mensaje no resultaba atractivo ni para los propios oficialistas y la temprana hora, la lluvia y la baja presión colaboraban para agilizar el sueño. Pero nadie pensó que algunos podían llegar a dormirse. Un caso especial fue el de Patricia Bullrich. Ubicada en una punta del palco de ministros, recostó primero un brazo sobre la baranda y luego fue deslizándose sobre una columna. Tan estudiada fue la pose que llegó a quedar con la cara semioculta, por lo que nadie pudo comprobar si había podido dormitar unos minutos. Fernando «Aíto» de la Rúa también tuvo lo suyo. Sentado en el palco oficial junto a Inés Pertiné y amigos de la familia, frente a donde su padre pronunciaba el discurso, tuvo un gesto similar al de Bullrich. También con disimulo se inclinó sobre la baranda del palco hasta que apoyó la cabeza entre los brazos.

Sólo un leve golpe de Pertiné en la espalda lo sacó de la poco protocolar posición. El resto de los presentes, diputados y senadores, no tuvieron tanto cuidado en que no se notara el sueño.

De la Rúa terminó el discurso en medio de aplausos e inmediatamente cayó sobre él una lluvia de panfletos que en principio nadie pudo indentificar y que provenían de los palcos más altos del recinto. Apurado por esto, el Presidente saludó y se fue. Luego se pudo constatar que en realidad se trataba de sobres abiertos con la inscripción «Los senadores son honestos», firmados con el logo del programa televisivo «Sushi con champán», como explicó enojado Rafael Pascual, presidente de Diputados. Mucho menos inofensivo fue otro volante que distribuyeron los peronistas a la salida del recinto donde se reproduce la foto de Carlos Chacho Alvarez y De la Rúa con una síntesis de la plataforma que la Alianza utilizó para las elecciones: «¿Recuerda las promesas de la Alianza?», preguntaba el panfleto.

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