3 de diciembre 2002 - 00:00

Avatares de Lula en Buenos Aires

Avatares de Lula en Buenos Aires
• Un fuerte operativo de seguridad se organizó para recibir a Luiz Inácio Lula Da Silva en la Jefatura de Gobierno porteño. El tránsito quedó interrumpido dos cuadras a la redonda del palacio municipal, ante los transeúntes distraídos que preguntaban qué manifestación tendría lugar ayer en Plaza de Mayo.

La recepción al presidente electo de Brasil, que organizó Aníbal Ibarra, se realizó en el Salón Dorado de las dependencias del Gobierno de la Ciudad. La sala, como su nombre indica, está totalmente revestida con reminiscencias de Versailles y frescos en los techos que representan las Siete Musas de Palas Atenea. Fue lo primero que divisó Lula, quien rompió todo protocolo para preguntar a Ibarra sobre las pinturas, no bien subió al palco. El jefe porteño, con un elogio al cielo raso, salió airoso del examen.

• Lo que incomodó a los invitados más puntuales fue una doble valla de madera que se colocó entre el público y el palco. En primera fila, contra ese corralito, se acomodaron de pie (no hubo sillas) los legisladores porteños. Entre ellos, el inefable marxista Alexis Latendorf, quien atemperó su ánimo para no provocar un escándalo a su estilo por ese corralito que lo separaba del visitante.

Fue el radical Jorge Enríquez quien se retiró indignado al comenzar el acto, al ver que él estaba detrás del corralito y, en cambio, en el palco, junto a Luiz Inácio Lula Da Silva e Ibarra, había funcionarios de menor categoría. «Ahí hay directores generales y yo, que soy legislador, estoy acá, me voy», protestó en soledad el adherente a Ricardo López Murphy.

• El primer tramo del discurso de Lula lo fue interpretando la traductora de la embajada brasileña, hasta que la mujer cometió un error. Cuando el presidente electo se refería a los sectores que «no nos dejaron extinguir», la mujer tradujo «no nos dejaron existir». No se supo bien si recibió un reto o si se autocastigó, ya que luego no hubo más traducción.

Cuando Ibarra entregó la medalla de ciudadano ilustre al mandatario electo de Brasil, entre los legisladores presentes se recordó que el peronista Guillermo Oliveri, en ese entonces vicepresidente segundo de la Legislatura, lo condecoró como visitante ilustre a propuesta del ex diputado Eduardo Jozami. Fue en el Salón Eva Perón. «Como venía de perder la tercera elección ni Ibarra, que era el presidente de la Legislatura, le daba bolilla», rememoró Oliveri.

• Legisladores hubo de varios bloques: radicales, peronistas, independientes, pero de los sectores de la izquierda más dura no se acercó nadie. Por ejemplo, Jorge Altamira, del Partido Obrero, o Vilma Ripoll, de Izquierda Unida, asistieron al acto. Otros tampoco se acercaron luego a un cóctel en el Salón Blanco de la jefatura porteña, pero en ese caso porque las invitaciones fueron selectivas.

Además de funcionarios y diputados, porteños y nacionales, Ibarra estuvo acompañado por parte de su familia. El ex cuñado Juan Carlos López (procurador de la Ciudad), su hermana Vilma Ibarra (senadora) y hasta un hermano a quien presentó a Da Silva : «No es funcionario pero es mi hermano», acotó Ibarra, quien, a diferencia del agasajado, no estuvo acompañado por su esposa.

• El más cholulo de la tenida resultó ser el bielsista Eduardo Valdez. El legislador se apresuró con los saludos y enfiló detrás del ciudadano ilustre, cuando éste se retiraba hacia el Congreso. Lo interrumpió en la carrera y logró una foto especial, que dejó molesto a su compañero de ruta Jorge Argüello, quien no llegó para incorporarse a la estampa.

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