16 de septiembre 2002 - 00:00

Bolocco subió al escenario como herramienta de campaña

Un distendido Carlos Menem jugó con un sombrero que le arrojaron desde el campo de juego del club Laferrere, donde se juntaron 20 mil personas el sábado.
Un distendido Carlos Menem jugó con un sombrero que le arrojaron desde el campo de juego del club Laferrere, donde se juntaron 20 mil personas el sábado.
Carlos Menem demostró su poder de convocatoria en territorio duhaldista, donde reunió 20 mil personas en la cancha de Deportivo Laferrere, equipo de la primera B metropolitana. En esta incursión, Cecilia Bolocco cumplió un papel clave: además de asistir en la provisión de agua que le sirvieron a su marido antes del discurso y de repartir sonrisas, la animadora chilena atajó en el aire abrigos y suéteres que le arrojaron desde el campo para que ella los autografiara o, simplemente, los besara.

El público, según se encargaron de subrayar los organizadores, llegó en micros escolares desde todos los rincones de La Matanza, en especial, González Catán, San Justo y, obviamente, Gregorio Laferrere. Si bien había carteles de las delegaciones locales de los gremios que integran el Movimiento Obrero con Propuestas (MOP) -gasistas, plásticos y mercantiles-, la mayoría pertenecía a seguidores de Alberto Pierri y el ex diputado Juan Carlos Piriz, caciques del menemismo matancero y opositores al intendente Alberto Balestrini, hoy cercano a Adolfo Rodríguez Saá.

En la tribuna VIP, donde se concentraron los menemistas en funciones o con mandato cumplido, estaban los visitantes: Claudio Sebastiani y Javier Mouriño (que apuraron sendos sandwiches en la puerta de la cancha), el petrolero Antonio Cassia, Fernando Galmarini, la cordobesa Marta Alarcia y la infaltable salteña Lelia Chaya.

Una curiosidad fue que a Chaya se sumaran otros dos diputados nacionales de Salta, de acuerdo con la adhesión que leyó el locutor, Enrique Tanoni y Zulema Beatriz Daher, quienes deberían alinearse con Juan Carlos Romero y no con el peronismo de Anillaco.

El único que rompió el protocolo impuesto por Pierri e intentó ubicarse en el backstage fue el mecánico Raúl Amín, quien pretendía tener contacto directo con el candidato. La tribuna VIP estaba en el otro extremo del estadio. En soledad, el otrora jefe cegetista esperó infructuosamente la llegada de Menem subido a un banquito en la zona reservada a los organ izadores. Como se demoraba el arribo del ex presidente, optó por marcharse hasta la puerta para improvisar el besamanos.

La trilogía Menem-Pierri-Piriz de las pancartas sólo fue opacada por otra menos actual que aludía a San Mar tín-Rozas-Perón, muy de moda en los '70. Los niños, por cuestiones de disponibilidad, prefirieron usar como capas de superhéroes las primeras, con letras blancas y fondo azul, y jugar mientras hablaban los únicos oradores, el ex titular de la Cámara baja y el aspirante a volver a la Casa de Gobierno.

Pierri
, que precedió al riojano, ingresó al escenario musicalizado por «Color Esperanza», el hit pop de Diego Torres. Agradeció a la multitud «el testimonio de lealtad» y se ocupó de apuntar que estaba frente a una concurrencia masiva del «peronismo matancero».

• Quejas

El coordinador de la campaña le pegó al gobierno de Eduardo Duhalde por «los miserables planes sin trabajar» y se quejó de «los candidatos de plástico que se arman en las agencias de publicidad». Sin mencionar a nadie en particular (aunque muchos entendieron que se refería a José Manuel de la Sota), subrayó que «sonríen y besan chicos y ancianos para parecer carismáticos».

Tras calificar a
Menem con una frase remanida -«el mejor piloto de tormentas»-, sostuvo que su gestión fueron «los mejores años de estas últimas tres décadas» en el país. El pasaje más aplaudido fue cuando se refirió «a la farsa de los patacones y LECOP, que son papel pintado». La consigna hacía juego con algunos carteles que aludían a la paridad peso-dólar en tiempos menemistas o los afiches que rezaban «con Menem estábamos mejor».

El arribo de
Menem al escenario obligó a colocar una plataforma de unos 15 centímetros de altura que sirvió para elevar la estatura del riojano. Entusiasmado, advirtió que «podrán seguir criticándome, podrán seguir mintiendo» y se comparó con Juan Domingo Perón: «Están haciendo lo mismo que hicieron con él». «Ustedes recordarán lo que le decían a Perón: que el segundo gobierno fue malo y que el primer gobierno fue bueno. Lo mismo están haciendo con nosotros, y yo les digo que el segundo gobierno nuestro fue mejor que el primero», se plantó en una de las varias defensas de su administración entre 1989 y 1999.

Al igual que en la campaña que lo llevó al primer mandato, prometió
«combatir con todas nuestras fuerzas la pobreza». «No es posible -agregó- que en el país de los alimentos haya argentinos que no tengan ni un plato de comida, el derecho a comer es de todos los argentinos y lo haremos una realidad apenas empecemos a cumplir las funciones como gobernantes de la patria.»

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