Camaño no es Lastiri, mandó a aclarar Duhalde
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«Ni piensa que Eduardo Camaño pueda hacer lo mismo que Raúl Lastiri», se sonrió el designado en alusión al titular de Diputados que, en el '73, asumió por la acefalía que había provocado Héctor J. Campora. Este último -que se postuló porque Juan Domingo Perón estaba proscripto- facilitó así el regreso del líder del peronismo al poder. Para completar la operación, además de Cámpora, dimitió el vice, Vicente Solano Lima, el 12 de julio. Casi de manera simultánea, se fue de viaje al exterior el presidente provisional del Senado, Alejandro Díaz Bialet. Al día siguiente, juró Lastiri, que le seguía en la línea sucesoria, para cubrir el interregno. El 20 de julio llamó a comicios para el 23 de setiembre y terminó la movida con la entrega de la banda presidencial a Perón el 12 de octubre. Según las especulaciones que desvelan a menemistas y a varios radicales, la promoción del presidente provisional del Senado al sillón que dejó vacante Gustavo Bossert serviría para dejar al jefe de los Diputados, el bonaerense Eduardo Camaño, como virtual vice de la Nación. Camaño podría entonces versionar a Lastiri para que Duhalde renuncie e intente sucederse a sí mismo, mediante el voto popular. El interinato del quilmeño le permitiría al cacique mayor del PJ-Buenos Aires presentarse en la pelea por la presidencia en los comicios del 27 de abril o en una nueva fecha más alejada y conveniente a los planes que se atribuyen a los duhaldistas en tertulias del peronismo de Anillaco.
Müller, obediente a cualquier directiva de Olivos (o Lomas de Zamora), corrió a la oficina de José Luis Gioja y comenzó a bajar el discurso de su máximo referente. Entre sus compañeros, no resultó totalmente convincente.
Eduardo Menem, tal cual ya había subrayado el radical Carlos Maestro, reclamó que se cubra la presidencia provisional, una vez que se apruebe la nominación de Maqueda a la cabeza de Tribunales el jueves que viene. «Que lo nombre Duhalde, si quiere», dijo con cierta ironía el riojano. A Menem, no le molestaría que el Ejecutivo alentara nombres amigos (pero respetados por todos) para heredar a Maqueda, por ejemplo, el sanjuanino José Luis Gioja. Antonio Cafiero, siempre dispuesto a copar puestos clave, ya se anotó hace tiempo en esta carrera pero hay una incompatibilidad: habría una sobredosis de comprovincianos del designado en la línea sucesoria.




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