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Micros que trajeron militantes del conurbano hacen cola en el acceso a Buenos Aires. Desde
allí las columnas marcharon por el bajo porteño hasta el Luna Park.
Como hicieron a fines de abril los Libres del Sur de Humberto Tumini y Jorge Ceballos,
el acto de ayer del ME, que reunió a unas 10 mil personas, constituyen paradas previas a la apuesta mayor del kirchnerismo: juntar más de 150 mil personas en Plaza de Mayo.
Debe mirarse, entonces, como un posicionamiento hacia el tablero oficial donde Kirchner es el demiurgo que reparte bendiciones o castigos. En el lenguaje encriptado del pingüinismo, hay muchos detalles para observar.
Por caso: anoche, en el Luna, sólo Oscar Parrilli y Ginés González García estuvieron como enviados del gabinete nacional. No es demasiado: Parrilli no rechaza ninguna invitación; a G.G.G. el Presidente hace tiempo que no le atiende el teléfono.
No estuvieron los Fernández, ni Zannini, ni Filmus: todos habían prometido asistir pero, motivos varios, los bajaron del palco. Tampoco la anunciada hilera de intendentes del Gran Buenos Aires: pasaron, a saludar, Julio Pereyra, Alberto Descalzo y Sergio Villordo.
Pudo sí, Pérsico, mostrar algo de lo que quería: que el Movimiento Evita no era sólo bonaerense. Apiló con ese fin a una ristra de legisladores nacionales que, en teoría, le dan rango federal al ME: Marita Perceval, Rubén Daza, Patricia Vaca Narvaja y Agustín Rossi, entre otros.
El contrapeso fue abrumador: aunque ausente -viajó a España-, Felipe Solá, envió a todo su gabinete, hasta el reconcentrado León Arslanian que años atrás lidió con los piquetes de Pérsico, a quien ahora debe aplaudir. Solá había grabado un saludo en video que nadie vio.
En esa diversidad, la instantánea huele a fotomontaje. Luis D'Elía, Julio Piumato, Mario Ishi, Carlos Kunkel, Daniel Irigoyen --intendente de Gualeguaychú, que pidió apoyo en la lucha de las papeleras-, Mary Sánchez; el ex PI Fernando «Chino» Navarro; la cristinista Nora César.
Forma parte quizá, como dijo Pérsico, de unir las contradicciones.




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