20 de octubre 2005 - 00:00

Carrió y Bielsa se reparten restos UCR

Elisa Carrió
Elisa Carrió
Si la Alianza sedujo en su momento al radicalismo como herramienta para conseguir el poder de la mano de Fernando de la Rúa y Carlos Chacho Alvarez, ahora el sello se ha convertido en un verdugo que, desde la tumba, está terminando de diseminar los escombros en que quedó convertida la UCR de la Capital Federal. Los mismos herederos de ese acuerdo con el Frepaso -que algunos radicales nunca terminaron de digerir previendo que la debilidad de De la Rúa terminaría produciendo lo que produjo-, son quienes hoy distribuyen hacia el ARI de Elisa Carrió, el Frente para la Victoria de Bielsa e incluso Mauricio Macri, lo que queda del centenario partido que, cual gran empresa quebrada, guarda algunas maquinarias interesantes, como el poder de fiscalizar comicios.

A esa estructura apuntó Enrique Olivera, por ejemplo. Acostumbrado a negociar dentro del radicalismo con punteros cuando junto a De la Rúa armaban las listas porteñas -inclusive en zonas populares, como Pompeya, Villa Lugano, Soldati o Mataderos- a Olivera no le costó en medio de la debacle radical en la Capital hacerse de punteros barriales.

Quizás ahora se le fue la mano en algunos casos, como con la incorporación de militantes y caciques que en la zona sur supieron serle más que fieles a Norberto «Beto» Larrosa, un dirigente radical que pasó por varias filas, desde la derecha partidaria al alfonsinismo y el nosiglismo, al que nadie se imagina suscribiendo el «Contrato Moral» de Carrió.

Pero hay algo que no se les puede negar a sus ex seguidores, ahora alejados de la UCR porteña: saben cómo se cuidan las urnas y los sufragios en las mesas de votación, una gimnasia que de tanto practicar pueden enseñar con erudición a los muchos militantes del ARI.

No fueron los aristas los únicos beneficiados con la imposible contención de dirigentes que caracteriza a la candidatura de Facundo Suárez Lastra. En el Sur, antiguos punteros que hasta la década del '80 listaban en la vieja Intransigencia Popular y luego pasaron por el alfonsinismo, el Ateneo del Centenario de Jesús Rodríguez y el nosiglismo, encontraron en el peronismo de Bielsa un resguardo.

En este caso, primaron inclusive otras pulsiones.

Una vieja metáfora de la política describe a la perfección las penurias de dirigentes acostumbrados a la comodidad que da la cercanía con el poder una vez que la gloria se termina, mucho más cuando sucede dentro de un partido en disolución:
«Hay pocos dirigentes que aguanten cruzar el Sahara con una anchoa en la boca».

• Sacrificio

En el radicalismo, como sucede también en el PJ, hace tiempo que pocas cosas se mueven sin estar debidamente aceitadas. El sacrificio de no tener un despacho donde golpear ante la primera necesidad es un sacrificio que Suárez Lastra no podía pedirles a muchos punteros radicales. Además, vienen cruzando ese Sahara desde la caída del gobierno de De la Rúa o desde que Aníbal Ibarra comenzó a romper la alianza con la UCR en el gobierno comunal.

Ese mecanismo de necesidades volcó voluntades. Además, otro hijo de la Alianza, como es
Bielsa, no podía perderse la oportunidad de quedarse también con algo de la herencia de ese pariente fallecido. El Canciller, así, consiguió también voluntades, sobre todo en el subdesarrollado -desde todo punto de vista- sur de la Capital.

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