Aníbal Ibarra y DaríoAlessandro sellaron la paz en el Frepaso porteño, tras la crisis doméstica por la sanción de la ley del juego. En un hecho inédito, el hombre de máxima confianza de Carlos Chacho Alvarez se disculpó ante el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por haberse pronunciado en contra de la reglamentación de casinos, bingos y quiniela que impulsó Ibarra.
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Durante una conversación a solas, el responsable del Ejecutivo pidió explicaciones a Alessandro por su actitud. El alter ego de Alvarez confesó que fue víctima de una «operación» de los diputados radicales Jesús Rodríguez y Juan Carlos Farizano, quienes lo convencieron de que la ley resultaba absolutamente contraproducente porque fomentaba los juegos de azar y la instalación de casas de apuestas.
Con picardía, los caciques de la UCR intentaron meter una cuña entre sus socios con un tema «sensible» a la ética frepasista y, de paso, sumar adhesiones a su «cruzada». La maniobra tuvo cierto efecto y casi termina en escándalo. Frente a Ibarra, Alessandro admitió que había «dado un paso en falso», ya que desconocía el espíritu de la norma. Por ejemplo, no sabía que el proyecto oficialista pretendía combatir la clandestinidad, además de «cerrar» (aunque suene testimonial) la ruleta flotante, un símbolo de la cultura menemista, a ojos del chachismo.
Royalties
A la espera de que Gustavo Béliz y sus amigos vuelvan a reclamar la clausura en las próximas semanas, el jefe de Gobierno podrá cobrar royalties al barco para asistencia social. Previsor, le preocupa la forma en que el casino -que ganó $ 80 millones en el último ejercicioceda al Estado en el 2001 un porcentaje mayor al actual, que ronda 20%, cuando la media internacional es de 80%. Ibarra hizo cuentas y descubrió que es vecino de uno de los casinos más rentables del mundo.
Tanta confusión -zanjada a puertas cerradas-casi termina salpicando al propio fundador del Frente Grande. Hábil, Alvarez intenta guardarse un as en la manga, pero sin meterse en la discusión que protagonizaron Ibarra y Alessandro. Sus objetivos están por encima de esa interna y cerca del marketing anti-corrupción.
Si su relación con Fernando de la Rúa termina de resquebrajarse, retomará la bandera de la ética y saldrá a recordar que el radicalismo -que le hizo cometer un error a su «hermano Darío»- es el principal responsable de que el casino flotante siga funcionando. En la Casa del Frente, guarda una copia del diario «El País» de Madrid con una investigación sobre los dueños del barco.
La historia de esta controversia, comenzó a pocas horas del debate en el recinto. En ese momento, Alessandro envió a los legisladores un mensaje por escrito en el cual recomendaba no votar la iniciativa. La embestida quedó bastante tapada por la otra puja más mediática con el radicalismo. Pero la carta cayó como un baldazo de agua fría para Ibarra, principal promotor del proyecto.
Lo que más le molestó al jefe de Gobierno fue la trascendencia pública que tuvo la carta, ya que la bancada frepasista del ex Concejo Deliberante había sido disciplinada por Ariel Schiffrin. Ni siquiera Sandra Dosch, una alessandrista ortodoxa, leyó las recomendaciones de su referente partidario. Ibarra también se encrespó por la posibilidad de que las palabras de Alessandro sonaran a letra de Chacho. Evidentemente, cada vez que el alter ego de Alvarez abre la boca se presume que lo hace en nombre del ex vicepresidente.
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