Cavalieri presionado para quedarse en CGT
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Armando Cavalieri y Hugo Moyano
Martínez, Rodríguez, Lingieri, los tres « independientes» que ayer se encontraron con Cavalieri, casi aplauden la medida: ellos también detestan a Moyano, pero son prudentes, saben que el gobierno dio la orden de estar con él.
Este criterio es imprescindible para comprender el encumbramiento de Moyano. A primera vista, por la gestualidad agresiva de este gremialista, podría suponerse que se trata de un arranque de autonomía de la CGT ante el gobierno. Pero, en rigor, cuando eligen al camionero, los sindicalistas están eligiendo a un lobbysta, alguien que pueda conectarlos mejor con el poder de turno. Sobre todo con Julio De Vido, que está unido a Moyano por más de un pegamento.
La prueba de que éste es el impulso que rige los movimientos sindicales se puede encontrar, casi de manera caricaturesca, en la reciente experiencia de ENARSA, la empresa de energía fundada por el gobierno. Al tratarse de una sociedad nueva, debe resolverse cuáles son las organizaciones en condiciones de celebrar convenios con la empresa. Y esa facultad recayó en la Comisión Arbitral con la que «corren» a Cavalieri. Reunidos en torno a una mesa, varios gremialistas presididos por Moyano eligieron a los sindicatos que entrarían en ENARSA (para la mayoría de los peronistas, sobre todo el universo laboral, se trata de una nueva YPF, con contratos, negocios satelitales, nombramientos, proveedores amigos, etc.). Fue así que se realizó una lista de beneficiarios. Algunos, bastante obvios: el sindicato del gas o los petroleros del Estado (SUPE); otros menos evidentes, como los camioneros ( aunque hay que suponer que esta energética contará con algún camión); y, los más, sencillamente disparatados. En efecto, se propuso que firmaran convenio con ENARSA los taxistas de Omar Viviani, los garajistas de Juan García o los aduaneros de Carlos Sueyro, por el sólo hecho de ser amigos de Moyano y figurar en la comisión que decide.
De Vido recibió la propuesta, pero, generoso, no puso el menor reparo: «Son amigos», habrá pensado. Lo cierto es que sólo si se comprende esta jugada por la cual Moyano sirvió de puente para el aterrizaje de buena parte de la CGT en el que, se supone, será el negocio más apetecible que ofrece hoy el Estado, queda clara la división actual de la central obrera. La provocaron los que se quedaron afuera, algunos tan indignados como los representantes de Luz y Fuerza, que tienen más que ver con el negocio de la energía que un conductor de taxi. Son estos desplazados, en general «gordos», los que se sublevaron contra Moyano y buscan ahora levantar un distrito, el porteño, en contra del nuevo monarca.




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