23 de junio 2005 - 00:00

Cavalieri presionado para quedarse en CGT

Armando Cavalieri y Hugo Moyano
Armando Cavalieri y Hugo Moyano
La «coronación» está prevista para el martes próximo: Hugo Moyano quedará al frente de la CGT como único secretario general. No es una novedad. Lo que sí resulta inesperado es que, en el consejo directivo que lo circunde, esté también sentado Armando Cavalieri. Como Rafael Bielsa a su candidatura de diputado, «el Gitano» se abrazará a ese cargo no porque le guste, sino porque cumple órdenes. O, mejor dicho, porque le mostraron el infierno si es que no se allana a legitimar con su presencia el nuevo gobierno del camionero.

Los otros dos «gordos» importantes, Oscar Lescano (Luz y Fuerza) y Carlos West Ocampo (Sanidad), resolvieron abandonar la conducción de la central obrera. O sea, seguirán pagando la cuota -por decirlo en los términos en que ellos mejor lo entienden, los del dinero-, pero no convalidarán la política del camionero. Cavalieri tomaba la misma ruta hacia la puerta hasta que lo detuvieron en la salida. La demora fue muy instructiva y permitió varias reuniones (la última se celebró ayer a la tarde) en las que varios «independientes» le explicaron lo que le sucedería si se desentendía por completo de la vida interna de la CGT.

La lección fue bastante simple. José Luis Lingieri, Gerardo Martínez y Andrés «Centauro» Rodríguez le explicaron a Cavalieri que debía estar atento a lo que suceda en adelante en la «Comisión Arbitral» donde se deciden los encuadramientos sindicales. Es la comisión que preside el grecorromano Oscar Mangone y está encargada de definir a qué gremio deben afiliarse los trabajadores según su actividad. En otras palabras: define hacia dónde van los aportes sindicales y, detrás de éstos, los de las obras sociales. Es un comité tan importante que a Mangone ya no lo llaman «gordo» sino «Don Oscar» entre los gremialistas.

Cavalieri es quien más conoce el rigor de ese equipo que demarca las jurisdicciones de los sindicatos. Tanto que está todavía peleando una medianera con Moyano en el caso de Supermercados Coto. El camionero pretende que los empleados de logística pertenezcan a su gremio, aunque la actividad principal de los supermercados sea el comercio. Antes le habían rebanado, con un criterio similar, a los «logísticos» de Carrefour. El razonamiento que escuchó «el Gitano» de sus colegas ayer, y en todos estos días, fue: «Armando, si te vas, hay más de 50 gremios que creen tener derecho sobre afiliados que hoy aportan a tu caja. Sos el único que puede defender a Comercio de esas pretensiones».

Cavalieri duda en cruzar o no la puerta de salida con los demás «gordos» (los ya nombrados Luz y Fuerza y Sanidad, además de Telefónicos, SMATA, Unión Ferroviaria, La Fraternidad, etc.). Pergeña, con ellos, una respuesta igualmente agresiva: armar una Regional Capital de la CGT que tendría su propia conducción y un peso político capaz de vaciar de contenido los movimientos que realice Moyano desde la conducción nacional.

• Impulso

Martínez, Rodríguez, Lingieri, los tres « independientes» que ayer se encontraron con Cavalieri, casi aplauden la medida: ellos también detestan a Moyano, pero son prudentes, saben que el gobierno dio la orden de estar con él.

Este criterio es imprescindible para comprender el encumbramiento de Moyano. A primera vista, por la gestualidad agresiva de este gremialista, podría suponerse que se trata de un arranque de autonomía de la CGT ante el gobierno. Pero, en rigor, cuando eligen al camionero, los sindicalistas están eligiendo a un lobbysta, alguien que pueda conectarlos mejor con el poder de turno. Sobre todo con Julio De Vido, que está unido a Moyano por más de un pegamento.

La prueba de que éste es el impulso que rige los movimientos sindicales se puede encontrar, casi de manera caricaturesca, en la reciente experiencia de ENARSA, la empresa de energía fundada por el gobierno. Al tratarse de una sociedad nueva, debe resolverse cuáles son las organizaciones en condiciones de celebrar convenios con la empresa. Y esa facultad recayó en la Comisión Arbitral con la que «corren» a Cavalieri. Reunidos en torno a una mesa, varios gremialistas presididos por Moyano eligieron a los sindicatos que entrarían en ENARSA (para la mayoría de los peronistas, sobre todo el universo laboral, se trata de una nueva YPF, con contratos, negocios satelitales, nombramientos, proveedores amigos, etc.). Fue así que se realizó una lista de beneficiarios. Algunos, bastante obvios: el sindicato del gas o los petroleros del Estado (SUPE); otros menos evidentes, como los camioneros ( aunque hay que suponer que esta energética contará con algún camión); y, los más, sencillamente disparatados. En efecto, se propuso que firmaran convenio con ENARSA los taxistas de Omar Viviani, los garajistas de Juan García o los aduaneros de Carlos Sueyro, por el sólo hecho de ser amigos de Moyano y figurar en la comisión que decide.

De Vido recibió la propuesta, pero, generoso, no puso el menor reparo: «Son amigos», habrá pensado. Lo cierto es que sólo si se comprende esta jugada por la cual Moyano sirvió de puente para el aterrizaje de buena parte de la CGT en el que, se supone, será el negocio más apetecible que ofrece hoy el Estado, queda clara la división actual de la central obrera. La provocaron los que se quedaron afuera, algunos tan indignados como los representantes de Luz y Fuerza, que tienen más que ver con el negocio de la energía que un conductor de taxi. Son estos desplazados, en general «gordos», los que se sublevaron contra Moyano y buscan ahora levantar un distrito, el porteño, en contra del nuevo monarca.

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