13 de agosto 2004 - 00:00

CGT archivó pelea interna para reclamarle a Kirchner

La CGT intenta, rápidamente, como puede, archivar la primera crisis de la nueva conducción, generada por la visita de Raúl Castells a Hugo Moyano con un incidente mayor que, esta vez, los encuentra juntos: la decisión del gobierno de anunciar un aumento de sueldos y jubilaciones sin coparticipar a los caudillos gremiales.

Los jefes de la CGT no les llevaron esa queja a Rafael Bielsa ni a Carlos Tomada, ministros con los que se citaron ayer; pero en la reunión de Consejo Directivo del miércoles, post Castells, ése fue el reproche que más se escuchó. Y no hubo divisiones al respecto.

En rigor, apenas trascendió el aumento a jubilados, en la CGT empezaron los comentarios ásperos contra Kirchner. Esa solicitud -como parte de un petitorio más amplio y pretencioso- la habían llevado en su primer encuentro con el Presidente, el martes siguiente a la jura del triunvirato.

Pero, cuando a la suba a jubilados se agregó el indicio de que se otorgaría un incremento para los trabajadores del sector privado, el malestar estalló.

• Enojo

«¿Para qué va a convocar al Consejo del Salario si ya anunció un aumento?», se preguntaron, con idéntico enojo, en charlas individuales con este diario un cacique sindical de la línea Moyano y otro, de indudable peso específico, del sector «gordo».

Si, efectivamente, como presumen los cegetistas, el gobierno convoca al Consejo del Salario para el 20 o 21 de agosto, ¿por qué 10 días antes anunció un aumento para jubilados y dos días después dejó trascender que impulsaría una suba a los trabajadores privados?

En rigor, el enojo fue con Alberto Fernández, quien reveló que el gobierno evaluaba otorgar un incremento de $ 50 a los empleados del sector privado. Aunque Tomada ayer bajó el tono y se escabulló en eufemismos, es un hecho que el gobierno ya tomó la decisión.

• Propuesta

Por eso, en las oficinas de Azopardo, el miércoles, luego de pactar la paz en torno al incidente con Castells, se apuraron a discutir sobre qué propuesta le llevarán al gobierno respecto de un incremento salarial.

Partirán de una base:
«Los aumentos, tanto a jubilados como a privados, no son suficientes», coincidieron, molestos, los voceros gremiales.

Incluso, como reflejo de ese malestar, se manejó la posibilidad de convocar al Comité Confederal para iniciar el bosquejo de un plan de trabajo para acercarles a
Tomada y, por su intermedio, a Kirchner.

Para sumar incomodidades, el Presidente le abrió la puerta de la Casa Rosada a la CTA de
Víctor De Gennaro. Ese encuentro, según el prisma De Gennaro, implica que para Kirchner no existe una sola central obrera, sino dos. El estatal conoce las palabras precisas para molestar a sus primos.

Apremiados por esos dos hechos,
Susana Rueda y José Luis Lingeri -integrantes de la cúpula de la CGT junto con Moyano-se dedicaron a descomprimir las tensiones en torno al encuentro entre el camionero y el piquetero Castells.

«Tenemos que incluir a los dos millones y medio de desocupados y al millón y medio de trabajadores semiocupados. Nosotros estamos abocados a cambiar esta realidad»,
moderó Rueda, que se había convertido en la más feroz antagonista de la tenida entre Moyano y Castells.

Lingeri
aportó su cuota: «El tema Castells ya fue superado» porque «para esta CGT, es una cuestión de preocupación la situación de todos los desocupados».

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