10 de octubre 2003 - 00:00

Chacho hace oficialismo de cable

La historia no juzgará a Chacho Alvarez por su rol como animador de TV. Ni aun cuando recaiga en las manías más tópicas del género como sentarse en un banco más alto que el de los demás, hacerse acompañar por un grupo de empleados a quienes interroga como Xuxa a sus «baixinhos», a quienes sienta en un nivel inferior, emitir un programa grabado (y no en directo, es decir sin emoción ni la sorpresa) o porque pida cortes con frases como que el tiempo es tirano. O porque haga una introducción que explota las posibilidades de la TV de decir algo sin decir nada. Por ejemplo, cuando presentó «El poder de las ideas» (título robado del libro de Isaiah Berlin) diciendo que «es un programa de cable que intenta mostrar lo que no sale en los diarios ni en la televisión abierta».

La historia juzgará a Alvarez por otras omisiones, que pudo sí enmendar en este retorno a la política que es el programa de Plus Satelital (va los miércoles a las 21, la misma hora que «Indomables», «Costumbres argentinas», «La peluquería de los Mateos» o «Son amores»). Así saludó uno de sus invitados el politólogo Franco Castiglioni esta reaparición del ex vicepresidente por las pantallas, como «un retorno a la política».

Con tanta y tan salvaje competencia, el espectador podía esperar algo más de esta intervención de Chacho, que pese al libro que publicó sigue sin explicar las bisagras más importantes de su biografía, entre ellas qué visión le hizo dinamitar el gobierno que asumió en 1999, abriendo la crisis más honda que ha vivido el país.

Tampoco explica qué meandro mental lo lleva de la rebeldía de sus mejores años (la transición de los '80 a los '90) a su actual intención de convertirse en un ícono del conformismo y el lugar común. «Tuve una buena reunión con Luis Pagani (titular de Arcor) porque vivimos en el capitalismo y sin empresas no hay empleo», dice para balancear los extremos verbales de sus invitados. Pero incorregible dice: «Tenemos que acordar con las empresas», sin explicar quiénes somos «nosotros» (¿los políticos, los ex políticos, los opinadores, los peronistas, los animadores de TV?).

Tampoco fue un gancho que el entrevistado estrella fuera el galaico Carmelo Angulo, que aporta muy poco. Y menos show, que es lo que pide la platea.

En nuevos envíos, este programa deberá evitar la enumeración que se escuchó en el debut de frases de anteayer pasadas de moda, que se repasaron a lo largo de la hora que Alvarez compartió con Castiglioni, el economista Nicolás Salvatore, y los también politólogos Florencia Grieco y Juan Abal Medina (h). Angustió que tantos cerebros no pudieran saltar el cerco del lugar común y se dedicasen a cruzarse esas palabras arrojadizas que son «legitimidad», «actores», «consensos», «agendas», etcétera.

Fieles a las imposiciones del uso, « transversalidad» y «hegemonismo», se llevaron la mayor parte del tiempo, en particular esta última, que fue desglosada en dos, como el colesterol. Es decir
«hegemonía buena» y «hegemonía mala».

Como se trata de un programa oficialista, ganó la concepción del «hegemonismo bueno» que explicó Alvarez es el «hegemonismo para armar un gobierno» y que autorizó con frases del historiador Tulio Halperín Donghi. «Todos los gobiernos quieren ser hegemónicos, es normal», remató el experto Alvarez.

El intento de Alvarez es candoroso, acercar el mundo de la ciencia política que él tiene guardado en un
Centro de Estudios (CEPES) para que pasen sus verdades del libro a la pantalla. Candoroso porque el libro parece ir a la retaguardia de la actualidad que magnetiza a la TV. Hoy más bien estos centros de estudio y los libros -si no quieren llegar tarde-deben abrirse a lo que ofrecen hoy el periodismo y la TV.

Por eso el peso abrumador del lugar común en la rutina del ex vicepresidente. Si el programa de Plus Satelital estaba grabado, ¿cómo pudo el animador permitir que Salvatore pronunciase
«una crisis es siempre una oportunidad», la frase más gastada de los gacetilleros.

Como a todo programa hay que darle tiempo, pese a que el animador y productor no sea un debutante -Alvarez ha batido récords de estadía en estudios de TV-. Del cable se puede llegar a mucho, aunque haya pocos auspicios publicitarios (sólo tres, uno del gobierno, uno de UNICEF y otro del gimnasio de Palermo Chico que usa Alvarez para elongar sus músculos). Hasta ser vicepresidente aunque en este caso se cumpla la doctrina que acuñó hace años
Alejandro Dolina: «No salimos por TV porque hagamos ciertas cosas; todo lo que hacemos es para salir en TV».

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