Comentarios políticos de este fin de semana

Política

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

El columnista dice con cultura algo que se sabe en la Argentina tan materialista de esta época ante la aparición de cuantioso dinero imprevisto desde el exterior: que billetera derrota a galán, que es la versión de barrio de principios de filosofía política muy cínicos de Maquiavelo en «El Príncipe», al que cita Grondona con ilustración. Dice que Maquiavelo divide a los «príncipes» (gobernantes en definitiva) en 3 clases. Los hereditarios que correspondían hace 15 siglos pero que ahora, si se estila como en Europa, no tienen poder (pese a que no es tan descartable dentro de los propósitos del kirchnerismo para años sucesivos). Otra categoría son los «príncipes militares», que ahora también están en desuso, y los «príncipes civiles» con apoyo que Maquiavelo divide, en dos: «el pueblo», al que nunca hay que descuidar y «los grandes», que antes eran la nobleza, el clero y ahora son empresarios, banqueros, periodistas, medios de prensa y más. El «príncipe» no muy democrático puede ir deshaciéndolos día por día», que es lo que hace el gobierno, pero aconsejaba Maquiavelo «no todos al mismo tiempo». El gobierno ya pasó por militares, fuerzas de seguridad que obliga a actuar desarmadas, parte grande del periodismo, lo que llama «corporaciones», y luego uno por uno los jueces cuando se afirma que el otrora montonero y hoy recontrakirchnerista Carlos Kunkel ya tiene 9 jueces a decapitar apenas se disipe la polvareda. Grondona menciona a los que cedieron a Kirchner como «humillados a cambio de ser admitidos como nuevos reclutas del poder triunfante». Rescata que el cordobés Luis Juez y sus diputados «optaron la dignidad». Grondona incluye este párrafo: «La diferencia es que en tanto el príncipe aspira a concentrar la totalidad del poder, el magistrado republicano, por más poder que tenga, debe compartirlo con los demás magistrados. Con los legisladores y los jueces, por ejemplo.»

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».

  Lo dicho en el comentario inicial. El valor del comentarista esta vez consiste en haber estado con el Presidente (no se sabe si juntos, antes o después que Horacio Verbitsky, otro que en el tema de la reforma del Consejo de la Magistratura se opuso, en su caso saliendo de la «obediencia debida»). Lo describe bien el columnista a Kirchner, es muy normal, respetuoso y casi tímido privadamente frente a alguien que no es «propia tropa», pero desborda de alegría cuando destroza opositores y más aún cuando éstos gritan y gritan y son después destrozados. No se sabe qué quiso decir Ricardo López Murphy con sus palabras que «la oposición se rindió descalza y en calzoncillos». ¿Qué más podía hacer la oposición ante un gobierno que usa el dinero público como un estilete contra yugulares? Le compró con promesa de dinero para obras a los dos legisladores salteños del partido renovador, que hasta habían aparecido en una foto de toda la oposición contra la reforma. Este fin de semana se medía qué funcionario aportó más borocoteados hasta totalizar 33. Se coincidía que fue el ministro del Interior Aníbal Fernández, con el dinero de los ATN (Adelantos del Tesoro Nacional) y con la sutil presión de uno de los primeros convertidos, José María Díaz Bancalari, con quien el Presidente usó la misma táctica que ahora con López Murphy: una vez vencido en territorio bonaerense lo alabó.

Los principales conceptos del Presidente que hay que destacar son: «la oposición no propuso una modificación al artículo sobre las representaciones porque decían que era un ardid nuestro para que el proyecto volviera al Senado y se aprobara el proyecto original con los dos tercios». (Lógicamente se temió ese ardid, por lo tanto la oposición con lógica se jugó a que no reuniera los 129 votos que el gobierno necesitaba. Esto era una chance, lo otro era una certeza.) «Me gustaría dejar la Corte con siete miembros. Nadie puede explicarme nunca por qué es mejor que haya 9 jueces.» Sobre el tema papeleras explicó que su posición es «no quiero poner ni una coma en la tensión que hay. Mi vocación es que la Argentina siga siendo solidaria con Uruguay. Necesito 60 o 90 días más de parálisis en las obras y poner las cosas en manos de los mejores técnicos ambientalistas del mundo. Sesenta días no son nada. Tabaré Vázquez sigue siendo mi amigo y no quiero perjudicarlo. Uruguay cometió errores y la Argentina cometió el suyo, que es el corte de los puentes. Yo me opuse a los Hielos Continentalespleno a inversiones externas. Claro, no al precio de vidas argentinas.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Vale más por algunos conceptos que por su nivel informativo la nota ayer del columnista del monopolio. Por ejemplo, la definición de que a Kirchner doblegar a la oposición «lo excita» (la simultaneidad del comentario con el mismo apunte de Morales Solá hace temer que sea el mismo gobierno el que se flagela divulgando estos datos sobre la personalidad de su jefe).

Relativiza Van der Kooy las maniobras que, casi sin duda, llevó adelante el gobierno para conseguir la ley de la Magistratura. Atribuye el éxito de la votación a un factor más evidente: los peronistas siempre se subordinan a un Presidente propio que luce poderoso. Aunque les resulte bastante ajeno, como es el caso del santacruceño.

Otras acotaciones de la nota son más previsibles, aunque ciertas. Por ejemplo, que el crecimiento del PBI que se registra actualmente esconde inconsistencias que no resistirían un momento de menos bonanza.

En cambio, en otras afirmaciones Van der Kooy parece extraviarse. Por ejemplo, cuando compara a Kirchner con Carlos Menem en el tratamiento de la prensa. Aun cuando se equipararan los enojos de Kirchner con los de Menem (lo cual ya sería incorrecto), no se puede considerar que el trato que el periodismo le da al actual mandatario sea el mismo que le aplicó al riojano ni que éste haya intentado dominar a la prensa como lo obnubila al actual Presidente. Nada que ver uno y otro. Basta con confrontar la conducta del mismo monopolio «Clarín», para el que Van der Kooy trabaja, para advertir que aquella equiparación es improcedente, aunque, eso sí, «Clarín» les sacó ventaja a ambos y ataca sólo al que se fue. Ya habrá tiempo para Kirchner.

Otro extravío grave del columnista es decir que la prensa no debe «sentirse parte del sistema institucional» ya que para eso están los partidos políticos y que, tal vez, la debilidad de estos últimos lleva a los medios a confundir su rol. Una idea mal expresada pero también, en su fondo, incorrecta: aunque hubiera partidos fuertes, la prensa tiene derecho a expresar sus críticas o a señalar hechos auspiciosos, aun duramente. Y no por eso se la debe atacar como si fuera un partido en busca de poder (salvo cuando esas conductas a apología o destrucción se encaminan a conseguir prebendas, como ha sucedido en la historia de «Clarín»).

Finalmente, la nota menciona dos casos en los cuales Kirchner duda, sin determinar un camino a seguir claramente. Uno es el de la integración de la Corte: como otros columnistas del domingo, Van der Kooy sostiene que el Presidente podría dejar las dos vacantes actuales sin cubrir. El otro «laberinto» es el del conflicto con Uruguay por las papeleras de Fray Bentos: nadie quiere tensar más la cuerda pero, de los dos lados del río, nadie sabe cómo salir del conflicto que hoy por hoy no tiene solución.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».

El columnista quedó herido porque el gobierno -y el Presidente a quien asesora de manera informal en designaciones y otras medidas- por la aprobación de la ley de reforma del Consejo de la Magistratura a la que se opuso desde la ONG CELS que preside. Por eso incurre en una novedad poco frecuente; leerlo a Verbitsky criticando al gobierno, aunque en gesto mitigado por una crítica pareja a la oposición. El Presidente, dice, trató el asunto de «modo rústico», confirmó «sospechas de intencionalidad manipulatoria de la Justicia», echó mano de «socios impresentables» y le reprochó a Kirchner el «belicoso discurso presidencial».

Ese cuadro no sirve a la reivindicación de la oposición, a la que le reprocha «escasa relevancia cuantitativa y cualitativa» y «temor» a la hora de negociar alguna cláusula del proyecto que se votó.

Verbitsky seguramente ya habló de esto con el Presidente, porque reproduce dos informaciones que trae ayer también Joaquín Morales Solá en su diálogo con Kirchner: 1) que no habrá designaciones de más miembros de la Corte Suprema, que quedaría así integrada por 7 miembros; 2) que Kirchner le ofreció a la oposición negociar reformas al proyecto pero que se las rechazaron porque creyeron era un ardid del oficialismo para que el proyecto volviese al Senado y esta cámara insistiese en el proyecto original.

Como Verbitsky tiene su partido político propio, el CELS, aprovecha la columna para acercarle una minuta al Presidente con nuevos consejos para que atienda cuando redacte el decreto reglamentario del nuevo Consejo, y que recoge contenidos del documento «Una Corte para la democracia», redactado por esa ONG y algunas otras como Poder Ciudadano. En esa reglamentación, aconseja el documento, deberían asegurarse plazos para que no prescriban de oficio denuncias contra jueces, que los denunciantes de los magistrados puedan actuar en el jury como querellantes, que el Consejo opine en materia de política judicial, que tenga más manejo de los fondos de la Justicia, que se reduzcan los cargos designados a dedo y que los miembros tengan suspendida la matrícula para trabajar como abogados mientras dure su mandato. A propósito cita una frase imperdible de Miguel Pichetto dicha, presuntamente, a la arista Marcela Rodríguez, para justificar que haya consejeros que además litigan en tribunales: «¿Qué tiene de malo que la gente haga plata trabajando?».

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