14 de abril 2005 - 00:00

Comenzó uso de huelgas en la campaña electoral

La ola de huelgas que va ganando la calle parece tener una sola explicación: son los primeros signos de la campaña electoral. En la Casa de Gobierno y en el Banco Central, los activistas de la CTA (estatales) buscan candidatura y quejarse de que el gobierno les niega personería como central sindical. En Salta, los docentes se quejan en un conflicto que algunos ven que cuenta con el consentimiento de sectores del kirchnerismo, enojados por el apoyo del gobernador Juan Carlos Romero a los adversarios de la Casa de Gobierno en las elecciones que perdió el PJ en Santiago del Estero. En el conurbano de Buenos Aires, como lo hizo ya en Capital Federal, Hugo Moyano alienta huelgas de recolectores de la basura en municipios gobernados por duhaldistas que pujan hoy con el oficialismo de Kirchner. La queja es por el reclamo de indemnizaciones a las concesionarias de ese servicio, pero Moyano, en lugar de hacerles juicio, ordena no levantar la basura haciéndoles pagar el costo a los intendentes que no se encuadran con Olivos. Comenzó la campaña electoral.

Hugo Moyano
Hugo Moyano
La campaña preelectoral continuó ayer por la vía oblicua; la de los conflictos sindicales promovidos con finalidades políticas y proselitista. A media mañana de ayer, grupos de activistas de ATE, el gremio de Víctor De Gennaro, interrumpieron la calma en Casa de Gobierno y dieron un « palmerazo», una suerte de batucada en al patio de las Palmeras de la sede del gobierno que funciona casi como un clásico de la queja de los administrativos.

En Salta, los docentes siguieron de huelga en un conflicto que replica en el escenario nacional con tanto énfasis que el gobierno provincial sospecha que está fogoneado por meniobras con acento santiagueño. ¿Acaso el gobernador Juan Carlos Romero no alentó en la interna del PJ al empresario José María Cantos y, en la general, al radical Gerardo Zamora contra el kirchnerista José Figueroa? Es imposible que los voyeurs de la política dejen de creer que Romero está pagando con este conflicto la factura que contrajo al jugar una chance distinta de la del Presidente en esa provincia.

Ayer, en el conurbano, estalló de nuevo la guerra de la basura que alienta el filooficialista Hugo Moyano, que le reclama a empresas indemnizaciones -que podría discutir en Tribunales- con huelgas que le complican la vida a un puñado de intendentes duhaldistas que ya tienen sus problemas. Vamos por partes:

De Gennaro pasó en pocas semanas de ser una de las patas sindicales más firmes del oficialismo -llegó a poner a su economista de cabecera, Carlos Lozano, como diputado nacional por la Capital atado a listas kirchneristas en 2003- a ser un rabioso opositor. La causa es el rechazo del Ministerio de Trabajo a darle a la liga CTA (Central de Trabajadores de la Argentina) la personería como organización de tercer grado, algo que tiene sólo la CGT, central única.

• La protesta de ayer en la Casa de Gobierno tuvo la cortesía de hacerse en ausencia del Presidente (de viaje por Alemania), pero busca poner en el corazón de la administración la queja por la promesa incumplida de darle a la CTA un estatus semejante al de la CGT. Se la había hecho Kirchner al asumir como un reconocimiento a que esa liga gremial fue la primera en apoyar al santacruceño en sus pasos iniciales como candidato presidencial. La designación de Carlos Tomada como ministro de Trabajo fue ya una señal mala para la CTA, ya que este abogado hizo fama como experto en «libertad sindical» (en realidad, en cómo no dar esa libertad) defendiendo la posición de la CGT en las reuniones de la OIT en Ginebra. Esta doctrina es que debe haber una sola central sindical, porque, si no, se disipa la capacidad de negociación, y ha sido condenada sistemáticamente por la OIT como lesiva a democracia sindical.

• El mes pasado, Tomada le confirmó a la CTA esa doctrina argumentando que la ley de asociaciones profesionales no autoriza varias centrales sindicales. Con eso el gobierno, además, cumplió con la exigencia de la CGT llamada oficial que lo último que permitiría es perder la exclusividad en el ramo. Todo lo que no había hecho De Gennaro en defensa de sus afiliados le brotó de golpe para pelear el expediente. Similar propósito tiene la huelga que alienta el ceteísta Pellegrini, sindicalista del Banco Central, para ingresar en las listas de candidatos a diputados nacionales por el kirchnerismo.

• Por el conurbano reapareció, además, otra corriente de protestas que tienen terminal en la puja política del peronismo. El jefe del sindicato de camioneros,
Hugo Moyano, desató una huelga en el municipio de Avellaneda, que conduce el duhaldista Baldomero Alvarez, en reclamo de indemnizaciones para el personal de recolección de la basura en razón de haber cambiado -según el sector de la concesionaria- la razón social de la empleadora. Según Moyano, cuando se producen cambios de esta naturaleza, la nueva empresa debe pagar indemnizaciones al personal, aunque continúe empleada.

• El planteo que les hizo Moyano el mes pasado a las empresas de la Capital Federal le costó un dolor de cabeza a Aníbal Ibarra, el mismo que tuvo ayer el duhaldista « Cacho» Alvarez con la Ciudad llena de basura. Aunque la huelga es contra la empresa (un grupo español que es concesionario del servicio desde hace varios años y que cambió su denominación), el costo lo paga el intendente, que es, además, secretario general del PJ de Buenos Aires.

¿Casualidad? Causalidad, le respondería Moyano en frase de predicador (el sindicalista es pastor evangélico). El jefe de la CGT juega en política, entra y sale de Casa de Gobierno -no tanto como hace seis meses, es cierto- y cumple misiones con propósitos no estrictamente sindicales. Ayer le agregó un problema al duhaldista Alvarez. Este se lo endosa a la empresa, pero la basura sigue sin levantarse. Lo mismo le hizo este Moyano ya a Hugo Curto en Tres de Febrero, le plantea situaciones similares al anibalista Sergio Villordo en Quilmes (donde se enfrenta con el Concejo Deliberante, pero por otras cuestiones como esto de que quieren estatizar la basura, algo que enoja al privatista Moyano), a Manuel Quindimil en Lanús y en otros municipios en los que hay cambios en las empresas concesionarias. Como en Capital Federal Moyano logró un acuerdo para cobrar una parte de la indemnización, el sindicalista no tiene ningún interés en llevar el asunto a los tribunales reclamando judicialmente a las empresas. Cree, en la Argentina de los piqueteros, que la calle paga mejor y, con un paro de recolección, logra mucho más que con los abogados. Y, además, se hace una changa política.

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