19 de mayo 2006 - 00:00

Cómo ayuda el gobierno al mejor momento de Carrió

Elisa Carrió
Elisa Carrió
Elisa Carrió está, sin duda, en su mejor momento. No por la intención de voto que le dan las encuestas para las próximas elecciones presidenciales, pero sí por el arsenal político para explayarse que le dan un gobierno hegemonista como el de Néstor Kirchner y una oposición agónica que no enfrenta al oficialismo. Así comenzó a desarrollar su crítica en el plano que mejor puede jugar: los desvíos institucionales y las sospechas en el manejo de la cosa pública.

El miércoles pasado Carrió dio dos muestras claras de ese relanzamiento personal que parece encarar. Por la tarde capitalizó toda la imagen negativa que el kirchnerismo no pudo evitar en el recinto de Diputados durante la sesión donde se removió a María del Carmen Alarcón de la presidencia de la Comisión de Agricultura. Por la noche, hizo escuchar por primera vez, públicamente, los resultados de una investigación del ARI sobre el mercado del petróleo en la Argentina y, de paso, lanzó su candidatura presidencial para 2007 (ver diálogo en Contratapa).

  • Incógnita

  • Si el ARI va a capitalizar o no en votos esta nueva embestida de Carrió es una incógnita, ya que en otras ocasiones la imagen de la jefa de ese partido se ubicó en un carril distinto al de su estructura. Pero en el recinto de Diputados ya demostró que puede molestar más que cualquier otro opositor.

    Consiguió Carrió esa tarde golpear antes que nadie contra la oposición cuando se inició el debate. Y lo hizo con una medida casi inédita: presentó una cuestión de privilegio contra Alberto Balestrini. Mirándolo fijo, lanzó: «Señor presidente, vengo a presentar una cuestión de privilegio contra usted». En el kirchnerismo, acostumbrados a una obediencia debida pocas veces vista con sus jefes, no podían creer semejante osadía.

    Nadie puede pensar que Carrió esa tarde llegó al recinto a defender a Alarcón del embate de sus propios compañeros de bancada que ahora la relegaban por haber cometido el pecado de oponerse a la Casa Rosada. Por el contrario, sostuvo una posición de defensa institucional del manejo de la Cámara de Diputados ante el avance del Poder Ejecutivo: no existe otro terreno en el que se mueva mejor.

    Salvo por el que eligió más tarde por televisión para el lanzamiento de su candidatura. Carrió, en primer lugar, se despegó de cualquier posibilidad de acuerdo electoral: «El ARI va solo a las elecciones, no hace alianzas con nadie. Yo soy la candidata a presidente de mi partido».

    Esa posición no era novedad para nadie. Se sabía que la foto de Carrió junto al resto de la oposición del Congreso, incluido Mauricio Macri, el día en que se intentó unificar fuerzas contra la modificación del Consejo de la Magistratura, con seguridad iba a ser la última. De hecho, en la segunda convocatoria la arista mandó representación.

    Ese suma y resta que la aleja de Macri, incluso en iniciativas de defensa institucional, la acerca por otro lado a Ricardo López Murphy, al que considera «representante a la derecha decente». Es la misma simpatía que mantiene con el radical Roberto Iglesias, pero con el que tampoco armaría una alianza.

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar