19 de agosto 2005 - 00:00

Confunde más una crítica de funcionaria a Chávez

En el mismo momento en que el presidente de la Nación recibía en Casa de Gobierno al jefe de Estado venezolano, Hugo Chávez, con claras expresiones de simpatía, en otro lugar de Buenos Aires se llevaba a cabo un encuentro organizado por la Fundación Pent, en el que la jefa de Gabinete de Asesores del ministro de Defensa, Rut Diamint, definía la política oficial hacia Latinoamérica de esta manera: «Todos queremos terminar con la etapa neoconservadora, pero no lo queremos hacer ni desde una posición de terrorismo islamista ni desde una revolución chavista»; una comparación que desde una perspectiva ideológica opuesta pocos se atreverían a realizar. El primer orador fue el catedrático de la Universidad Simón Bolívar y de la Universidad Central de Venezuela José Machillanda, quien se refirió a la militarización de la política en su país, a la creciente pérdida de derechos políticos por parte de quienes no comulgan con la «revolución bolivariana», a las persecuciones a la oposición y a los ataques a la libertad de prensa por parte del régimen de Hugo Chávez.

Alarmaron algunas de las cifras que dio Machillanda como el éxodo de seiscientos cincuenta mil jóvenes profesionales en los últimos años. La atracción de la noche prometía ser el debate entre este disidente y la voz autorizada de un gobierno que se muestra amistoso y agradecido con Chávez como el argentino, pero Diamint sorprendió a la audiencia al decir que aunque se esperara de ella que polemizara con Machillanda tenía una visión crítica del gobierno venezolano, al que describió como una experiencia golpista de la peor modalidad: «populista» y «mesiánica».

Venezuela, dijo la funcionaria del Ministerio de Defensa, se ve afectada por la militarización de la política, de la sociedad, la cultura y por la constitución de milicias populares «manipuladas con objetivos poco claros, constituidas con la excusa de una eventual invasión norteamericana, que pueden ser utilizadas para cualquier cosa».

La militarización, dijo Diamint, no se supera sino por un proceso largo y complicado que requiere mucha voluntad política y mucho dolor. También criticó la compra desproporcionada de armamentopor parte de Chávez, en particular la adquisición de un millón de ametralladoras que altera el equilibrio regional. Chávez realiza un juego de confrontación e «intenta obligarnos a tomar partido a países con debilidades globales, a los que nos crea tensiones con naciones con las que no queremos confrontar», dijo Diamint, y agregó luego que Venezuela es una preocupación para la región, «a la que debemos encauzar dentro de los instrumentos regionales que tenemos». La gran inquietud que les quedó a los asistentes es que Diamint expresa -como jefe de asesores de José Pampuro- la opinión del gobierno, a menos que sea una disidente dentro del oficialismo. Será que el gobierno practica con Chávez una táctica opuesta a la que utiliza con el FMI, es decir una retórica benevolente, útil para obtener algunos millones «bolivarianos» pero que esconde graves prevenciones y desconfianza? Tal vez se trate de algo más simple: contradicciones sin remedio, consecuencia de la desorientación que genera la ausencia de un rumbo en política exterior.

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