Congreso anticipó la negativa oficial a ley contra indultos

Política

La sesión especial de Diputados que terminó en la madrugada de ayer para declarar a 2006 como «Año de repudio al golpe de Estado que sufrió nuestro país el 24 de marzo de 1976» terminó resumiendo, después de horas de debate, la posición del gobierno frente al futuro de algunos de los indultos decretados por Carlos Menem. Mientras el oficialismo se debatió en la Comisión de Asuntos Constitucionales sobre la necesidad de un decreto o avanzar en un proyecto de ley para derogarlos, más tarde en el recinto se confirmaron las verdaderas intenciones del oficialismo: ni lo uno, ni lo otro, sólo propiciar la declaración de inconstitucionalidad de los decretos por la vía judicial, algo que en el Derecho argentino sólo se habilita a pedido de parte y para cada caso en particular.

Después de un largo debate, y por si quedaban dudas, la kirchnerista Diana Conti se encargó de enrostrarles a todos los presentes que la discusión que habían mantenido -básicamente por presión del ARI y del radicalismo- por declarar la nulidad de los indultos en la sesión era una pérdida de tiempo en términos legales.

Esos cruces estuvieron matizados por el debate central para el que se había convocado a la sesión: la declaración en repudio al golpe.

La sesión tuvo de todo. Desde momentos álgidos hasta recuerdos que no dividieron al recinto. Como cuando
Remo Carlotto se tomó el tiempo de mencionar a cada uno de los diputados y senadores desaparecidos, a lo que muchos kirchneristas respondían a coro «¡Presente!», como en las marchas en Plaza de Mayo. Así nombró a Rodolfo David Ortega Peña, Diego Muñiz Barreto, Leonardo Betannin, Miguel Domingo Zavala Rodríguez, Mario Abel Amaya, Luis Carnevalle, Juan Figueredo y Guillermo Claudio Vargas, entre una larga lista.

En medio de esa instancia hubo también algunas curiosidades para los tiempos que corren. Como por ejemplo, las silbatinas y gritos de legisladores cuando a algún diputado se le ocurrió en su raconto histórico de las alternativas de la dictadura criticar las acciones que el grupo Montoneros desplegaba por entonces.

La primera víctima de esos reproches fue la neuquina
Alicia Comelli. No gustó, obviamente, que comenzara la historia de la degradación política argentina antes del golpe: «Tomo como punto de partida el golpe militar de 1966 encabezado por Onganía. Es ahí donde creo que hubo un cambio fundamental en la autoconcepción del actor militar, como encargado de poner fin a los problemas estructurales del sistema político argentino. Hubo un cambio nodal en la forma de mirar al distinto, de mirar al diferente», arrancó Comelli.

Lo que siguió fue intolerable para muchos oficialistas:

«Además, es la antesala autoritaria que sirve de e s c e n a r i o para que, a partir de los años 70, distintos grupos políticos escindidos de los partidos políticos encuentren en el uso de las armas un camino hacia un cambio revolucionario en la Argentina. Montoneros, FAR, FAP, Cambio Popular y la Triple A como fuerza paramilitar organizada desde el Estado son la evidencia de la conceptualización no política...»,
llegó a decir antes que comenzaran las protestas en la bancas. Aunque redondeó: «... y de acciones directas que reemplazaban el consenso y la lógica del accionar del Estado». Aunque siguió luego con un relato crudo de los crímenes de la dictadura, pareció que el ambiente había cambiado al escucharse ese primer discurso que ensayó una crítica a Montoneros.

• Silencio

La sesión continuó luego con discursos que convocaron densos silencios, como el de la arista Elsa Quiroz y el relato de su propia detención y tortura durante años -que terminó con una crítica a la política de derechos humanos del gobierno y una moción para que se votara la nulidad de los indultos-, o con otros también polémicos -para el gusto de los presentes- como el del demócrata mendocino Carlos Demarchi que recordó: «En este sentido, la consecuencia inevitable de tantos desencuentros fue la violencia de argentinos contra argentinos. Cada vez en mayor crecimiento, hasta estallar de modo terminal en la terrible década del 70 del siglo XX, donde bandos violentos intentaron atribuirse la representación del pueblo argentino, sin lograrlo nunca, aduciendo la defensa de valores populares pero negando la esencia misma de los valores democráticos». Esa referencia tampoco gustó en el kirchnerismo.

Hacia el final de la sesión llegaron los desencuentros mayores. Tanto
Patricia Vaca Narvaja como Miguel Balestrini -en el turno de la presidencia que les tocó- postergaron hasta último momento el pedido de la oposición -en boca de Quiroz- para someter sobre tablas el proyecto de nulidad de los decretos. El oficialismo no quería hacerlo y después de cruces con el radical Fernando Chironi y el arista Eduardo Macaluse entre otros, logró imponer primero la votación de la declaración formal de repudio y recién al final rechazar la nulidad de indultos.

Cinco minutos antes de ese acto,
Conti reveló la verdadera posición del gobierno: «Los indultos a los genocidas en la Argentina son inconstitucionales, aunque nosotros no los declaremos como tales. Según el sistema que nos rige, es el juez, en cada caso concreto -hasta llegar a la Corte Suprema-, el que debe señalar la inconstitucionalidad de las leyes y decretos».

En otro párrafo agregó: « Sería mentira que si hoy declaráramos que son nulos los indultos a los genocidas, mañana algún genocida -si todavía está libre, lo que no creo- podría ser metido en la cárcel», y remató: «Por lo tanto, podemos hacer o no nuestro gesto simbólico.

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