Los conservadores de la Capital Federal, nucleados en el Partido Demócrata, irán a internas el próximo domingo, donde se enfrentarán dos listas, encabezadas una por el diputado nacional Alberto Allende Iriarte y la otra por el ex concejal Roberto Azaretto. Les adjudican a los radicales decir con ironía que los conservadores porteños entran en una cabina telefónica. « Ahora que tenemos dos diputados electos en la Capital Federal, van a decir que entramos en el vagón de un tren; en los dos casos se equivocan», bromeó ayer un alto dirigente conservador. Como son sólo alrededor de 5.000 afiliados, el domingo se instalarán 4 mesas: una en Mataderos, otra en Colegiales, una tercera en la 20 (parroquia del Socorro) y la última en el local partidario de la calle Rodríguez Peña.
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Es una interna muy peculiar, alentada por el hecho de que después de muchos años, el Partido Demócrata porteño tiene dos diputados sentados en el Congreso: Allende Iriarte (cuyo mandato vence el 10 de diciembre próximo) y Juan Carlos Lynch, con mandato hasta diciembre de 2003. ¿ Por qué no se va a repetir una tercera vez?, se preguntan los conservadores.
Como el Partido Demócrata fue aliado en el '97 y en el '99 con el cavallismo de Acción por la República, los azares políticos los terminaron sentando en dos bancas. Allende Iriarte por la renuncia intempestiva de Guillermo Francos, y Lynch, cuando Alfredo Castañón renuncia a su banca para incorporarse al equipo de Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía. Una alternativa, esta última, que nadie hubiera imaginado en el '99: que Cavallo fuera ministro de Fernando de la Rúa y de la alianza UCR-Frepaso en el gobierno. Aunque se sabe que muchos de ellos lo siguen considerando indigerible políticamente.
Tanto Allende Iriarte como Lynch fueron candidatos en las listas de Acción por la República porque en ese momento ejercían la presidencia del partido. Y habían acuñado la excusa de que esa función los habilitaba para ser propuestos. La actual presidencia está en manos de Enrique Cossio, que no aceptó ser propuesto y mantiene cierto equilibrio entre las partes en pugna. Sin embargo, su negativa de alguna manera provocó esta interna de Allende Iriarte contra Azaretto.
• Principistas
Quienes acompañarán a Allende en la lista -la llaman «principista» y juran que son los que alguna vez siguieron el liderazgo de Emilio Hardoy son Isidoro Ruiz Moreno, Rosa Leyro Díaz de Newton (ex presidenta del partido en los años '70), Osvaldo Díaz de Sousa, Carlos Raimondi, Matilde Pérez del Cerro, Carlos Podestá y Elsa González Bergez, entre otros como Luis Montenegro, Angel Pacheco y Federico Ugarte.
Los conjurados en favor de Azaretto eligieron proclamar la lista hace una semana en el departamento de Elena Mitjans, una tradicional dirigente conservadora. Para que no hubiera dudas, Lynch tuvo a su cargo hacerlo, diciendo que «necesitamos en el Congreso un político de raza y experiencia», aludiendo a los años de concejal de Azaretto, cuando los demócratas iban a elecciones aliados de la UCeDé. Estaban allí brindando con champagne quienes integran la lista de precandidatos: Beatriz García Tuñón, Alfonso de Laferrere, Mercedes Isla, Guillermo Suárez Gache, Miguel Von Rosemberg y Marta Varela, además de Carlos Martínez, la legendaria (dicen) dirigente de la 20 Esther Zuloaga, Luis González Balcarce y Carlos Borzone (miembro de la Junta Electoral partidaria).
Pero Lynch no sólo lanzó a la liza interna la figura de Azaretto sino que también lo hizo con el candidato a senador nacional que impulsan los conservadores, el actual juez Julio Cruciani, a quien quiere convencer de que deje la Justicia. El mismo que, junto al escritor Jorge Asís, sigue reivindicando el uso de moños en lugar de corbatas.
El arribo esa noche del diputado Demócrata por Mendoza Gustavo Gutiérrez entonó al nominado, aunque todos siguen sin explicarse muy bien por qué ha terminado asociado a Elisa Carrió en el tema del lavado. Azaretto es un admirador de Cavallo y éste le prologó su biografía sobre Federico Pinedo, célebre político y economista conservador, denostado por los radicales de su tiempo.
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