14 de mayo 2004 - 00:00

Contar la historia requiere más de un enfoque

En hectáreas, si se concreta, será el 4o más grande en el mundo entre los renombrados, y en la Argentina podría reunir en su predio a prácticamente todos los museos de Buenos Aires. Referido a una sola etapa de la vida nacional, la década del '70, tendría en superficie cubierta 35 veces más que la destinada al Museo Histórico Nacional que representa 194 años de Historia Argentina desde 1810. Si con sus 17 hectáreas será, de concretarse el proyecto, el cuarto mundial en superficie, a su vez en metros cuadrados cubiertos pasará a liderar al mundo con 70.000. Más que el Louvre de París y el Museo del Prado en Madrid que redondean sólo los 55.000 metros cuadrados cubiertos. Las 12.000 víctimas de la represión ilegal, en su mayoría en el setentismo, tendrán mayor recordación en un museo que los 6 millones de judíos, víctimas inocentes de la barbarie nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Para el setentismo argentino serán 17 hectáreas mientras que el Museo del Holocausto de Jerusalén tiene sólo 14. Se generaliza la idea de que hay poca meditación en el gobierno al lanzar estos proyectos. En monumentos, mausoleos y estatuas cuando se exagera terminan mal en todo el mundo al rotar los vientos políticos.

1) El Louvre en París tiene menor superficie cubierta para sus obras que el proyectado museo en la ESMA. 2) Museo Hermitage en San Petersburgo, Rusia, uno de los pocos que superarán en el mundo al de la ex ESMA, en superficie. 3) El Museo del Holocausto de 6 millones de judíos en Israel, más pequeño que el de la Memoria de 12.000 desaparecidos en los 70 en la Argentina.
1) El Louvre en París tiene menor superficie cubierta para sus obras que el proyectado museo en la ESMA. 2) Museo Hermitage en San Petersburgo, Rusia, uno de los pocos que superarán en el mundo al de la ex ESMA, en superficie. 3) El Museo del Holocausto de 6 millones de judíos en Israel, más pequeño que el de la Memoria de 12.000 desaparecidos en los '70 en la Argentina.
Frente a cualquier hecho -desde ya también los históricos-, alcanzar la verdad posible requiere como mínimo dos puntos de vista y como máximo quizá los que se necesiten hasta el límite de no vituperarla. A lo sucedido en la década del '70 en la Argentina lo resguardaba un prudente olvido hasta el juicio histórico en años porque había sido judicializado, sancionado, amnistiado. Si se reaviva en estos días al setentismo, debe ser dando ese mínimo de dos versiones.

Olvido no significa para siempre ni para todos sino conveniente para contemporáneos de los hechos al efecto de permitir que éstos decanten y puedan ser escurridos de pasiones por historiadores que así brindarán versiones más fidedignas y creíbles a las futuras generaciones.

El matrimonio Kirchner en el gobierno decidió que no sea así, que el setentismo sea actualizado con los protagonistas en esa época fuera del Estado y hoy dentro. Es más un juego de pasiones que de verdad histórica que, además, puede ser mal interpretado como venganza, frustración por una derrota, arrepentimiento por incitaciones a luchar que terminaron en muerte, remordimiento por traiciones cometidas o vergüenza por actuaciones no concretadas. Difícil es saber dónde se ubican en ese panorama de posibilidades el matrimonio Kirchner, Horacio Verbitsky o Hebe de Bonafini, para citar sólo algunos de los impulsores actuales del revisionismo que ven lo pasado quizá con un solo ojo, el izquierdo.

Sobre los hechos de los '70 hay dos principios que recogerá la Historia cuando la analicen imparciales: uno es que hubo un intento extremista por usurpar antidemocráticamente el gobierno, violar la Constitución nacional y sojuzgar por la fuerza a la población. El otro es que hubo una represión que correspondía en un Estado de derecho pero ilegal por la forma brutal en que se hizo. Debemos hablar, entonces, de represión ilegal, no sólo de «represión» porque esta correspondía, sin duda, pero no tuvo que ser con barbarie, sangrienta, sin leyes, aprovechando la mayor fuerza del Estado poniéndose a la altura de subversivos equivocados y también sangrientos.

En un lado había Fuerzas Armadas, cuarteles, policías, comisarías, cárceles, dinero, las leyes a su favor. Se pudo y debió defender al Estado sin excesos aunque fuera más fácil moverse con confesiones fruto de torturas. Tampoco sumando al triunfo ensangrentado la aberración extra de disponer del destino de los hijos de los vencidos, como no se dio en las más horrendas guerras, aunque en todas hay excesos.

Hoy se pretende reactualizar todo eso pero con parcialidad. Como si no estuvieran mal los excesos de los subversivos de esos años sino solamente haber defendido al Estado, ignorando que si esos subversivos hubieran triunfado ellos también hubieran cometido actos de barbarie, desde fusilamientos a negar la libertad, la democracia, la prensa libre o el voto al pueblo, como lo negó el castrismo en Cuba.

No se justifica aquella feroz represión con ilegalidad pero enfrente había barbarie también. Hoy se pretende erigir un museo en la ESMA a los vencidos de los '70. Este diario ya dijo que será un «museo al rencor» para que nada cicatrice entre los argentinos. Contendrá una sola presunta verdad, la de los vencidos de entonces, por lo cual será una parcialidad absoluta.

En consecuencia, hemos decidido publicar también la visión del «otro lado», de los que hoy no son gobierno. Para buscar dos puntos de vista mientras se espera el juicio de la Historia. Es para aquellos, jóvenes sobre todo, que quieran enterarse ahora de ese otro enfoque de la verdad oficial de estos días.

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