Cristina Kirchner pretende darle un toque internacional a su campaña electoral. Por eso mañana partirá rumbo a los Estados Unidos para inaugurar una muestra sobre Eva Perón. Nadie podrá decir, entonces, que renuncia al sentimiento peronista: allí estará la senadora, alentando la exposición «Evita: up close and personal», en Los Angeles.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La esposa del Presidente cumplirá con una agenda ligada sobre todo a instituciones de derechos humanos, en especial de la comunidad judía de California. Con la guía de Luis Kreckler, el cónsul en Los Angeles, visitará al alcalde Antonio Villarraigosa -el primero de origen hispano-, mantendrá entrevistas con dirigentes de derechos humanos como la argentina Ana Deutsch y con los rabinos Martin Hier y Abraham Cooper. También dará entrevistas a la prensa, algo que suele hacer solamente en el exterior.
Contra lo que hacía prever su discurso del jueves pasado, en La Plata, en el que reveló una desconocida afición al cine, no visitará Hollywood. La referencia a «El Padrino», con quien identificó subliminalmente a Eduardo Duhalde, agradó mucho a sus seguidores. Y enojó a los del ex presidente, uno de los cuales comentó el sábado en la quinta de San Vicente, donde se lanzó Chiche Duhalde: «Si ' Negro' es el padrino, ella es la nuera de Marlon Brando; ¿o de la mano de quien llegaron al poder?». Un argumento gracioso, que completó los dichos del presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño, quien dedicó el fin de semana a enumerar, en perjuicio del gobierno, las conclusiones que deberían sacarse de la comparación usada por Cristina: «Que renuncien González García, Pampuro, Lavagna y Aníbal Fernández, que fueron ministros de la supuesta mafia».
• Agresividad
El diseño general de la contienda, por lo que se advirtió durante el fin de semana, parece ya establecido: el gobierno mantendrá sus niveles de agresividad, como demostró Alberto Fernández calificando el papel de Duhalde como «miserable». Desde la otra vereda intentarán no contestar. Temen aparecer enfrentados a un gobierno con popularidad que, además, adoptó para sí el discurso de Fernando de la Rúa y Adolfo Rodríguez Saá, según el cual el duhaldismo es una especie de mafia que se traga los gobiernos.
Por eso, los seguidores de Chiche se abrazarán a la consigna «Somos el PJ» (ayer Alfredo Atanasof calificó a la candidata de su sector como «la única postulante del peronismo») e intentarán desmentir cualquier imputación que los presente como obstruccionistas.Kirchner les facilitó la tarea, si se quiere, cuando dijo que el Congreso no le aprobó todavía la Ley de Educación Técnica. «La responsable es la presidenta de la Comisión de Educación, Silvia Esteban, que es santacruceña y, además, no trató el proyecto del Ejecutivo, sino el del radicalismo», se enfurecieron los duhaldistas.
• Novedades
Aun así, no todo será contestar imputaciones y evitar los agravios. Hay algunos trasvasados a las filas del gobierno que tendrán novedades en la campaña. No son los titulares de los pases más llamativos, como José Pampuro, por ejemplo. Se trata de algunos ex duhaldistas de la línea media: es el caso de Sergio Massa, por ejemplo, a quien el titular del bloque de diputados, José María Díaz Bancalari, se la tiene jurada por estar armando el kirchnerismo en su segunda sección electoral.
Díaz Bancalari es quien más sufre el nuevo combate: es íntimo amigo de Aníbal Fernández y de Ginés González García, dos «ex integrantes de la mafia», como diría el gracioso Camaño.
Más allá de la irritación y de los esfuerzos por no aparecer como opositores al gobierno, los duhaldistas viven una situación extraña. Desde hace mucho tiempo no respiran el aire de la oposición, cansados de ser oficialismo en el distrito. Se notó algo de eso en los detalles del acto organizado en la quinta de San Vicente: Duhalde llegó y no tenía un lugar preparado para ubicarse, el micrófono con el que habló Jorge Villaverde (pronunció el mejor discurso de lo que va de la campaña, cualquiera sea el sector que se observe) debió ser cambiado por uno que funcione, la tarima era demasiado baja y los concurrentes competían, silla en mano, por ubicarse en un lugar más favorecido. Sin embargo, a Carlos Caterbetti, el encargado de toda esta logística, no le sucedió lo que a Enrique «Pepe» Albistur, a quien Cristina corrigió despiadadamente por haberla mencionado en el cotillón del Teatro Argentino como «Kirchner» y no como Fernández.
Eso sí, los duhaldistas han elaborado una campaña con un discurso deliberadamente estudiado, cuentan con el publicista Joao Santana que vino desde Brasil a estudiar una estrategia adecuada para lo que revelan las encuestas y designaron un jefe de campaña -Juanjo Alvarez- astuto y conocedor del territorio. Son recursos que faltan del lado kirchnerista, donde el comando electoral está reducido a pocos funcionarios en Olivos, dejando a la «tropa» bonaerense sin instrucciones precisas en cada distrito.
Deficiencias que seguramente se corregirán cuando Cristina regrese de su homenaje a Evita en California.
Dejá tu comentario