Cristina ve a Lula como salvador energético, y freno de Chávez
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Los números son claros: por convenio, Bolivia debería enviar al país 4,5 millones de metros cúbicos diarios, pero en enero remitió, en promedio, 2,7 millones. Se estima, además, que el volumen podría caer a 1,5 millón y hasta ya habría habido envíos de 1,3 millón.
Es más: las importaciones argentinas de gas e hidrocarburos licuados desde Bolivia se redujeron casi a la mitad entre 2006 y 2007. Según datos recopilados por la Consultora abeceb.com, se pasó de 243.302.437 dos años atrás a 139.288.952 el último año.
En cambio, La Paz respetó el Acuerdo de Provisión de Gas sellado con el gobierno de Lula, que estipula un volumen de entre 28 y 31 millones.
La alternativa, que estudian técnicos de los tres gobiernos -el vicepresidente boliviano visitó Brasil, Alvaro García Linera- es que en un gesto político Brasilia ceda parte de su volumen para compensar el faltante de la Argentina, que ronda entre 50% y 75% del volumen pactado.
Aunque sería una salida de corto plazo, Cristina de Kirchner podría mostrarlo como una señal positiva en el vínculo con Brasil. ¿A cambio de nada? Lula no quiere despedirse del gobierno sin lograr para su país un sillón permanente en el Consejo de Seguridad.
Un «paraguas» parece excluir ese asunto del diálogo entre los dos gobiernos que no coinciden ponerse de acuerdo sobre una táctica común. Se explica: Brasil se considera con derecho a ese sitio, como ocupante único, mientras la Argentina propone que el cargo sea rotativo.
De regreso al tema energético, en su visita de noviembre a Brasil de Kirchner acordó con Lula que en la cumbre siguiente, que será la semana próxima, anunciarán la construcción de la represa hidroeléctrica binacional Garabí, sobre el río Uruguay, a la altura de Corrientes.
La obra, que costaría entre 1.500 y 1.700 millones de dólares, generaría el equivalente a 9% del consumo argentino. En medio del plan de ahorro de energía, Cristina de Kirchner espera poder anunciar esa megaobra tanto como la asistencia excepcional de Brasil.
La cuestión energética, aunque prioritaria, no será la única: hay una agenda económica que contempla abandonar el dólar en el comercio bilateral y, cruzando todo, el factor político, que busca reforzar el eje Brasilia-Buenos Aires tomando distancia de Caracas.
La prehistoria de esa sintonía se remonta a noviembre cuando Cristina de Kirchner visitó Brasil en su primer viaje al exterior tras ganar las elecciones y acordó con Lula una mecánica de dos citas anuales para profundizar el vínculo.
La primera será en Buenos Aires entre el 21 -Lula llegaría la noche del jueves- y 23 de febrero.
Además de lo gestual -planea asistir y dar un mensaje ante el Congreso, por lo cual deberán despabilar a los legisladores el fin de semana, y visitar la Corte Suprema- Lula tendrá dos encuentros oficiales con la Presidente y, quizá, una cena en Olivos el jueves 21.
En tanto, su canciller, Celso Amorim, estará en la semana en Buenos Aires para participar del encuentro Mercosur-Países Arabes. Su presencia servirá para redondear una serie de avances sobre los que trabajan comisiones bilaterales que van desde la cooperación nuclear y espacial hasta investigación en nanotecnología.
Con demora, ambos países trabajan para dejar de lado el dólar como moneda de intercambio comercial y, en paralelo, comenzar a utilizar el peso y el real.
El problema, según los especialistas, es definir la paridad con que se regirá el comercio bilateral.
No es un dato menor en función del volumen: en 2007, le vendió a la Argentina por u$s 14.300 millones mientras que la Argentina lo hizo por u$s 10.400 millones.




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