Fernando de la Rúa, quien visitó la provincia de San Juan acompañado por Juan Pablo Cafiero, hizo declaraciones en el Aeroparque diciendo que «no ha habido ni una situación de tensión o de conflicto interno en el gobierno. Cafiero consideró importante viajar para tener una visión directa de la situación y así lo hizo. No fue a hablar con los que dirigen el conflicto sino con la gente, a ver lo que estaba pasando».
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Nadie quiere atribuirlo -mezquindades de la política- a la participación de Juan Pablo Baylac en el gabinete nacional. Pero debe reconocerse que el gobierno consumó ayer una de sus más eficientes operaciones de prensa desde que asumió el poder. Es cierto que el destino de la misma fue, como en cualquier operación de prensa, desviar la atención y ocultar la verdad, conductas que no se esperan habitualmente de los gobernantes. Pero esta administración es, a menudo, tan torpe que cualquier habilidad, aunque sea moralmente reprochable, resulta casi auspiciosa.
Las declaraciones del Presidente resultaron, por decirlo de alguna manera, llamativas. Porque nadie pensó que el conflicto que se desató dentro del gobierno se debió a que el ministro de Desarrollo Social visitó la provincia de Salta sin consultar a su jefe y violando la metodología de trabajo que había fijado el propio De la Rúa. Si bien eso podría haber generado algún cortocircuito, todo el mundo admite lo que De la Rúa dijo ayer, durante la conferencia de prensa del Aeroparque: «El gobierno actúa con espontaneidad».
Sin embargo, lo que abrió una nueva grieta dentro de la administración no fue lo que hizo Cafiero sino lo que dijo. El diario «Página/12» publicó este diálogo:
«Periodista: Ramón Mestre había pedido expresamente, después de hablar con el gobernador Romero, que no se negocie con los piqueteros.
Juan Pablo Cafiero: Que no hablen entonces con piqueteros de guante blanco. Si en la Casa de Gobierno, en las reuniones de caridad, aparecen los más grandes evasores de la Argentina, ¿yo voy a hablar con quien sea necesario? (sic). ¿Acaso hay dudas de que las calificadoras de riesgo son corruptas? ¿Y esos tipos no están en los despachos oficiales? ¿No hay alfombra roja para recibirlos? Que alguien me explique entonces por qué no puedo venir a una plaza a reunirme con piqueteros, que me lo digan. ¿Porque tienen armas? También en este gobierno se han recibido traficantes de armas que están bajo la Justicia, armas gruesas, 6.500 toneladas de armas.» • Escándalo
Las declaraciones de Cafiero originaron un escándalo dentro del gabinete, a tal punto que Patricia Bullrich creyó necesario salir al cruce de su colega diciendo que «detrás de su discurso social hay una típica maniobra de político, pero su posicionamiento político no debe hacerlo a costa del gobierno».
A diferencia de lo que sucedió con la titular de Trabajo, para De la Rúa las declaraciones de Cafiero no parecen haber existido. Una pena que para el propio Cafiero sí existieron tanto que ayer sostuvo no estar arrepentido con lo que había dicho porque «nunca falté el respeto al Presidente». Al parecer no es una falta de respeto decir que De la Rúa se reúne con traficantes de armas, una referencia que tal vez se dirija a Carlos Menem y sus dos encuentros con el gobierno.
Aun así, es comprensible que De la Rúa quisiera hacer creer que esas palabras no se dijeron. Es que Cafiero abrió un flanco poco conveniente por el que se colaron los Duhalde. Tanto Eduardo como su mujer, Chiche, respaldaron ayer la conducta del ministro, lo respaldaron por su sensibilidad social y, en el caso del candidato a senador por el PJ bonaerense, siempre lo hizo refiriéndose a «Juampi»: «Yo me animo a hablar de la soledad de Juampi», dijo Duhalde, quien se confesó conmovido por el viaje del ministro a Salta y, tal vez, por sus dichos.
En rigor, el Presidente estuvo más que preocupado con la actitud de Cafiero. A tal punto que el sábado convocó especialmente a Olivos a Rafael Pascual para que explique qué había detrás de un pedido de informes de los diputados del Frepaso sobre los fondos que desembolsó la SIDE mientras se negoció la Ley de Reforma Laboral (tema ligado a la causa de los sobornos que sigue el juez Gabriel Cavallo). De la Rúa creyó ver que esa movida legislativa, que acompañó con su firma Darío Alessandro, se articulaba con el viaje y los dichos de Cafiero. Pero no pudo corroborarlo del todo.
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