Fernando de la Rúa se entrevistará el 19 de abril próximo en Washington con George Bush Jr. Será un día antes de que comience en Québec, Canadá, la cumbre de presidentes de toda América que se considera clave para el futuro del sistema de libre comercio (ALCA). El presidente argentino será el cuarto de América latina que recibirá Bush Jr. (después del mexicano Vicente Fox, el colombiano Andrés Pastrana y el brasileño Fernando Henrique Cardoso). Para esa fecha ya se habrá tratado en Ginebra la cuestión de los derechos humanos en Cuba, tema en el que Buenos Aires se alinea con Washington. Por eso es que el encuentro se concentrará casi exclusivamente sobre el futuro del Mercosur.
El gobierno recibió ayer la confirmación de una cita en la Casa Blanca para Fernando de la Rúa: será el 19 de abril para un almuerzo con George Bush Jr. Es decir, un día antes de la cumbre de presidentes de toda América que se realizará en Québec, Canadá. El mandatario argentino será el cuarto del continente a ser recibido por el sucesor de Bill Clinton, siguiendo un riguroso escalafón que manifiesta el orden de las preocupaciones de Washington: primero, Bush Jr. visitó al mexicano Vicente Fox en su casa; segundo, le tocó al colombiano Andrés Pastrana; el tercero será el brasileño Fernando Henrique Cardoso, quien visitará las Casa Blanca el 30 de marzo.
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Al cuarto hombre en la escala de intereses de Washington le toca el 19 de abril, antes de que Bush Jr. tenga en la cumbre de Québec un encuentro con todos los presidentes de América. Una forma que encontró el anfitrión de distinguir al argentino después de que fracasase en diciembre la movida para una entrevista antes de la asunción en enero pasado. La paciente negociación entre Adalberto Rodríguez Guavarini y el secretario de Estado, Colin Powell, no logró que De la Rúa le sacase el turno a Cardoso, pese a que Brasil complica todo en el ALCA y se abstiene sobre los derechos humanos en Cuba.
El Presidente llegará a la cita con dos puntos fuertes en la agenda; uno, ya cerrado; y el otro, tan abierto como candente.
El que vendrá ya cerrado es el debate sobre los derechos humanos en Cuba. El 16 de abril, o sea, tres días antes de que de la Rúa ingrese en la Casa Blanca, se habrá votado en la comisión respectiva de la ONU con sede en Ginebra, Suiza, el informe sobre la situación interna bajo el régimen de Fidel Castro. Durante el inoportuno debate en que se vio enredado el gobierno en febrero pasado, el gobierno aliancista adelantó por boca de su presidente que la Argentina votará una condena a la situación de los derechos humanos en Cuba. No se sabe aún el contenido del informe de la comisión ante la cual la Argentina está representada por el diplomático Leandro Despouys; más aún, no se sabe si algún país presentará una propuesta de condena a Cuba. De todos modos cuando se siente a almorzar con Bush, De la Rúa le podrá asegurar que el alineamiento de Buenos Aires con Washington en este punto se mantiene impecable, como durante la década «carnal» de la administración Menem.
Doctrina
El segundo asunto que preocupa cada hora más al gobierno es la demanda de los Estados Unidos, de los organismos financieros internacionales y demás observadores externos sobre el futuro de la Argentina dentro del Mercosur. Esa platea tiene doctrina clara sobre el sistema de integración que une a la Argentina con Uruguay, Paraguay y Brasil: es una zona de desviación de comercio, es decir, de protección de una lista cerrada de negocios. La primera inquietud que le plantearon informalmente a Buenos Aires la semana pasada por organismos internacionales y los asesores de los fondos de inversión con intereses en la Argentina, apenas se confirmó el nombre de Ricardo López Murphy como titular de Econo mía, fue qué hará la Argentina con el Mercosur. El nuevo ministro está identificado fuera del país como crítico del Mercosur, a partir de los mismos argumentos que denuncian al sistema como proteccionista. Como el interés principal de la Argentina en ese sistema se centra exclusivamente en la difícil relación comercial con el Brasil, los críticos del Mercosur creen que un López Murphy funcionará como un disparador de la Argentina hacia una mejor relación con el ALCA. Es verdad que la Argentina no tiene la oferta de los EE.UU. de discutir un tratado de libre comercio, como la que tiene Chile en condiciones menos favorables, es cierto, que las que tienen México y Canadá. Pero el ejemplo de Chile, que el Uruguay de Jorge Batlle mira con más que simpatía, crece dentro del nuevo gabinete de De la Rúa. La pregunta sobre el Mercosur que encabeza cualquier pliego de inquietudes ante el gobierno argentino se la plantean ya desde hace rato a Rodríguez Giavarini. El canciller es víctima -un gaje menor del oficio diplomático-del doble discurso. Hacia afuera, lo más que admite es que la Argentina tiene que negociar ALCA desde el Mercosur. Hacia adentro, admite que la Argentina es rehén de un Brasil que le compra mucho, en especial la ferretería (se refiere al protocolo automotor), pero que le convendría mucho más abrir el juego.
El temor del gobierno, y de ahí que sus funcionarios como Rodríguez Giavarini estén forzados al doble standard, es una reacción que cree inminente de Brasilia pidiendo una definición sobre el Mercosur con argumentos más poderosos e inminentes que los que puede deslizarle Bush Jr. a De la Rúa sobre el ALCA.
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