El empresario Francisco de Narváez sigue llamando la atención por su dinamismo. De su primera profesión de fe en Mauricio Macri, pasó a adherir a Carlos Reutemann, después le encendió una vela a Ramón Puerta y terminó, en las oficinas de Juan Carlos Mazzón, a los pies de Eduardo Duhalde. Asistir al congreso de Lanús ya había sido una especie de rito de iniciación. Hubo un acercamiento final a Néstor Kirchner que no se consumó por el magnetismo de los «gordos» de la CGT, quienes tentaron a De Narváez con la postulación de Roberto Lavagna y la prórroga de las elecciones. Ya había rozado, tangencialmente, el planeta Carrió. Pero para dar la vuelta al mundo faltaba una estación: Carlos Menem. De esa copa acaba de probar el empresario, llevado al encuentro del riojano por un periodista amigable que lo acercó a Alberto Kohan. La novedad acaso se traduzca hoy en una primera manifestación pública, si Menem visita la fundación de De Narváez en Las Cañitas, como le prometió al empresario. Argentino hasta la muerte, diría Guido Spano.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario