24 de noviembre 2004 - 00:00

Del aula al gobierno, por la transversal

Carlos Chacho Alvarez
Carlos Chacho Alvarez
Soñó con correr a la plaza con el gorro rojo y hacer la revolución. Ahora debutará en la vida pública como heredero de Torcuato Di Tella en esa gerencia de las artes y las letras que es la Secretaría de Cultura.

Se pasó la vida jabonando alumnos en las aulas de aquí y allá.

«Pepe» Nun, hoy jubilado con un pingüe retiro canadiense, ha dedicado la última década a recorrer las avenidas en sentido recto y transversal tratando de desmentir que alguna vez trabajó con una subvención de la fundación Ford cuando era fronting de la CIA y pagaba el proyecto Marginalidad, del cual lo apartó Fernando Henrique Cardoso, hombre más venturoso. Llegó a ser dos veces presidente del Brasil, y terminó bien.

• Acercamiento

Se acercó al alfonsinismo en los '80, pero allí chocó con su adversario, Juan Carlos Portantiero, del ala socialista -convivían en el Club de Cultura Socialista- y luego encontró un albergue otoñal en la alianza de la UCR con el Frepaso como mentor ideológico de Chacho Alvarez, cuyo entorno intelectual honró con explicaciones sobre las canalladas del neoliberalismo.

En esos grupos lo acompañaba su antecesor en el cargo, Di Tella, y algunos alfonsinistas arrepentidos como -otra vez- Portantiero, quien logró integrar el círculo de los asesores intelectuales que el propio Fernando de la Rúa reunía en Olivos.

Arrancó su biografía compitiendo por la presidencia del centro de estudiantes de la Facultad de Derecho en los años '50, como representante del MUR (Frente Universitario Reformista), una alianza de marxistas de todo color en la cual él representaba a una izquierda independiente de la que Landrú ya se reía en su apotegma: «Socialista es todo aquello que es divisible por dos».

Su oficio ha sido la sociología, una ciencia que con los años ha ido perdiendo el rigor
que le había dado hace medio siglo el estructuralismo. Ha quedado arriconado en el género del ensayismo sobre temas sociales, pregonando una tercera vía que en sus escritos suena algo confusa y traduce la decepción del sueño revolucionario.

Como muchos que creyeron que el tren nunca más se detendría en su andén, se subió al entusiasmo kirchnerista porque entendió que el peronismo vergonzante del nuevo régimen tenía lugar para él (tuvo una escala inevitable con Elisa Carrió, claro). Nada mejor para un revolucionario descafeinado que un peronismo también descafeinado: tiende puentes entre quienes se mataban entre sí hace 20 años. Un hombre de la izquierda puede, gracias a la caída de las convicciones,abrazarse a un gobiernoperonista. Un sueño imposible de niño.

Salió a defenderlo a Kirchner apenas éste asumió en escritos periodísticos, reportajes y apariciones por TV, aunque siempre quedó opacado por el ahora marginado Torcuato, que había tomado el mismo rumbo, pero lo había resuelto con mucho más ingenio, desparpajo y también irresponsabilidad.

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