Del aula al gobierno, por la transversal
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Carlos Chacho Alvarez
Arrancó su biografía compitiendo por la presidencia del centro de estudiantes de la Facultad de Derecho en los años '50, como representante del MUR (Frente Universitario Reformista), una alianza de marxistas de todo color en la cual él representaba a una izquierda independiente de la que Landrú ya se reía en su apotegma: «Socialista es todo aquello que es divisible por dos».
Su oficio ha sido la sociología, una ciencia que con los años ha ido perdiendo el rigor que le había dado hace medio siglo el estructuralismo. Ha quedado arriconado en el género del ensayismo sobre temas sociales, pregonando una tercera vía que en sus escritos suena algo confusa y traduce la decepción del sueño revolucionario.
Como muchos que creyeron que el tren nunca más se detendría en su andén, se subió al entusiasmo kirchnerista porque entendió que el peronismo vergonzante del nuevo régimen tenía lugar para él (tuvo una escala inevitable con Elisa Carrió, claro). Nada mejor para un revolucionario descafeinado que un peronismo también descafeinado: tiende puentes entre quienes se mataban entre sí hace 20 años. Un hombre de la izquierda puede, gracias a la caída de las convicciones,abrazarse a un gobiernoperonista. Un sueño imposible de niño.
Salió a defenderlo a Kirchner apenas éste asumió en escritos periodísticos, reportajes y apariciones por TV, aunque siempre quedó opacado por el ahora marginado Torcuato, que había tomado el mismo rumbo, pero lo había resuelto con mucho más ingenio, desparpajo y también irresponsabilidad.




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