Desciende ya a riñas pasionales el conflicto por las papeleras
• La presión por levantar los cortes de puentes terminó con choques e incendios en Colón.
• Absurda provocación de ambientalistas en Montevideo. La policía debió desalojarlos.
• Gobierno argentino permanece inactivo. Crecen dudas sobre utilidad de cumbre en Madrid.
El tibio optimismo que surgió a partir de la promesa de reabrir, vía Madrid y el rey Juan Carlos, la negociación entre la Argentina y Uruguay por las pasteras contaminantes se enturbió ayer con dos incidentes violentos ocurridos, casi en paralelo, en Montevideo y en Colón, Entre Ríos. En Uruguay, algo más de un centenar de personas repudió con insultos y amenazas a un grupo de asambleístas argentinos que tenían previsto llevar la protesta contra Botnia a la plaza central de la capital montevideana. Tuvieron que ser retirados por la policía para no ser agredidos. En Colón, en tanto, la inacción oficial ante los cortes derivó en que un grupo de personas que portaban machetes y amenazaban con generar un incendioobligara a los pocos asambleístas que cortaban el puente a despejar la ruta. Los gendarmes ahí presentes sólo atinaron a mirar. Frente a ambos episodios, el gobierno de Kirchner tuvo una actitud pasiva: facilitó el regreso de los asambleístas que habían viajado a Uruguay y custodió, desde cerca, el enfrentamiento entre vecinos de Colón.
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Policías uruguayos custodian a los asambleístas argentinos que viajaron a Montevideo para protestar contra Botnia. Atrás, afiches de la campaña oficial para atraer turistas.
«Piqueteros cerdos, fuera de Uruguay», «Uruguay país libre, mejor limpien el Riachuelo» y «No nos dejaremos pisotear por un grupo de ratas piqueteras», decían las consignas de las pancartas con que fueron recibidos en pleno centro de Montevideo.
Luego se les abalanzaron unas 150 personas y, tras rodearlos, les quitaron y rompieron el resto de los volantes que querían distribuir, al tiempo que comenzaron a insultarlos y lanzarles huevos.
«Que se vayan, que se vayan» y «mandarina, mandarina, si es que tienen tantos huevos, recuperen las Malvinas», coreaban los uruguayos. Mientras los empujaban al perímetro de la plaza, desde los edificios que la circundan también arrojaban agua.
En ese momento, ya rodeado por un cordón policial, uno de los ambientalistas pudo abordar un taxi y alejarse del lugar bajo insultos y el forcejeo de los más encolerizados que pretendían bajarlo del vehículo.
Los manifestantes fueron luego por los restantes ambientalistas que permanecían en la plaza, los desplazaron y los obligaron a retirarse, en medio de empujones y manotazos a lo largo de varias cuadras.
Al llegar al perímetro portuario, fueron subidos a un móvil policial y conducidos a la terminal de embarque de la empresa Buquebús para el regreso a Buenos Aires.
La embajada argentina confirmó que el viernes pasado se había comunicado con el Ministerio del Interior de Uruguay, desde donde le dijeron que el accionar programado por los asambleístas «no violaba ninguna normativa de ese país». Sin embargo, no alcanzó.




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