12 de marzo 2004 - 00:00

Descuido de las formas, contenidos moderados

Notable cómo Néstor kirchner cuida algunas cosas y descuida otras, generando un resultado de suma cero a lo que podría ser una buena oportunidad. En Parque Norte, ante un número de gente que hubiera deseado lo hubiera acompañado el 1 de marzo cuando habló en el Congreso, no se cuidó de quitar el letrero «Golden Center», un emblema del predio que ocupa el sindicato de Armando Cavalieri que desmiente la declamación presidencial en favor del cambio.

Sí se cuidó Kirchner de moderar los contenidos de sus expresiones -casi en el tono de la explicación moderada y racional que dio el miércoles en el Salón Blanco del acuerdo con el FMI-. Pero no se cuidó de reprimir esa tendencia que tiene de enardecerse ante auditorios con mucha gente. Quizá porque viene de una provincia con pocos habitantes, cuando el Presidente ve un auditorio o un espacio lleno de gente, se sale de tono, gesticula con poca convicción, busca emular a las estrellas de la oratoria (un arte que se le resiste) y se mueve como quien quiere arrastrar a la gente al Palacio de Invierno.

Aunque moderó mucho sus ataques, ayer no logró el mismo éxito en todos los temas que ejecutó. La mención a la Corte Suprema no levantó aplausos, sí la crítica sin mencionarlo a Ricardo López Murphy. Por descuido.

Se cuidó el Presidente de despejar el escenario de presencias que podían distraer al público del propósito del acto, algo así como la fundación del kirchnerismo como línea. Estuvo solo, pero dos damas lo sacaron de línea.

Primero, la traductora para sordomudos, una iniciativa altruista y que busca no discriminar a discapacitados. Pero el director de escena la ubicó muy junto a él y en las pantallas de TV (TN y «Canal 7») protagonizó un dúo de gesticulaciones y movimientos corporales que se ganó un lugar en el libro de oro de los bloopers televisivos. El colmo fue cuando chocaron sus brazos en el afán de expresarse. Lo verá el público muchas veces más porque los programas cómicos se van a encargar de repetir esa rutina inolvidable.

Tanto fue el descuido que las cámara amigas de TN giraron para tomarlo al Presidente de tres cuartos de perfil derecho pero la traductora cogoteaba para salir en cámara, hasta que la otra dama, la senadora Cristina, se le acercó, distrajo a todos, y permitió que alguien apartara un poco a la locuaz profesional de los gestos.

Este cuidado no bastó porque, descuidado,
el Presidente llamó a su esposa a su lado, la abrazó y saludó al final de su discurso con la imagen más rancia de la vieja política. El líder sonriente junto al hada madrina es una representación que el transversalismo que fue mayoría ayer repudia de las prácticas partidarias. La de ayer fue una platea donde intentaron convivir bajo el paraguas de ese milagro llamado oficialismo tribus que se vienen recelando desde hace décadas sin llegar a conciliación alguna como el ex frepasismo veterocomunista y gorila de Eduardo Sigal y ese ícono del peronismo conurbano que puede representar un Hugo Curto.

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