Desencanto
Produjo desencanto en la Casa de Gobierno la convocatoria del lunes pasado en la Plaza de los Dos Congresos en apoyo a Néstor Kirchner. No concurrió la cantidad de público que habían comprometido los dirigentes del peronismo bonaerense. Hubo observaciones ayer inclusive a ministros, sobre todo los que habían adoctrinado al padrón de intendentes de la provincia de Buenos Aires. Ese trabajo temprano no se pudo transformar en más gentío en la plaza. Tampoco aportó militantes para vitorear al Presidente la salida de la Asamblea Legislativa la corriente setentista de los jóvenes K. El país no pedía grandes movilizaciones ni se le exigió a Kirchner demostrar fuerza con una «plaza del sí». Pero el gobierno tenía demasiadas expectativas que no se cumplieron.
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Esas facturas ya están impresas -los colectiveros del conurbano se acostumbraron a cobrar «cash» y antes de salir de destino, para evitar el «pagadiós»-, pero la «plaza del sí» dejó otras boletas impagas, algunas con la firma de Eduardo Duhalde; otras, por el generalato que venera a Kirchner.
• Cifras al margen, el duhaldismo -¿por orden de Duhalde?, ¿por decisión propia porque no conciben el apoyo anónimo que imponía mover multitudes sin identificación?- no activó plenamente su maquinaria. Eso tuvo un alto costo para Kirchner porque las 10 mil personas que fueron al Congreso no reflejan, ni mucho menos, 70% de aceptación pública que las encuestas le otorgan al patagónico. Además, espantó a los grupos que, eventualmente, se podrían haber acercado a saludar al Presidente por voluntad propia.
• Anteanoche, en varias minicumbres, los jefes del PJ de Buenos Aires evaluaron el acto. Hubo tiroteos cruzados ligados. «Llamó a movilizar, pero él no tiene capacidad de movilización», reprochó alguien apuntando a Solá. Como respuesta, alguien advirtió, con criterio, que Kirchner sólo aceptó la peregrinación desde conurbano porque la promovía Solá: de otra manera, Kirchner no hubiese aceptado. Otra vez, el planteo numérico: cada capitanejo voceó un número de micros que nadie pudo controlar. De allí los 1.067 colectivos que anotó Solá confiando en lo que dijo uno.
• Hubo también reproches para los porteños que rompieron la veda dispuesta por Kirchner y embanderaron con consignas y pancartas distintos puntos de Capital Federal. Eso sembró recelos porque Kirchner pretende, en teoría, que sectores del PJ oficial y del PJ «pingüino» que confluyan en un acto común el 11 de marzo en Parque Norte. Para llenar ese salón -donde está previsto que Kirchner hable-, se necesitan 4.000 mil personas. Dicen en Buenos Aires que las ramas con base en Casa Rosada no podrán juntar a esa muchedumbre. Hasta ahora, Kirchner hizo una invitación selectiva, pero el grueso del PJ bonaerense no fue formalmente citado a concurrir: igual Duhalde ordenó no hacerlo. También está anotada una megamovilización a Plaza de Mayo el 25 de mayo, cuando se cumpla el primer aniversario de la asunción del sureño, parada todavía más compleja.
• Sin que lo llamen, Aníbal Ibarra -que a la misma hora que Kirchner hablaba ante el Congreso abría la sesión 2004 en la Legislatura porteñase zambulló a ese ring que, hasta ahora, lo excluía: «El Presidente no necesita que le hagan movilizaciones en su apoyo», dijo en una metralla genérica, para propios y extraños. El jefe de Gobierno porteño criticó a los bonaerenses y a las ramas del PJ de Santa Cruz por la convocatoria. «No es mi política el hacerme fuerte movilizando gente, contratando micros y llevándola. No es el estilo de demostrar poder o fuerza», salió de shopping Ibarra a comprar enemigos y, además, interpretó que aquellos que mueven multitudes no siempre lo trasforman en votos.
• Esta vez, la historia le da la razón a Ibarra: Montoneros tenía gran capacidad de movilización callejera y un enorme despliegue de militancia activa, pero no lograba convertir eso en presencia electoral. Hasta ahora, Kirchner aplicó un mecanismo opuesto: no aceptaba grandes movilizaciones, pero, según los sondeos, lograba un masivo respaldo público. El lunes debutó en el modelo del conurbano; al peronismo clásico. Una enseñanza.



