15 de agosto 2003 - 00:00

Desmejora su chance Bullrich al atacar ahora sólo a Macri

Los candidatos con chance de pelear o influir en la elección de nuevo jefe de Gobierno porteño parecen dedicar la última semana de proselitismo a medir las diferencia metro a metro. Eso los lleva a poner como tema de esa campaña a la campaña misma.

Es lo que hacían ayer al reclamar ser los ganadores del debate de la noche del miércoles por la cadena TN los protagonistas de esa tenida, Mauricio Macri, Aníbal Ibarra, Patricia Bullrich y Luis Zamora.

En algún momento, con más serenidad, habrá que analizar qué lleva a los candidatos a someterse estos sketchs que interesan a los canales como espectáculo más que servicio al votante como si fuera una obligación de la profesión de candidato.

Nunca en el país hubo estos debates -como ocurre en la televisión de los países anglosajones-donde tienen sentido porque el voto es voluntario y sirven para convocar a la participación. El estilo total es muy otro y les irá mejor a los candidatos más experimentados en estos actos.

Menos se entiende que hayan concurrido hombres como Macri e Ibarra, cuyos asesores les habían recomendado no debatir. «En un debate pierden todos», fue el consejo de los respectivos jefes de campaña. Se doblegaron con el argumento de que los animadores de los canales los llaman «desde el aire», sugiriendo ante los espectadores que si no asisten son unos cobardes.

•Simulaciones

Ayuda menos que los protagonistas, como ocurrió el miércoles, ensayan simulaciones inauténticas, como tratarse de «usted», cuando en la vida privada y pública se tratan de «vos». Eso le agrega acartonamiento y fuerza en ellos aún más el rol de actores más que de repre sentantes en busca del voto.

En el cruce del miércoles
Macri quebró en un momento esa convención al acusarlo a Ibarra de faltar a la verdad cuando le atribuyó una charla sobre construcción de viviendas en Casa Amarilla.

Entre tanto follaje y más
allá de la utilidad de estos encuentros por TV cable, el debate confirmó dos ejes de comportamiento de los candidatos. Uno es cómo Zamora busca el voto hacia la izquierda castigando con mayor dureza a Ibarra por sobre los demás candidatos. Encuestas serias en estado de preparación indican que este candidato que viene del trotskismo puede estar en primera vuelta en unos 12 puntos de intención de voto.

Es claro que mortificar a
Ibarra por sus relaciones con la Alianza de De la Rúa, Chacho o Cavallo, o por llevar en sus listas a un socialista como Norberto Laporta cree Zamora que le rendirá en votos del sector izquierda porque es la única cantera que puede mirarlo a él -algo imposible hacia el centro derecha-. Más cuando este Zamora es uno de los candidatos que -usando la jerga marxista-tiene un mundo para ganar y nada que perder y lo aprovecha para expresarse con una libertad y un desenfado que no pueden arriesgar Ibarra o Macri, a quienes cualquier desliz les puede hacer perder un metro precioso en la última semana.

El ojo eje es que machaca
Bullrich al elegir como blanco a Macri, empleando el mismo razonamiento de Zamora de que puede buscar votos en la franja centroderecha porque nunca los tendrá hacia la izquierda. Eso achica más sus posibilidades porque para hacer anti-Macri usa banderas que le enajenan la simpatía de esa franja de votos.

•Críticas

Eso lo logra cuando critica el proteccionismo del protocolo automotor de los años '90 para explicar el cierre de las fábricas de juguetes que siguió a la apertura de las importaciones en esa época. Arriesga a que le recuerden que ella militaba en el peronismo menemista que gobernaba entonces y además el fondo del argumento lo repudia el centro-derecha y el voto moderado de independiente cuando Bullrich pone en su boca estas extrañas consignas nacionalistas apropiadas por la izquierda.

Menos convence al sector
Macri (donde ella alcanza, siempre en muestras serias, pero en preparación, apenas cinco puntos) que reivindique como de su autoría el salvataje de Aerolíneas Argentinas durante el anterior gobierno de De la Rúa.

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