Desprolijidad del oficialismo
No iba el oficialismo a pasar a amar ahora al Congreso, en un gobierno que se ufana de no recibir a diputados y senadores. Pero al promover ayer la destitución de la diputada María del Carmen Alarcón, que rechazó suspensión de exportación de carne, de la Comisión de Agricultura con una votación de mayoría simple (cuando para adoptar esas decisiones hacen falta 2/3 de los sufragios) agrega una desprolijidad. Importó más transmitir el mensaje disciplinario hacia el resto del peronismo, que se cuidará en adelante de manifestar disidencias que en temas técnicos -como es el manejo del sector carne- se enriquece con opiniones disímiles. Alarcón se animó a criticar las presiones sobre el sector, y desde ayer es diputada rasa y además se fue del bloque PJ.
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María del Carmen Alarcón, castigada por sus compañeros peronistas por una disidencia en cómo el gobierno encara el tema carnes, defendió la presidencia de la Comisión de Agricultura hasta el final. El gobierno la mortificó, además, mostrando al Presidente junto a su jefe político, Carlos Reutemann, en la Casa Rosada.
Después sentenció: « Presentamos esta cuestión de privilegio por poner en riesgo el funcionamiento de la cámara. No estamos defendiendo a una persona».
Carrió, sin mencionar nombres, se metió también en la interna del peronismo oficialista al lanzar enigmáticamente: «Quizá quien mas fundamenta esta decisión sea la próxima víctima», dijo mirando a Rossi y luego giró hacia Balestrini: «Estamos acá porque usted está ayudando a destruir el espíritu republicano en esta cámara».
Balestrini, también con ironía, le contestó: «La presidencia considera que, si no hay modificación del reglamento, al presidente de la Cámara se lo puede remover con mayoría simple», es decir, la misma que dos horas después el oficialismo utilizó para remover a Alarcón.
En general, el aspecto que dio la sesión fue peculiar. Mientras los diputados kirchneristas rechazaban casi a gritos y sin pedir la palabra los discursos opositores, Alarcón permanecía en la más absoluta soledad en su banca: nadie se acercó a saludarla en ningún momento. Fue curioso el esfuerzo de los kirchneristas en demostrar pública y físicamente que la habían expulsado de su núcleo.
Federico Pinedo reconoció el derecho de la cámara de remover de una comisión a un legislador, pero cuestionó la razón: «Entendemos que cuando la cámara decide apartar de una comisión a uno de sus miembros tiene que hacerlo con algún fundamento. ¿Qué fundamento existe para separar de su cargo a una señora diputada en la comisión que además preside?
Sencillamente -es público-, no comparte la totalidad de las ideas de la mayoría del bloque al que pertenece».
Pero quizás el momento más duro de la sesión fue el cruce entre dos peronistas ex duhaldistas: José María Díaz Bancalari y Eduardo Camaño, ahora en bloques opuestos después de la ruptura del Peronismo Federal. Bancalari reivindicó la potestad del oficialismo para remover a Alarcón por su discrepancia de la política del gobierno nacional por la crisis de la carne. «Me habría gustado que se hubiera defendido el reglamento cuando se eligió la vicepresidencia tercera de la cámara», replicó Camaño, por el nombramiento de Graciela Camaño en ese puesto, «No se puede decir un día una cosa y otro día otra cosa. No podemos convertir esto en un circo, sino que debemos mantener coherencia en la forma de pensar», sentenció.
Bancalari no aguantó: «La vicepresidencia tercera se resolvió de acuerdo con el reglamento; yo opino de la misma manera hace cuarenta años y no sangro por la herida como otros».
El debate fue cerrado por Agustín Rossi, quien reivindicó el derecho de su bloque a disponer de un cargo en comisión que le correspondía a la mayoría y sostuvo: «No se puede ser oficialista para acceder a un cargo y ser oposición para ejecutarla». Alarcón, por su parte, terminó su defensa: «La lealtad no es la obsecuencia, es todo lo contrario a la obediencia debida. Qué me importa la lista de diputados del año próximo. Qué me importan las amenazas las presiones y los beneficios eventuales que algunos tránsfugas quisieron ofrecerme».



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