Dicen Kirchner y Duhalde que no están negociando acuerdo
Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde se encargaron ayer de desmentir lo que los diarios del fin de semana afirmaron con mucho énfasis y pocos datos: el acuerdo entre estos dos caudillos para que el pase de Cristina Kirchner a la provincia de Buenos Aires como senadora se produzca en un contexto de armonía. Duhalde se comunicó el viernes por la tarde con Rafael Bielsa para solicitarle que se abstenga de volver a postularlo como secretario general del Mercosur, cargo que desempeñó desde 2003 y cuyo mandato vence este año. Anoche dio un reportaje a la agencia «Télam» negando que negocie algún acuerdo con el Presidente. Kirchner, por su parte, pidió que lo cambiaran de hotel en Asunción con tal de no encontrarse con quien otrora fue su padrino. El duhaldismo insistía anoche, por boca de sus principales voceros, en que Chiche se postulará por la senaduría. Duhalde, quien el jueves se entrevistó con el cardenal Jorge Bergoglio, mira hacia el Vaticano, adonde quiere peregrinar a pesar de que ese viaje termine mostrándolo como alguien distinto de Kirchner. O, tal vez, por eso mismo.
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Néstor Kirchner
«Quiero desmentir que esté trabajando para un acuerdo», aseguró el jefe del PJ bonaerense. Hachó, con eso, las versiones -difundidas desde la Casa Rosada- que indicaban que Duhalde estaba dispuesto a ceder frente a Kirchner en el póquer peronista.
La ecuación es lineal. Si Kirchner otorga 50% de los candidatos bonaerenses al duhaldismo, Solá no podrá contar con bloques mayoritarios en la Legislatura provincial y, por tanto, no podrá imponer al jefe de la Cámara baja ni dominar la agenda parlamentaria.
• Garantía
Esa es una promesa que hace tiempo -la ratificó el viernes último- el Presidente hizo al gobernador: que hará un reparto de bancas que le permita controlar el Parlamento, trinchera que usó el duhaldismo para ametrallar a Solá. «Te voy a garantizar la gobernabilidad», le dijo Kirchner.
De nada sirven los gestos que la Casa Rosada hizo para mostrar atisbos de voluntad acuerdista cuando, a sugerencia de Alberto Fernández, se congeló la publicación de una solicitada con la firma de 61 intendentes que apoyan la postulación de Cristina Fernández a senadora.
Para el duhaldismo también es irrelevante que Kirchner haya ordenado abortar la maniobra para retomar el congreso felipista el 28 de junio y usarlo para intentar capturar la sigla PJ. Nada de eso refiere a lo esencial: Kirchner no reculó ni un centímetro en la serie de imposiciones que Kirchner quiere aplicarle a su antecesor, que incluyen bajar a Chiche, entregar las listas nacionales y, quizá lo más provocador, reconocer a Solá como un par.
Ayer, Duhalde opinó sobre ese catálogo: respaldó a su esposa -«¿Escucharon lo que viene diciendo?»- dijo en una radio para recordar que su esposa aseguró que en 80% está decidida a ser candidatay criticó a Solá porque, afirmó, se equivocó al fragmentar el PJ bonaerense.
Y coqueteó con una provocación: «¿Por qué no van todos a interna y se resuelve el problema? Si se utiliza el mismo padrón de octubre, si lo controla la Justicia Federal, no hay ningún motivo para que no haya una sola lista».
Dejó, en cambio, una puerta abierta para ensayar un acuerdo entre sus seguidores, kirchneristas y felipistas, al plantear que las diferencias no se pueden resolver con un acuerdo «de cúpulas» como en «un nuevo pacto de Olivos», sino en charlas entre los dirigentes.
Es decir que no haya una fórmula única para el armado de las listas provinciales, sino que se pueda tejer sección por sección. Eso decantaría en un acuerdo a medias, con pactos en algunas regiones y confrontación en otras.
«Tenemos todavía una semana», se despidió el ex presidente.
En tanto, anoche el gobierno volvió a hacer sonar la alarma. Fuentes kirchneristas anticiparon que la solicitada en favor de Cristina se publicará mañana, con la firma de 61 intendentes, entre ellos Alejandro Granados, de Ezeiza, la última incorporación de la «Liga K».




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