4 de julio 2005 - 00:00

Diputados K quieren más que renuncia de Díaz Bancalari

José María Díaz Bancalari
José María Díaz Bancalari
Los diputados fieles a Néstor Kirchner comenzarán hoy a recoger firmas para pedirle a José María Díaz Bancalari que dé un paso al costado en su función de presidente del bloque al ser «incompatible su candidatura a senador junto a Hilda Chiche Duhalde con la conducción de una bancada que debe acompañar el proyecto del Presidente». Con esa explicación se lanzaron a una operación de copamiento anticipado de la conducción del bloque PJ. El problema para el resto de los diputados es saber cuántos apoyan esta pretensión que existía desde mucho antes que anunciara el binomio Chiche-Díaz Bancalari para el Senado.

Pero como en toda interna, lo jugoso está en los matices. No escapa a la más mínima lógica que, de consolidarse finalmente la ruptura entre Kirchner y Eduardo Duhalde con vista a las elecciones bonaerenses, ni Díaz Bancalari ni Eduardo Camaño podrán seguir ocupando sus puestos con comodidad. Pero no es igual la presión que hoy existe desde el kirchnerismo para hacerse de esos cargos. Y mucho dependerá el éxito de esa mega operación de desalojo de ambos duhaldistas del resultado electoral que la Casa Rosada consiga en cada provincia.

• Otra realidad

• El kirchnerismo del Congreso nació como producto de grupos que se iban armando -una suerte de subloques-, con la intención cada uno de ser los mayores representantes de su jefe. Empezó el grupo Talcahuano, desembarcó después el intento santacruceño de liderar el control del oficialismo y hasta hubo liderazgos personales.

Hoy algunos de esos grupos subsisten, pero está apareciendo en el Congreso otra realidad: la diferencia entre los kirchneristas de todo el país y los neo-K bonaerenses que sueñan con llegar a controlar Diputados de la mano del felipismo y los intendentes que saltaron el cerco duhaldista, todos detrás de la candidatura de Cristina Kirchner. No son claramente la misma raza y los rechazos entre ambos están a la orden del día, tanto como que los históricos los acusan de mantener un «olor» residual duhaldista en el estilo que ellos no comparten. Por lo tanto, ahí ya existe una división en puerta.

La primera diferencia estratégica se verá esta semana. «Mañana empezamos a juntar firmas para que Díaz Bancalari dé un paso al costado. No es nada personal: la carta que le enviaremos tiene un mensaje de respeto, él es un tipo valioso. Pero en estas condiciones no puede garantizar la defensa del proyecto del gobierno en el Congreso», decía el rionegrino Osvaldo Nemirovsci.

• En esa tarea los kirchneristas juran contar ya con 50 firmas, que de ser realidad implicaría casi una revolución dentro de la bancada. El problema es el día después de esa supuesta victoria. ¿Quién va a conducir el bloque hasta diciembre, cuando se reelijan las autoridades?, fue la obvia pregunta a un santacruceño.

Dos respuestas tienen en estos días los hombres del Presidente a estas interrogantes: «El bloque tiene que dar un gesto político hacia Kirchner. A partir de ahí la conducción que sea tiene que responder al proyecto del Presidente». En ese caso se presume que asumiría una conducción consensuada y colegiada para mantener la unidad de la bancada, algo que ya sucedió cuando estalló la interna Menem-Duhalde.

Respuesta dos: «Bueno, si un grupo importante de diputados nomina a algún compañero para ocupar la presidencia del bloque, no existe ningún impedimento reglamentario para que se elija una nueva conducción». Es decir, adelantar los tiempos de un desembarco que hasta hace poco los kirchneristas lo soñaban para después del 10 de di
ciembre. Ninguno de ellos, de todas formas, está convencido del éxito que podrá tener la operación que hoy pondrán en marcha.

Igualmente, como recalcó el santafesino Oscar Lamberto, que mira toda la película desde afuera, «si se confirma que el peronismo va a elecciones sin acuerdo en la provincia de Buenos Aires, tendremos que despedirnos de ver alguna ley votada antes de fin de año».


• La incompatibilidad histórica de mantener en una misma provincia -la de Buenos Aires- la conducción de la Cámara de Diputados y el bloque oficialista fue inaugurada con la presidencia de Eduardo Duhalde. Y todo indica que no se mantendrá más allá de diciembre de este año. Salvo durante los dos años que gobernó Fernando de la Rúa -donde el control de Diputados pasó a manos de un porteño, Rafael Pascual-, el país siempre se manejó con un bonaerense presidiendo la Cámara y un diputado de otra provincia comandando el bloque. Los kirchneristas quieren ahora restablecer ese equilibrio.

Pero para hacerlo necesitarán, en primer lugar, un éxito contundente de Kirchner en todo el país, que cambie las reglas de juego. En ese marco necesitarán un acuerdo de gobernadores para designar una cabeza consensuada para la bancada peronista.

• De todas formas, el humor este fin de semana entre operadores del Presidente sobre el resultado de las elecciones no era el mejor. El problema de la imposibilidad de definir un candidato del PJ en Santa Fe -después del último rechazo de Horacio Rosatti a encabezar listas- y los números que le están mostrando las encuestas llevó a Kirchner a contentarse con que Hermes Binner reivindique su posible triunfo en la provincia para la causa kirchnerista. Incluso, sostienen, «no sería extraño, si no aparece una solución milagrosa, que la palabra Binner aparezca en los labios presidenciales antes de la elección».

• Reconocen hoy estar en malas condiciones electorales en 11 provincias -lo que aleja al gobierno de una gloriosa ratificación plesbicitaria-, incluyendo los problemas en Río Negro, un posible fracaso en La Rioja y Catamarca, para empezar. Ese resultado será crucial para saber si en Diputados puede cambiar la relación de fuerzas, aunque el duhaldismo aparezca ya más debilitado.

• Y en ese caso de la presidencia de la Cámara de Diputados la cuestión interna es bastante distinta. Mientras el neokirchnerismo de la provincia de Buenos Aires quiere el cargo para Alberto Ballestrini, el resto de los fieles a la Casa Rosada prefiere esperar resultados; no sea que la pretensión de ese cargo invalide la negociación por la conducción del bloque a la que aspiran. De todas formas todos levantan una bandera: «El tercer puesto en la sucesión presidencial tiene que ser alguien de confianza de Kirchner». Eduardo Camaño cumplió siempre con ese rol consiguiendo la votación de leyes clave que le pedía el gobierno. Pero ahora, parece, con eso no alcanza.

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