El bloque justicialista tratará de controlar durante esta semana la crisis provocada por la renuncia de Humberto Roggero a la presidencia de ese cuerpo, nombrando a un triunvirato que los reemplace en la tarea. Hasta la semana pasada, todo hacía pensar que Manuel Baladrón, José María Díaz Bancalari y Jorge Obeid tomarían la posta que deja Roggero. Pero surgieron presiones para que la presidencia quede en una sola mano. «La única carta para mantener unido al bloque es que se apruebe el triunvirato», decían ayer los diputados peronistas. A pesar de su reticencia a ser comandados por un duhaldista, Díaz Bancalari, la conducción colegiada permitiría, incluso, pensar en una reunificación acelerada del PJ oficialista con los menemistas que ahora se reagrupan en el bloque Azul y Blanco. Esa es la voluntad de Roggero y de la mayoría de la bancada y es por eso que hasta ahora no han avanzado las presiones para nombrar a un diputado sólo en la presidencia.
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El estado de las relaciones dentro del bloque PJ quedó claro el jueves pasado durante un asado de despedida a Roggero, en la quinta que Oraldo Britos tiene en el Gran Buenos Aires, que deja la jefatura de la bancada y parte como embajador a Italia. Allí fueron invitados representantes de todos los sectores, incluido el menemista bloque Azul y Blanco, salvo los integrantes del grupo Talcahuano, mayormente seguidores de Néstor Kirchner.
Esta semana, la conducción permanecerá todavía en manos de Roggero -por problemas de salud no quiere ocuparse de lleno de todas las negociaciones-, que prometió quedarse hasta la aprobación del presupuesto 2003. Pero ése es precisamente el límite que tienen quienes fuerzan la unificación del bloque para conseguir su cometido: antes de las Fiestas, el cordobés ya estará instalado en Roma.
El problema surgió la semana pasada, cuando un grupo de diputados peronistas, liderados por el santafesino Obeid, comenzó a elaborar un plan para modificar la estrategia original de reemplazo de Roggero. La premura apareció cuando se confirmó que es inminente un viaje de Roggero a Italia para preparar su asunción definitiva como embajador y, al mismo tiempo, hacerse un chequeo médico en Europa.
Para el puesto, entonces, propusieron a Díaz Bancalari, pero con el conocimiento de que se trata de una nominación imposible, que incluso el propio Eduardo Duhalde deberá vetar. Es que en la historia de la Cámara nunca se aceptó que una misma provincia retenga el control de la presidencia de la Cámara y, a la vez, del bloque oficialista. Por eso es que Duhalde se vería obligado a vetar este cambio por la incompatibilidad de mantener a Eduardo Camaño como jefe de Diputados -ya fue reelecto por un año más-y, al mismo tiempo, a Díaz Bancalari en el bloque. A esto se suma que las relaciones entre ambos no serían las mejores, habida cuenta de la feroz interna que mantienen desde hace meses los dos duhaldistas.
Pero cuando el resto de los peronistas tomó conocimiento de las negociaciones en marcha, estalló la crisis y comenzaron las protestas de los diputados de todas las provincias. Con un bloque PJ totalmente atomizado, se daba como un hecho que sólo un triunvirato de distintos sectores podría mantener unido lo que queda de la bancada.
El intento de romper este acuerdo ya produjo un primer efecto. Los menemistas le comunicaron a Camaño que, de no respetar las normas planteadas para la sucesión de Roggero, no se podría ni empezar a hablar de una reunificación de la bancada. Las voces y gritos fueron tantos, más la vocación de Camaño de unificar la bancada, que esta semana los impulsores del presidencialismo contra el triunvirato podrían perder muchos puntos.
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