Néstor Kirchner leyó ayer su mensaje presidencial inaugural ante la Asamblea Legislativa y las delegaciones de mandatarios extranjeros llegados a Buenos Aires.
La dirigencia peronista respiró aliviada ayer, cuando Néstor Kirchner terminó su discurso de inauguración de la Presidencia. No repitió el nuevo mandatario los tonos fuertes del día en que bramó en un hotel céntrico mientras Carlos Menem renunciaba al ballottage en La Rioja. Por el contrario, Kirchner pronunció un mensaje más calmado, sin demasiadas sorpresas, pero con algunas definiciones novedosas. Apeló el Presidente a recordar su generación y los sufrimientos durante la dictadura, pero también a definir su política en materia de seguridad.Y anunció que utilizará algunos instrumentos constitucionales, como la consulta popular.
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El discurso ratificó también la línea que se había impuesto el nuevo gobierno en materia de anuncios y paquetes de medidas: gradualismo y mesura en las decisiones. «Concluyen en la Argentina una forma de hacer política y un modo de gestionar el Estado. Colapsó el ciclo de anuncios grandilocuentes, grandes planes seguidos de la frustración por la ausencia de resultados...; la gestión se construye día a día, en el trabajo diario, en la acción cotidiana... Un gobierno no debe distinguirse por los discursos de sus funcionarios, sino por las acciones de sus equipos.»
En cuanto a la función del Estado en materia social, tampoco hubo sorpresas con relación a las declaraciones que Kirchner vino haciendo durante la campaña: «Es el Estado el que debe viabilizar los derechos constitucionales, protegiendo a los sectores más vulnerables de la sociedad, es decir, los trabajadores, los jubilados, los pensionados, los usuarios y los consumidores», dijo, y luego pronunció una frase que fue la más repetida ayer durante la tarde: «Actuaremos como lo que fuimos y seguiremos siendo siempre: hombres y mujeres comunes que quieren estar a la altura de las circunstancias...».
De acuerdo con el discurso pronunciado ayer, debería esperarse un uso más intensivo de los institutos de la consulta popular y el plebiscito, que fueron incorporados en la Constitución reformada de 1994: «Estamos dispuestos a encarar junto con la sociedad todas las reformas necesarias y, para ello, también utilizaremos los instrumentos que la Constitución y las leyes contemplan para construir y expresar la voluntad popular. Vamos a apoyarnos en la Constitución para construir una nueva legitimidad de las leyes, que vaya más allá de la prepotencia del más fuerte. Un Estado no puede tener legitimidad si su pueblo no ratifica el fundamento primario de sus gobernantes», dijo Kirchner, en clara muestra de intención de apelar a este tipo de herramientas, por caso, cuando el Congreso no quiera pagar el costo político de sancionar algunas leyes.
•Educación
También quedó claro ayer que el proceso de transferencia total de los servicios de educación a las provincias puede tener algunas variantes de ahora en más: «Es correcto que las provincias dirijan y administren el sistema de prestación del servicio educativo, pero el Estado nacional debe recuperar su rol en materia de planificación y contenidos de la educación y sistemas de formación y evaluación docente».
Kirchner también puso énfasis en el cumplimiento de la ley -siempre teniendo en cuenta el incremento de delitos que relacionó directamente con situaciones de exclusión social-e innovó en materia de seguridad: «No debe descargarse sólo sobre la Policía la responsabilidad de la detección de las situaciones de riesgo que sirven de base al desarrollo de la delincuencia. Son el Estado y la sociedad en su conjunto los que deben actuar participativa y coordinadamente para la prevención, detección, represión y castigo de la actividad ilegal», dijo.
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