Disputan nostálgicos por cúpula de la UCR
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Adolfo Stubrin se dedicó por su lado a la docencia universitaria, sin resignar la actividad partidaria. Delegó también en su esposa la pasión política a tiempo completo. Desde diciembre de 2001, Lilia Puig de Stubrin se desempeña como diputada nacional, mientras su marido integra la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria, un organismo autónomo creado en 1995. En su currículum, anota que fue secretario académico de la Universidad Nacional del Litoral, y consultor internacional en gestión educativa para la UNESCO.
Según lo que marcan las tendencias actuales, Cáceres y su adscripción ciega al cacique de Chascomús demuestran una coherencia a toda prueba, amén de una inclinación «retro». En tanto que A. Stubrin puede exhibir un aggiornamento: sin renegar de su pasado, ahora prefiere representar a quienes pretenden una UCR con vocación de poder, deseosa de remontar la cuesta en que los sumergió el fracaso de Fernando de la Rúa y la Alianza, más la performance electoral de Moreau, uno de los sponsors de «Changui», en las presidenciales del año pasado, donde ni siquiera obtuvo 3% de los votos.
Aparte del duelo entre estos santafesinos de los ochenta -criados al calor de Alfonsín y con mujeres con fueros-, la Convención tendrá otras curiosidades, ya que disponen de credenciales para intervenir en los debates y discusiones dirigentes tan disímiles como el leopoldista Eduardo Santín (mandato cumplido en Diputados y hoy funcionario de esta ala del Congreso), el ex vocero delarruista Juan Pablo Baylac, el ex senador pampeano Antonio Berhongaray, el jurista cordobés José Cafferata Nores y el macrista y ministro en la gestión presidencial de Eduardo Duhalde Jorge Vanossi.
La Convención tiene entre sus facultades disponer sanciones por actos de indisciplina partidaria, expulsiones o amnistías. Al respecto, Vanossi -que al igual que los demás convencionales dispone de mandato hasta 2008- podría ser pasible de una embestida por haber animado una boleta, la de Compromiso para el Cambio, en abierta competencia a la del propio radicalismo porteño en 2003. Lo mismo podría corresponderles a los correligionarios que forman parte del gabinete del gobernador de Misiones, Carlos Rovira.




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