31 de agosto 2004 - 00:00

Disputan nostálgicos por cúpula de la UCR

Los radicales se pusieron nostálgicos: en menos de un mes se meterán en el túnel del tiempo para designar a la nueva conducción de la Convención Nacional, organismo partidario que se dedica -entre otras cosas- a sancionar la plataforma de gobierno antes de cada elección presidencial.

El 24 de setiembre medirán fuerzas dos santafesinos que permanecen olvidados por el gran público, y que trascendieron en los '80. En ese aspecto, parecen adelantados comparados con peronistas que se quedaron en los '70. ¿Será una moda? No hay un único punto en común. Ambos tienen esposas con fueros -una variante al clásico sindical de contar con una cónyuge o suegra adinerada-, y similar origen «ochentoso».

Por un lado, figura uno de los fundadores de la legendaria Coordinadora, Luis «Changui» Cáceres, quien intentará quedarse con la butaca que deja el ex gobernador entrerriano Sergio Montiel en la jefatura de la Convención. Su comprovinciano, Adolfo Stubrin -otrora viceministro de Educación de Raúl Alfonsín y hermano del más conocido Marcelo Stubrin- le saldrá al cruce, con un fuerte respaldo.

• Modelos distintos

Surgidos bajo el influjo del Movimiento de Renovación y Cambio (otro contacto que los emparenta en esta versión con boina blanca del juego de las coincidencias), representan hoy modelos distintos para la UCR. Cófrade de Enrique Nosiglia, Cáceres sigue siendo el referente principal del alfonsinismo. Su rival cuenta con el aval de quienes aspiran a cambiarle la cara al radicalismo, la mayoría de ellos con experiencia de gestión en Ejecutivos del interior como el mendocino Roberto Iglesias o el chaqueño y titular del comité nacional Angel Rozas, seducido por esta corriente.

Además de orígenes domésticos comunes, dieron los dos un paso al costado de la escena nacional en sintonía con la declinación del gobierno de Alfonsín. «Changui» quedó pegado a la leyenda de la Coordinadora y, entre otras cosas, a la escandalosa operatoria 830 del banco Hipotecario que administró su aliado Aníbal Reinaldo, durante aquella primavera radical. Obviamente, no hubo lugar en las listas a cargos públicos. Pero su mujer, Alicia Tate, tomó la posta y ocupa desde el año pasado una banca en la Cámara baja de la Nación.

Adolfo Stubrin se dedicó por su lado a la docencia universitaria
, sin resignar la actividad partidaria. Delegó también en su esposa la pasión política a tiempo completo. Desde diciembre de 2001, Lilia Puig de Stubrin se desempeña como diputada nacional, mientras su marido integra la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria, un organismo autónomo creado en 1995. En su currículum, anota que fue secretario académico de la Universidad Nacional del Litoral, y consultor internacional en gestión educativa para la UNESCO.

Según lo que marcan las tendencias actuales, Cáceres y su adscripción ciega al cacique de Chascomús demuestran una coherencia a toda prueba, amén de una inclinación «retro». En tanto que A. Stubrin puede exhibir un aggiornamento: sin renegar de su pasado, ahora prefiere representar a quienes pretenden una UCR con vocación de poder, deseosa de remontar la cuesta en que los sumergió el fracaso de Fernando de la Rúa y la Alianza, más la performance electoral de Moreau, uno de los sponsors de «Changui», en las presidenciales del año pasado, donde ni siquiera obtuvo 3% de los votos.

Aparte del duelo entre estos santafesinos de los ochenta -criados al calor de Alfonsín y con mujeres con fueros-, la Convención tendrá otras curiosidades, ya que disponen de credenciales para intervenir en los debates y discusiones dirigentes tan disímiles como el leopoldista Eduardo Santín (mandato cumplido en Diputados y hoy funcionario de esta ala del Congreso), el ex vocero delarruista Juan Pablo Baylac, el ex senador pampeano Antonio Berhongaray, el jurista cordobés José Cafferata Nores y el macrista y ministro en la gestión presidencial de Eduardo Duhalde Jorge Vanossi.

La Convención tiene entre sus facultades disponer sanciones por actos de indisciplina partidaria, expulsiones o amnistías. Al respecto,
Vanossi -que al igual que los demás convencionales dispone de mandato hasta 2008- podría ser pasible de una embestida por haber animado una boleta, la de Compromiso para el Cambio, en abierta competencia a la del propio radicalismo porteño en 2003. Lo mismo podría corresponderles a los correligionarios que forman parte del gabinete del gobernador de Misiones, Carlos Rovira.

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