Se complicaba mucho el gobernador Néstor Kirchner con piqueteros y desocupados, al tiempo que empezaba a advertir la incompatibilidad entre presidir una provincia y al mismo tiempo ser candidato a presidente. Allí estaba, en esa postulación declamada, la clave del desatino que lo llevó a no cumplir la decisión de un magistrado judicial para desalojar a unos revoltosos que ocuparon una planta de petróleo y hasta llegaron a insinuar que podrían volar unos tanques de combustible.
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La historia empezó con apenas 80 quejosos reclamando subsidios, una demanda casi insignificante en un país que se reparten dos millones de esos subsidios. ¿Falta de control social en Santa Cruz?, ¿desatención a desocupados que no son en esa provincia una dificultad como en el resto de la Nación? Sin duda, impericia en quien por atender otras cuestiones se olvidó de mirar su retaguardia. Mucho más grave porque, además de la inmensidad de planes que otorga el gobierno con un simple pedido, el episodio se registra en un distrito millonario o, al menos, con una reserva depositada en Luxemburgo superior a los 500 millones de dólares. Parece imposible entonces que ocurra un problema sólo con 80 manifestantes.
Si por dedicarse sólo a su candidatura y no atender cuestiones provinciales, Kirchner de pronto tuvo un problema en su gobernación, ese mismo sueño presidencial le impidió resolver la ocupación de la planta a pesar de la orden de una jueza por desalojarla. Ocurre que, temiendo incidentes o enfrentamientos, tal vez un saldo luctuoso, el gobernador supuso que esto podría afectarlo en su pretensión futura. Entonces, al mejor estilo De la Rúa --o sea, dejarse correr por izquierda-, no sólo soslayó la responsabilidad de la desocupación como ejecutivo provincial sino que además, una vez lograda esa instrucción por una magistrada -tarea que no resulta sencilla en la Argentina-, optó por no aplicar la orden del desalojo. Ya se ha dicho que es poco seria la actitud y advierte sobre la incompatibilidad entre ejercer un cargo y apuntar a otro, lo que en el caso de Kirchner se torna una falla doble: no ejerce su responsabilidad de gobernador como corresponde y ya es público que no le alcanza su aspiración para primer magistrado y negocia con otros un segundo lugar en la fórmula.
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