4 de julio 2005 - 00:00

Duhalde demora acto de "Chiche-senadora"

Hugo Curto
Hugo Curto
La ventana que se abrió entre el viernes por la noche y el próximo viernes 7 para que Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde negocien su conflicto bonaerense, no será utilizada si esto depende de un llamado del Presidente a su antecesor. Así predican los colaboradores más inmediatos del santacruceño, sobre todo los que asistieron a la serie infinita de reuniones para las que se habilitó la residencia de Olivos durante el fin de semana. Pocas veces durante este gobierno se abre la quinta para quienes son ajenos al círculo más estrecho de la pareja presidencial.

Duhalde, por su parte, siguió esperando el llamado de Kirchner que le habían adelantado el jueves. «Ahora está muy enojado, no va a llamar», le explicaron al caudillo de Lomas. «Ah, ¿está enojado? Ya se le va a pasar...», bromeó el «ajedrecista», sobrador. Duhalde supone que todavía puede esperarse una instancia de acuerdo. Ni siquiera lo disuaden las declaraciones de algunos voceros de la Casa Rosada, como Aníbal Fernández, cuando dicen que «hacer un acuerdo a esta altura sería manosear a la gente». Es difícil que se pueda volver de esa afirmación, aun cuando esté en boca de alguien propenso a ser altisonante (llamó «bestia» a un opositor como Ricardo López Murphy, por ejemplo, a quien odia por haberlo calificado de «prófugo» hace más de un año, durante un debate televisivo).

• Preparación

Aun cuando espera un acercamiento con la Casa Rosada, Duhalde se prepara para la guerra. Está en línea directa con Joao Santana, el delegado de su marquetinero brasileño «Duda» Mendonça y, para hoy, convocó a su principal línea de combate en la sede del PJ de la provincia, en Avenida de Mayo. En ese conciliábulo deberá fortalecer la moral de combate de algunos de sus seguidores. Hugo Curto, por ejemplo, quedó en estado de shock desde que lo obligaron a pelearse con el gobierno y ante la perspectiva de que la división de fuerzas del peronismo en su distrito le haga perder la mayoría en el Concejo Deliberante. José María Díaz Bancalari, discípulo de Curto, resultó presa de una angustia similar: ahora peligra su situación al frente de la bancada peronista de Diputados. El caso se repite en muchos distritos en los que, aun siendo mayoritaria la posición del duhaldismo, los intendentes temen perder el control del Concejo. En un ambiente hostil como el que se verifica hoy en la provincia, esa eventualidad puede significar para muchos alcaldes una complicación terminal.

• Pacifismo

Para estas inquietudes Duhalde lanzará un argumento pacifista, capaz de serenar a los dirigentes más atribulados de su entorno: no habrá lanzamiento alguno de Chiche como candidata a senadora. La esposa de Duhalde apenas irá a algún programa de TV, pero su situación se definirá recién el viernes, cuando se inscriba como aspirante al cargo en caso de que su esposono llegue a un arreglo. No es el caso de Cristina Kirchner. Uno de los temas de discusión durante el fin de semana, en Olivos, fue el estilo de lanzamiento que le organizarán en el Teatro Argentino de La Plata para el jueves. Toda una simbología: no sólo por la densidad de kirchneristas de esa ciudad (el gobernador Solá, pero también el intendente Julio Alak), sino también por tratarse de la cuna de la candidata. A pesar de que, en rigor, su infancia transcurrió en las inmediaciones de la ciudad, más precisamente en Ringuelet (partido de La Plata).

El acto del Teatro Argentino será decisivo, aun cuando Kirchner todavía no haya designado al compañero de fórmula de su esposa. ¿Señal de que habrá una última instancia negociadora? Tal vez. Aunque ayer los voceros del oficialismo lanzaban al ruedo un sinfín de nombres: los de León Arslanian, José Pampuro o Alberto Balestrini eran sólo tres.

Mientras tanto, en las filas de uno y otro jefe se siguen escuchando argumentos más o menos consistentes para explicar tanta beligerancia. Los kirchneristas dicen que «Néstor está enojado porque Duhalde había prometido retirarse de la política y ahora sigue actuando». Los duhaldistas retrucan: «Es como si nosotros nos ofendiéramos porque Kirchner dijo que no se metería en la interna de la provincia de Buenos Aires». Más allá de este nivel de análisis, es difícil encontrarle a la pelea una razón de ser que no sea (como suele suceder en la política) un duelo liso y llano por el poder.

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