25 de abril 2005 - 00:00

Duhalde vs. Solá, en la pelea por el calendario

Carlos Kunkel
Carlos Kunkel
No sólo con ejércitos y arsenales se gana una batalla; también con olfato y oportunidad. Por eso, en paralelo a la frenética colecta de aliados y soldados, Eduardo Duhalde y Felipe Solá se sumergieron en una guerra fría para definir cuándo se producirá la coalición.

El ex presidente, en un mar de incertidumbre, rescata una certeza: el escenario predilecto para resolver la disputa es la interna abierta. Tiene razones: en ese ring controla andamiaje y logística, además de ser un experto en manualidades partidarias.

El gobernador, por el contrario, tropieza en ese tipo de costura -nunca concurrió a la «universidad» peronista de la unidad básica- y prefiere un enfrentamiento a cancha llena: es decir, por fuera de los padrones del PJ, en la general del 23 de octubre.

Pero las preferencias son incompatibles y, por eso, desataron un duelo de calendarios y almanaques, en el que la pulseada central es definir cuál será el día del «cara a cara» entre duhaldistas y felipistas. Un tercer actor, Néstor Kirchner, intenta sacar provecho simulando actuar como árbitro.

A los movimientos registrados en las últimas horas se sumarán esta semana otras decisiones y maniobras que incrementarán la tensión. Veamos:

• Durante el fin de semana, Duhalde dialogó desde Montevideo con varios dirigentes de su sector y les repitió las indicaciones de salir del bombardeo público hasta nuevo aviso. Sobre un eventual acuerdo con Kirchner fue escueto: «No hay conversaciones. Hay que esperar; faltan 75 días para el cierre de listas. No se apuren», deslizó además dos órdenes para que cumplan en su ausencia (parte para Brasil a atender con cancilleres del Mercosur la crisis de Ecuador): continuar el armado de la Línea Lealtad en el nivel distrital y seccional y, por otro lado, trabajar en el frente judicial respecto de la cuestión de la convocatoria de las internas abiertas.

• Mañana vence el plazo que tiene Solá para convocar a las internas abiertas, respetando la disposición legal de «realizarlas» entre 120 y 180 días antes de la general.
Solá interpreta la ley diciendo que esa fecha es sólo para « llamarlas». El duhaldismo maneja como dato sólido que en 2003, cuando puso en juego su candidatura, Solá hizo otra interpretación de la ley: las llamó en enero (200 días antes de la general) para realizarlas en marzo (casi 130 días con anticipación a la elección del 14 de setiembre). Es un elemento que llevarán a la Justicia para hacer tambalear la lectura oficial.

• En el PJ están evaluando recurrir a la Justicia y manejan un cúmulo de argumentos, ya volcados en un texto -trabajo al que se abocó el apoderado partidario
Jorge Landau-, para presentar ante el juez Federal con competencia electoral Manuel Humberto Blanco. Los duhaldistas quieren moverse con cautela para no repetir errores: esta semana, Blanco rechazaría la presentación de un grupo de afiliados peronistas de La Plata, ligados al duhaldismo, que reclamaron que la Justicia intervenga para poner fecha a las internas. Ese texto, sobre el que no se posó la lapicera de Landau, parece condenado a la hoguera.

• Opción espinosa

• Por su lado, Solá ratificó que la convocatoria de las primarias (como informó este diario la semana pasada) la realizará en fecha diferente a la nacional del 7 de agosto impuesta por el Ministerio del Interior. Pero debajo de esa alternativa surgió -según le planteó el gobernador a Kirchner el miércoles al atardecer en la Casa Rosada- una opción todavía más espinosa: anticipar las elecciones generales de la provincia, para separarlas de las nacionales del 23 de octubre.

• Detrás de ese planteo, hubo cierto tono temeroso: Solá especula, con pánico, que ante un futuro acuerdo entre
Kirchner y Duhalde, podría complicarse la posibilidad de que el felipismo, yendo por fuera del PJ, pueda colgarse de la candidatura de Cristina Fernández. Por eso, le hizo el planteo al Presidente: «Si vos arreglás con Duhalde, yo hago las elecciones un mes antes». Suponen, en La Plata, que a Kirchner el desdoblamientolo perjudica, y mencionan el «estigma Macri» que en la primera vuelta en Capital Federal en 2003 le ganó a Ibarra pero cuando quedó mano a mano, y sus aliados ya habían logrado sus bancas en el Congreso o la Legislatura, se despreocuparon por el destino de su jefe. Por eso, desdoblar podría ser un mal para Kirchner.

• Pero el objetivo central de
Solá es alejar toda posibilidad de entendimiento entre el Presidente y el ex. Por eso, martilla con la denuncia de que el duhaldismo «boicotea» a Kirchner desde el Congreso y plantea la imposibilidad de un pacto entre Kirchner y Duhalde. No está solo: Carlos Kunkel, el más locuaz de los kirchneristas con cargo oficial, anima esa idea: anteayer, desde Olavarría, aseguró que en octubre habrá «dos boletas»: una kirchnerista-felipista y otra duhaldista.

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