13 de junio 2005 - 00:00

Duhalde ya consiguió que intendentes K den interna

Eduardo Duhalde, Felipe Solá y Néstor Kirchner.
Eduardo Duhalde, Felipe Solá y Néstor Kirchner.
La ruleta de la guerra y la paz entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde sigue girando para que se hagan apuestas de todo tipo. Sin embargo, los principales involucrados en la interna bonaerense han bajado la mirada a los escalones inferiores de la contienda. Tanto quienes representan a Kirchner como quienes siguen al lado de Duhalde están enfocados en la dimensión municipal de esa contienda.

Los cuatro caudillos que le abrieron a la Casa Rosada la puerta del feudo duhaldista comieron el miércoles de la semana pasada en una parrilla de Puerto Madero, en la Capital Federal. Son Alberto Balestrini, intendente de La Matanza; Julio Pereyra, de Florencio Varela; Julio Alak, de La Plata; y Alberto Descalzo, de Ituzaingó. Son los dirigentes a los que les pidió «armar el kirchnerismo en la provincia». Una tarea para la que, al parecer, no cuenta ni con Felipe Solá ni con Carlos Kunkel.

• Problema principal

Durante esa reunión, estos cuatro alcaldes hablaron, una vez más, del problema principal que les plantea la estrategia de Solá -y, hasta ahora, de Kirchner- de ir a las elecciones de octubre por fuera del PJ: seguir ese camino los obligaría a abandonar el partido que ellos lideran en sus distritos, lo que en casi todos los casos supone resignar una marca y una estructura de organización que atrae, de por sí, un caudal importante de votos. «¿Por qué tenemos que dejar el sello del PJ a alguien sin significación en el territorio, puesto por Duhalde?» Solá acepta a regañadientes este razonamiento, como lo advirtió el platense Alak en la reunión que mantuvo con el gobernador en la casa matriz del Banco Provincia el jueves pasado.

Los duhaldistas festejan esa estrategia. El propio Duhalde sigue jurando que dejó la política (ironiza Kirchner: «Estoy dolido porque me mintió»), como hacía Carlos Ruckauf cuando decía que se convertiría en periodista y todavía le faltaba llegar a la Casa de Gobierno provincial. Sin embargo, el jueves por la tarde, en la sede del PJ bonaerense de la Avenida de Mayo, el ex presidente apareció -jeans, camisa arremangada, zapatillas- para pasar revista a los principales dirigentes de las 8 secciones electorales de la provincia, de tal manera que informen sobre la situación interna de cada comarca.

• Legitimidad

Allí Duhalde insistió en su estrategia principal: «Vamos a hacer la interna de la provincia y veremos después si llega el acuerdo nacional». Que los principales intendentes que rodean a Kirchner hayan decidido participar de esa contienda, aunque sea con listas propias de concejales, le facilita las cosas, ya que legitima su propia táctica que consiste en apropiarse del PJ para que de su sigla cuelguen sus listas. Este plan se completa pidiéndoles a los intendentes a quienes la Casa Rosada presiona para conseguir la adhesión que armen dos listas de concejales, una para Kirchner y una « muletto» para el propio duhaldismo. Lo que importa para Duhalde es que haya pelea en la base. Sólo así puede haber acuerdo en la superficie, ya que el acuerdo se haría sobre la base de un triunfo del ex presidente en la interna del PJ. En ese caso, «todo se puede conversar», repitió Duhalde en la reunión que presidió el jueves.

Esta situación planteada por los intendentes verticalizados con la Casa Rosada muestra una hilacha: sólo tiene sentido si todo el proceso termina en un acuerdo entre Kirchner y Duhalde. De lo contrario, si hubiera -como puede suponerse todavía- una boleta encabezada por Chiche Duhalde (o por el propio Duhalde) y acompañada por los candidatos provinciales de ese sector, con el sello del PJ oficial, los candidatos a concejales de los intendentes kirchneristas terminarían aportando votos a la candidatura de la esposa del ex presidente. O restándoselos a la de Cristina Fernández de Kirchner, en la hipótesis de la guerra. Sólo podrían aportar a la candidata oficialista si se sella la paz y termina habiendo un frente entre el PJ y el Frente para la Victoria. Recién entonces, la candidatura de Cristina iría unida a la de los concejales del PJ surgidos de las interna del 31 de julio.

Los cuatro comensales de Puerto Madero (Balestrini, Descalzo, Pereyra y Alak) juran que no habrá acuerdo alguno en la provincia. Pero no pueden explicar del todo cómo le garantizarán a Kirchner y, sobre todo, a Solá una base propia en cada distrito, ajena al PJ. Este conflicto es el que ya estalló entre el gobernador y el intendente de La Plata, el jueves. Esa física electoral, que obliga a un acuerdo por razones de ingeniería, explica que el Presidente haya tomado en sus manos la conducción de los intendentes propios y que sea él quien recibe a los eventuales adherentes a su sector. Por ejemplo, a los alcaldes de la 4ª sección electoral (Oeste), a quienes recibió hace dos viernes y les dijo: «Quiero que se sumen a mi proyecto en la provincia». Uno de los alcaldes le aclaró: «Nosotros lo haríamos, pero queremos verlo también a Duhalde en ese proyecto». Kirchner lanzó la carcajada: «Yo también; eso es lo que más quiero».

Otros diálogos fueron más ríspidos, como el que el Presidente mantuvo con Julián Domínguez, uno de los «jóvenes viejos» que milita en el duhaldismo de Chacabuco: «¿Qué vas a hacer? ¿Decidiste?», le preguntó Kirchner.

Domínguez quiso comenzar una explicación de sus ambivalencias, pero el santacruceño lo cortó: «Tenés que decidir dónde vas a jugar, ¿está claro?». No lo dejó contestar. Lo dejó a Domínguez solo en una sala y se marchó.

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