Duhalde ya consiguió que intendentes K den interna
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Eduardo Duhalde, Felipe Solá y Néstor Kirchner.
Allí Duhalde insistió en su estrategia principal: «Vamos a hacer la interna de la provincia y veremos después si llega el acuerdo nacional». Que los principales intendentes que rodean a Kirchner hayan decidido participar de esa contienda, aunque sea con listas propias de concejales, le facilita las cosas, ya que legitima su propia táctica que consiste en apropiarse del PJ para que de su sigla cuelguen sus listas. Este plan se completa pidiéndoles a los intendentes a quienes la Casa Rosada presiona para conseguir la adhesión que armen dos listas de concejales, una para Kirchner y una « muletto» para el propio duhaldismo. Lo que importa para Duhalde es que haya pelea en la base. Sólo así puede haber acuerdo en la superficie, ya que el acuerdo se haría sobre la base de un triunfo del ex presidente en la interna del PJ. En ese caso, «todo se puede conversar», repitió Duhalde en la reunión que presidió el jueves.
Esta situación planteada por los intendentes verticalizados con la Casa Rosada muestra una hilacha: sólo tiene sentido si todo el proceso termina en un acuerdo entre Kirchner y Duhalde. De lo contrario, si hubiera -como puede suponerse todavía- una boleta encabezada por Chiche Duhalde (o por el propio Duhalde) y acompañada por los candidatos provinciales de ese sector, con el sello del PJ oficial, los candidatos a concejales de los intendentes kirchneristas terminarían aportando votos a la candidatura de la esposa del ex presidente. O restándoselos a la de Cristina Fernández de Kirchner, en la hipótesis de la guerra. Sólo podrían aportar a la candidata oficialista si se sella la paz y termina habiendo un frente entre el PJ y el Frente para la Victoria. Recién entonces, la candidatura de Cristina iría unida a la de los concejales del PJ surgidos de las interna del 31 de julio.
Los cuatro comensales de Puerto Madero (Balestrini, Descalzo, Pereyra y Alak) juran que no habrá acuerdo alguno en la provincia. Pero no pueden explicar del todo cómo le garantizarán a Kirchner y, sobre todo, a Solá una base propia en cada distrito, ajena al PJ. Este conflicto es el que ya estalló entre el gobernador y el intendente de La Plata, el jueves. Esa física electoral, que obliga a un acuerdo por razones de ingeniería, explica que el Presidente haya tomado en sus manos la conducción de los intendentes propios y que sea él quien recibe a los eventuales adherentes a su sector. Por ejemplo, a los alcaldes de la 4ª sección electoral (Oeste), a quienes recibió hace dos viernes y les dijo: «Quiero que se sumen a mi proyecto en la provincia». Uno de los alcaldes le aclaró: «Nosotros lo haríamos, pero queremos verlo también a Duhalde en ese proyecto». Kirchner lanzó la carcajada: «Yo también; eso es lo que más quiero».
Otros diálogos fueron más ríspidos, como el que el Presidente mantuvo con Julián Domínguez, uno de los «jóvenes viejos» que milita en el duhaldismo de Chacabuco: «¿Qué vas a hacer? ¿Decidiste?», le preguntó Kirchner.
Domínguez quiso comenzar una explicación de sus ambivalencias, pero el santacruceño lo cortó: «Tenés que decidir dónde vas a jugar, ¿está claro?». No lo dejó contestar. Lo dejó a Domínguez solo en una sala y se marchó.




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