16 de mayo 2005 - 00:00

Dureza en España con Argentina

Algo cambió para mal en la relación entre el gobierno argentino y el del socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Quedó de manifiesto durante un seminario realizado a puertas cerradas en Madrid, este fin de semana. Allí, Jorge Blázquez, mano derecha de Miguel Sebastián, el economista principal de La Moncloa, expresó el malestar español frente a las indefiniciones argentinas. Dijo que el programa económico argentino no era sustentable por basarse en un superávit fiscal distorsivo, que deriva del impuesto al cheque y las retenciones. También manifestó que no se puede esperar tres años o más para que haya una regularización de los contratos de empresas privatizadas. Finalmente, Blázquez cuestionó un rasgo general: «No se sabe cuál es la orientación que el gobierno le quiere dar al país, si quieren ir con Chávez o con los Estados Unidos... Por eso noto cierto fastidio en el gobierno español, que siente una falta de respuestas, y también en el empresariado, que terminará optando por Brasil en Sudamérica». Tajante este economista durante un seminario en cuya organización participó el gobierno de Néstor Kirchner a través de Fernando Petrella, un diplomático que también sirvió a Carlos Menem como vicecanciller en los '90.

José L. Rodríguez Zapatero
José L. Rodríguez Zapatero
Es por lo menos difícil de explicar la política de Néstor Kirchner frente a España: designó a Carlos Bettini como embajador en ese país, confiando en los lazos estrechísimos de ese abogado con el establishment peninsular pero, a la hora de organizar una presentación sobre la gestión de su gobierno, la confió a un diplomático como Fernando Petrella, antiguo servidor del gobierno militar en la Comisión de Asesoramiento Legislativo y vicecanciller del gobierno de Carlos Menem, durante el cual fue uno de los principales inspiradores del «carnalismo».

Los frutos de esta paradoja o contradicción de la administración se conocieron este fin de semana. En un seminario binacional organizado por Petrella y realizado en Madrid se enjuició la política del gobierno argentino en términos de una severidad que no alcanzó ni la administración de José María Aznar en sus planteos sobre la gestión de Eduardo Duhalde. El debate fue cerrado, casi secreto. Pero reproducirlo permite advertir el cambio de clima que comienza a haber en un vínculo que, como el que estableció el gobierno argentino con el del PSOE, prometía ser de un idilio interminable.

La ocasión la dio el Foro Hispano Argentino, que coordina el embajador Petrella por la Cancillería argentina y el lobbysta y académico Guillermo de la Dehesa por las empresas e instituciones españolas (este profesor fue quien guió por el laberinto oficial y empresario de España a Alberto Fernández y Cristina Kirchner durante el viaje que realizaron en noviembre a Madrid).

• Asistentes

Las reuniones se abrieron con una comida en el Palacio Linares, donde funciona la Casa de las Américas, el viernes por la noche. Y se prolongaron el sábado, en distintos paneles. Desde Buenos Aires, además de Petrella, llegaron el sociólogo Julio Aurelio, Beatriz Nofal, Javier González Fraga, José David, Juan José Sebrelli, Federico Sturzenegger, el presidente del Fondo Nacional de las Artes Héctor Valle, Jorge Volpe y tres periodistas de diarios amigos del gobierno, entre otros.

Entre los locales estuvieron Jorge Blázquez, principal asesor de Miguel Sebastián; el economistade cabecera de José Luis Rodríguez Zapatero, Javier Nadal (Telefónica), Fernando Puerto (Cámara de Comercio), Francisco Pérez González (Prisa), Juan Bachiller (Repsol), Enrique Barón ( diputado PSOE), Miguel Angel Cortés (diputado PP), Luis Delso, Santiago Fernández de Lis (Banco de España), Carlos Malamud (Real Instituto El Cano), Alberto Martín ( Endesa), Gustavo Rachid, Juan José Ruiz (Banco Santander), Javier Santiso (BBVA) y Ramón Tamames, de la Universidad de Madrid.

El capítulo económico del seminario enfrentó a Sturzenegger, Nofal y González Fraga con los investigadores de bancos Ruiz y Santiso, y con el economista del gobierno socialista Blázquez. Fue el primer encontronazo. Los argentinos narraron las bondades de la recuperación llevada adelante por Roberto Lavagna, ilustrando su optimismo con distintos números. Los tres voceros locales contestaron con dureza con estos argumentos: 1) La idea de la excepcionalidad del crecimiento argentino es nefasta para el país: vosotros habéis crecido no mucho más que el promedio de toda la región. 2) La argentina fue la economía más lenta en iniciar la recuperación después del default, si se la compara con Rusia, Tailandia u otros casos similares. 3) El actual esquema económico no es sustentable por estar basado en un superávit fiscal distorsivo, como es el que deriva de las retenciones y el impuesto a los débitos bancarios (Blázquez fue quien más insistió en este punto).

El economista del Banco de España, Fernández de Lis, advirtió algo delicado: «Habrá una gran dificultad en la negociación con el Fondo porque el estatuto del organismo establece que las negociaciones para salir del default deben hacerse de buena fe; por eso se les exige una propuesta para quienes no adhirieron al canje».

Importa el dato por quien lo dio: el equipo de economistas del Banco de España fue armado en su momento por Rodrigo de Rato, ahora titular del FMI.

• Defensa

Valle, del Fondo Nacional de las Artes, intentó una defensa del gobierno llamando la atención de que la crisis fue excepcional y dramática. Pero el asesor de La Moncloa Blázquez le contestó: «Lo que se reprocha hoy al gobierno de Kirchner es que no está definido el modelo de país y de economía que quieren llevar adelante, aunque lo hagan más rápido o más lento por la dimensión de la crisis».

No fue mejor el apartado dedicado en el seminario para las privatizadas. Blázquez se quejó de que se esté demorando más de tres años la recomposición de los contratos. Mientras Petrella callaba, intentó sacar las papas del fuego el oficialista González Fraga: «Hay un desfase entre el tiempo político y el tiempo de la negociación económica. Además, las empresas pretenden mantener la tasa de rentabilidad de los '90». Ruiz, del Santander, se encargó de dar la versión empresarial sobre este punto: «Lo que resulta imposible de sustentar es que se quiera mantener una tasa de riesgo como la que ostenta la Argentina y reducir a cero la rentabilidad de las empresas. No hay negocio posible de ese modo».

El peor momento llegó con el capítulo político de la discusión. Malamud señaló que existe una incógnita sin despejarse sobre el destino final que busca el gobierno: «¿Quieren ir hacia Chávez, hacia Castro o hacia Lagos y Lula?». Fue uno de los periodistas invitados quien se encargó de defender a Kirchner en este aspecto, hablando de que el Presidente lleva adelante la refundación del proceso democrático.

Sin embargo Blázquez, la mano derecha de Miguel Sebastián, fue crudo aún ante esta exaltación: «La falta de respuesta del gobierno argentino a las expectativas españolas está generando fastidio. Tengo la sensación de que los empresarios terminarán invirtiendo en Brasil si la Argentina no reacciona ante su extravío».

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