El Congreso no participa
No habrá sesión en Diputados esta semana, como tampoco las hubo la pasada. La próxima será para repudiar el golpe de Estado de 1976, pero sin debatir proyectos de ley. Por sí sólo el hecho no debería preocupar porque ya ha sucedido en varias ocasiones. Pero preocupa que el gobierno haya emitido en ocho meses 50 decretos de necesidad y urgencia, en temas que deberían haber pasado por el Congreso, cuando siempre se criticó esa práctica en otras presidencias (44 firmó Menem y 30 De la Rúa en similar plazo). No hay voluntad del Ejecutivo en dar participación al Parlamento. Inclusive se festejó hace dos semanas que Roberto Lavagna prometiera que por dos meses no se enviarán iniciativas importantes a las cámaras. Hoy no existen temas de fondo pendientes de tratamiento en el Congreso, a no ser por el proyecto que declara el principio de donante presunto. No se han constituido las comisiones en Diputados y hasta otro ministro, Alberto Fernández, explicó -sin escuchar protesta de la bancada oficialista-que Néstor Kirchner no recibe a diputados "porque no tiene tiempo de hacer sociales".
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Hasta ayer, no más de 10 comisiones se habían constituido en Diputados, lo que implica que esos cuerpos no han comenzado a funcionar, salvo raras excepciones, como el caso de Juicio Político.
• Relaciones complejas
Pero ahora ese principio se está extendiendo hasta cuestiones personales. La semana pasada, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, visitó la bancada peronista. Con el presente, y para ejemplificar lo que significa la disciplina partidaria, el bonaerense José María Díaz Bancalari, jefe del bloque, dijo sin inmutarse: «Yo le pido permiso al presidente de la Nación hasta para salir en un programa de televisión».
Otra anécdota para ejemplificar el nivel de sumisión del Congreso: un diputado le preguntó a Fernández por qué el presidente de la Naciónno se reunía con los diputados -nunca los recibió en bloque desde que se inició el mandato-, y la respuesta fue igualmente clara: «No los atiende porque no tiene tiempo para hacer sociales». Sería un buen indicio de independencia entre los poderes del Estado si alguna vez se escuchara en alguna sesión,aunque sea una mínima crítica a alguna medida del Ejecutivo. Por el contrario, no hay planteos, salvo por algún leve grito desde la oposición, y los diputados siguen desviviéndose por volver algún día a comer un asado en Olivos.
Ni siquiera la oposición ha tomado su lugar en este juego.
Desde que se creó la institución del Parlamento quedó claro que ése ha sido el lugar de privilegio para la oposición. La escuchen o no, es el único ámbito donde las minorías pueden unirse y hacer valer su voz. Menos en la Argentina actual, donde el radicalismo sigue reuniéndose en el Comité Nacional para seguir analizando cómo hacer valer sus 70 legisladores, pero al final presta quórum para lo que pida el gobierno. La izquierda se mantiene en el mismo nivel de irracionalidad de siempre y el oficialismo parece con pocas ganas de sentarse a debatir algo.




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