"El país federal hoy: una decisión urgente"
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El primer escenario es la explosiva situación que involucra a millones de argentinos: hambre, desempleo, marginación e índices de criminalidad jamás pensados en nuestro país.
El segundo es el innegable poder alcanzado por los medios de comunicación modernos.
Los comunicadores han decidido, con su notable influencia, la suerte de muchos episodios decisivos de la etapa que concluimos.
El tercero es, sin dudas, el divorcio entre la sociedad y la política. Entre la gente y sus representantes.
La degradación es patética y profunda, y en esto todos los argentinos fuimos responsables, o por acción o por omisión.
A estos tres elementos debemos agregarles cuatro problemas centrales de vieja data.
1º) La decadencia de la educación pública que empieza hace más de 20 años en la Argentina.
2º) Un sistema de salud devastado a lo largo y ancho de la Argentina.
3º) Inequidad e irresponsabilidad en la distribución de los fondos nacionales, agravadas por un pésimo ordenamiento tributario y por una altísima evasión fiscal.
4º) Más de 30 años de atraso en la construcción de grandes proyectos productivos sobre la base de la obra pública nacional.
Esta nueva etapa política que estamos inaugurando tiene, en mi opinión, un interrogante sustantivo para el futuro del país, que será: el destino del peronismo.
El peronismo, mal que les pese a muchos, fue el gran protagonista del siglo pasado y aún hoy es la mayor fuerza política de la Argentina.
El peronismo expresa, a partir de 1946, el primer proyecto integral de país en la era moderna.
Partiendo de la base de que en el siglo pasado sólo hubo dos expresiones de proyectos de Nación: el peronismo, a fines de los '40; y el desarrollismo, a fines de los '50, concluiremos en significar el desapego del pensamiento político en la elaboración de una visión nacional del problema argentino.
También la sociedad no peronista deberá admitir que no sólo proyectamos una Nación, sino que además fuimos los únicos gobiernos nacionales de hondo contenido federal.
Esto demuestra que las demás expresiones políticas, con diferentes matices, aplicaron sistemáticamente simples propuestas centralistas, barnizadas de proyectos nacionales.
A esta reveladora contradicción en la génesis liberal de la Constitución de 1853 hay que agregar un dato demoledor. Más de un tercio de los argentinos en la actualidad carece de todo sentido federal.
• Convencimiento
Los habitantes de la Capital Federal y el conurbano bonaerense -más de diez millones- están convencidos de que sus vidas dependen pura y exclusivamente de las políticas nacionales. Estos argentinos no señalan ninguna responsabilidad en sus gobernantes naturales.
Esta desviación conceptual ha generado un comportamiento antagónico a toda expresión federalista.
Esta es la primera conclusión de que el problema argentino tiene un alto contenido cultural.
Dos comportamientos anexos han perjudicado el proyecto federal. El primero está dado por la posición neutral o indiferente que siguieron provincias centrales, como Córdoba y Santa Fe, en la discusión del problema. Más allá de sus gobernantes, estos distritos concluyeron sus pujas en acuerdos centralistas dejando de lado el papel de equilibradores naturales que sus economías representaban. El último comportamiento tiene que ver con la cultura central de los argentinos y, posiblemente, de toda América latina. Nuestros pueblos son marcadamente presidencialistas; la división de poderes, el peso de las instituciones, su equilibrio son relativizados sistemáticamente.
El problema argentino no se soluciona exterminando el pasado, sino reconstruyendo un nuevo pensamiento político y cultural.
De tanto discutir el pasado nos estamos quedando sin futuro.
Mi propuesta federal se sintetiza en tres grandes decisiones.
La primera gran decisión es una reforma del Estado profunda que termine con la burocracia, la pésima política del gasto público, de la administración de los recursos, de las compras del Estado. De esta primera decisión surge la eliminación de los ministerios de Salud, Educación y Acción Social, trasladando estas tres políticas centrales a tres organismos desburocratizados de alta calificación técnica y de fuerte dinámica de procedimientos. Se formarían así:
a) Consejo Federal de Salud.
b) Consejo Federal de Educación.
c) Consejo Federal de Programas Sociales.
La segunda gran decisión es una nueva ley de coparticipación federal, que, de acuerdo con mi criterio, también debe denominarse de correspondencia y responsabilidad fiscal.
Esta ley contempla la transferencia gradual a las provincias de ciertos tributos, garantiza a las provincias un porcentaje equivalente a una fracción de la recaudación de todos los impuestos nacionales, elimina históricamente la discusión entre gobernadores y Ejecutivo nacional al excluir del presupuesto nacional los fondos de la masa coparticipable. También genera un acuerdo de responsabilidad fiscal que clarifica públicamente la responsabilidad o la irresponsabilidad administrativa de la Nación, de las provincias y los municipios.
La tercera gran decisión es la implementación del plan federal de desarrollo. Este proyecto se centra en la filosofía del futuro y tiene cinco áreas de influencia:
1. El Corredor Bioceánico Norte (comprende las regiones del NOA y del NEA).
2. El Corredor Andino (es una espina vertebral agroecológica desde Abra Pampa en Jujuy, hasta el Lago Argentino en Santa Cruz).
3. Corredor Bioceánico Sur (es coincidente con la línea de 500 kv a Puerto Madryn).
4. La Cuenca del Plata (mejoramiento de la hidrovía, nuevas represas, recuperación de tierras anegadizas y aprovechamiento integral de las cuencas: puertos de Barranqueras, Santa Fe, Rosario y Buenos Aires).
5. Area Metropolitana de Buenos Aires (perfil netamente de mejoramiento ambiental: inundaciones metropolitanas, conexión de autopistas, saneamiento de la Cuenca Matanza-Riachuelo y redefinición de la disposición de los residuos urbanos).
Nuevos aires soplan en el horizonte político; la profecía universalista de Perón hoy es la globalización que vivimos; esta globalización vino para quedarse. Ante esta realidad, no podemos caer los argentinos en nuestras acostumbradas y radicalizadas posturas. Ni la globalización es la causa de todos nuestros males ni será la absoluta panacea de nuestros hijos.
• Globalización
El nuevo perfil que encierra la globalización es de sociedades absolutamente personalizadas, con fuertes criterios individualistas, con alta indiferencia en las instituciones y por un profundo deseo de búsquedas internas.
El humanismo de nuestro tiempo está vinculado a la defensa de la ecología. El hombre del futuro defenderá su medio ambiente, del mismo modo que los países más poderosos buscarán galvanizar la ciencia y la tecnología, y pelear a fondo por el dominio y por la explotación de los recursos naturales y los alimentos. No es ninguna novedad que hace 4 años nos fuimos de la comunidad internacional; todavía creemos infantilmente que en la puja de los poderosos podremos obtener beneficios propios.
La Argentina debe volver a la Comunidad Internacional, no podemos seguir engañándonos con absurdas posiciones de vanguardia. Hoy, el poder no pasa por la superficie o la magnitud del territorio, ni la diversidad de sus climas, ni la cantidad de sus habitantes; hoy el poder pasa por la ciencia, la investigación aplicada y la tecnología de punta.
Argentinos, la inversión en la educación debe ser la ley impostergable de la Argentina. Asumamos con realismo pragmático qué lugar ocupamos en el mundo, proyectemos con grandeza un nuevo pensamiento político, elaboremos un proyecto sustentable que nos haga recobrar la seriedad que hemos perdido y, por sobre todas las cosas, seamos capaces de convivir, asumirnos en nuestras diferencias y pujar por una cultura que nos proyecte a un destino de grandeza.
(*) Gobernador de Salta



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