22 de marzo 2005 - 00:00

El vicario suspendió su misa de hoy pero llegará carta de Roma

Para unos, la Iglesia decidió bajar la confrontación con el gobierno al suspender la misa crismal que, hoy, debía ofrecer monseñor Antonio Baseotto en Stella Maris. Tanto que fue el nuncio Adriano Bernardini quien realizó la gestión para disuadirlo, a pedido del gobierno. Para otros, la Iglesia tomó esa determinación para cederle tiempo al gobierno y aguardar algún tipo de rectificación a su último decreto (anulación del acuerdo entre la Argentina y la Santa Sede específico para designar a Baseotto como vicario castrense y suspenderle el salario). En rigor, la relación entre las partes se encuentra en un mal momento y en un marco internacional donde el Vaticano es principal protagonista en la defensa de la vida. Al contrario del deseo de Tony Blair, que no tiene un opinativo inoportuno como Ginés González García, la cuestión del aborto fue instalada en vísperas de las elecciones británicas por el obispo anglicano de Canterbury, mientras George Bush en los Estados Unidos se ha involucrado en el espinoso tema de la eutanasia, ante un juez que admitió retirar las sondas a una mujer en estado vegetativo desde 1990. Desde Roma pende una nueva carta respondiendo a la última medida de Néstor Kirchner. Nadie la imagina simpática: hoy, los obispos locales como los del Vaticano parecen indignados con lo que consideran un doble mensaje del gobierno, por un lado con un decreto que suprime a Baseotto y, por el otro, con el canciller Rafael Bielsa afirmando que nadie le bloquea las puertas al vicario para que ofrezca misa. Ahora el Vaticano espera una modificación al decreto o una medida conciliadora -lo que, obviamente, parece bastante difícil conociendo la personalidad del Presidente- al tiempo que no se baja de su solidaridad con Baseotto, defensor según ellos de la «sana doctrina», por más que consideren inapropiadas algunas de sus últimas expresiones. Esta posición inclaudicable se inscribe en la misma línea que ahora la Iglesia afirma en los Estados Unidos y Gran Bretaña, lugares donde la batalla por la preservación de toda forma de vida es bastante más sustancial que la que se desató en la Argentina, donde no se discute el fondo sino las formas a partir de declaraciones imprudentes. La misa suspendida hoy es un gesto gratificante de la Iglesia, pero descuenta correlación. Por si todo esto fuera poco, la Iglesia argentina se enfrenta en las librerías con un libro en su contra del asesor y manipulador de fondos públicos del gobierno, Horacio Verbitsky. Este hombre de izquierda apunta contra el cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, algo que dentro de sus incongruencias lo pone junto al vicario castrense, Antonio Baseotto, que está internamente contra Bergoglio.

El vicario suspendió su misa de hoy pero llegará carta de Roma
El obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, decidió no oficiar hoy la misa «crismal» que celebran para Pascuas los prelados junto con los sacerdotes incardinados en sus diócesis; en este caso con los capellanes militares, navales, aeronáuticos y de las fuerzas de seguridad. No dio explicación pero es sabido que van a estar todos muy influidos por el conflicto desatado entre la Iglesia y el gobierno por la posición de los funcionarios sobre la despenalización del aborto. El Derecho Canónico le otorga además al obispo 70 días de plazo para esta celebración. De hecho igual corrió una invitación para que retirados y en actividad no falten hoy a las 11 en la catedral Stella Maris.

El vicario general del obispado castrense, monseñor Pedro Candia, precisó ayer que en tanto los capellanes «se encuentran desarrollando normalmente sus actividades pastorales», Baseotto no tiene previsto celebrar hoy la santa misa en la iglesia catedral Stella Maris. «La santa misa crismal se celebrará oportunamente durante el tiempo pascual como lo permiten las normas litúrgicas», afirmó.

El vocero de la Conferencia Episcopal Argentina, presbítero Jorge Oesterheld, aseguró que el hecho de que el obispo Baseotto pueda cumplir con sus actividades pastorales «trae un poco de alivio» a la situación planteada entre el gobierno y la Iglesia. Oesterheld dijo además que espera que la relación entre el Vaticano y el Estado argentino «transcurra con normalidad y se llegue a un acuerdo más o menos rápido». Oesterheld juzgó que el gobierno «dio un paso importante» con la aclaración realizada el domingo por el canciller Rafael Bielsa, quien dijo que, más allá de la decisión del Ejecutivo de dejar sin efecto el acuerdo de su designación, el obispo castrense podrá oficiar la misa de Pascuas y continuar con su actividad pastoral.

• Alivio

Estas aclaraciones «traen alivio a la situación, porque era el tema que más le preocupaba a la Iglesia», afirmó. Oesterheld dijo también que espera que el gobierno argentino y el Vaticano logren un «acuerdo más o menos rápido» para evitar «situaciones desagradables». El vocero de la CEA explicó que si bien el Episcopado «salió a terciar en la cuestión» prefirió «hacer silencio y callarse la boca» acerca de las declaraciones de Baseotto sobre el ministro de Salud.

El vocero de la Conferencia Episcopal también dejó abierta la posibilidad de discutir «un acuerdo firmado hace muchos años» entre la Argentina y la Iglesia por el vicariato castrense para aclarar «las atribuciones de uno y otro» en la designación del prelado que ocupe ese cargo.

El ministro del Interior,
Aníbal Fernández, reiteró por su lado que «en ningún momento» el gobierno privó al obispo castrense «de llevar adelante su ministerio», y afirmó que no existe «ninguna convulsión política ni mucho menos» con el Vaticano a raíz de este tema.

Fernández
consideró que la medida no tiene segundas intenciones y que sólo representa «la necesidad de poner en caja una expresión que no le hace bien a nadie», por lo cual opinó con ironía que en las expresiones del vocero vaticano Joaquín Navarro Valls surgían de la falta de «algún tipo de información».

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